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domingo, marzo 01, 2026

Pajaritos y el fin del universo

Los pajaritos pasan por el lavadero que está al lado de mi habitación, la única puerta al aire que tengo, que tenga un poco (no total) privacidad. A veces se detienen en el piso buscando alguna miga, o solo porque terminaron ahí, sin buscarlo. Ellos viven así, simple, y luego mueren. Algunos de manera trágica, otros quizá de viejitos. Mientras tanto, se cruzan con decenas, quizá cientos de personas diferentes. Y para ninguna de esas personas ese gorrión o pajarito de otra marca es significativo más allá de una apreciación temporal si lo ven y lo miran. Descubrí, hace no mucho, que soy como esos pajaritos. Pero la diferencia está en que una persona difícilmente pueda reconocer o comunicarse con ese gorrión, a no ser que tenga una marca notable en el cuerpo, las plumas, las patas, algo. Sería difícil buscarlo. Pero a una persona no, teniendo tantos medios de acceder, o incluso buscando en internet, aunque tampoco dejé muchos rastros allí, por privacidad. Y soy un gorrioncito más, algo que alguna vez miraron y luego pasaron los años y quizá aparece en un pensamiento fugaz. La diferencia es que no soy un pajarito, y aparentemente tengo más sentimientos que ellos. Que los pajaritos, digo, no que las personas para las cuales fui solo un momento; largo o corto, no importa. Un momento. Ellos al menos vuelan, aunque... también vuelo, supongo. Al viajar, al imaginar, al leer. Mi mente no permanece solo aquí, y mi cuerpo tampoco, como viajero que me considero. Ahora que lo pienso, esas migas que ellos buscan en mi lavadero, también son como lo que a veces busco o busqué. Unas migas, que algunas veces eran un pan entero, pero otras eran incluso migas rancias, que hacían doler. Y no la panza. Las cosas que uno piensa un domingo por la mañana, escuchando música, sin salir al sol, refugiado en la propia ermita. Sin embargo, no estoy triste. Quizá porque ya es un estado crónico lo que siento, y la tristeza se siente diferente, pero únicamente cuando es fuerte, inevitable, dolorosa.

jueves, agosto 01, 2013

Lo que me dejaste

No cae la lluvia todavía, pero el cielo sigue gris, tan gris como otras veces pero todavía más gris. No me atreví a salir hoy, decían que la lluvia caería durante horas y eso me acobardó.
Hace unos meses perdí a mi mascota. Olvidé cerrar la puerta durante uno de los cada vez más habituales días grises y al salir fuera la lluvia acabó con ella. Lo único que pude rescatar fueron sus garras, el resto quedó convertido en polvo. Decidí no volver a tener mascotas, así como hace un par de años atrás decidí no volver a tener amigos.
De niño siempre me gustó la lluvia. Salía a correr bajo las gotas de agua, gritando, riendo, lleno de vida y alegría. En ese entonces no tenía mascotas; tampoco amigos.
Me preparo un té, e intento no recordarte, no mirar tus fotos ni la urna donde estás, la urna donde están. Algún día me desharé de ella, hoy no, todavía quedan muchas cosas por curar antes de seguir adelante.

- ¡Pero no es cierto! ¡te juro que no es cierto!
- Ellos te vieron María, no quieras mentirme, te vieron y me lo contaron. Les creo.
- ¡Andá a cagar! ¡siempre fuiste un imbécil, siempre te dejaste manejar por los tarados esos!
- Por favor María, son mi familia, por favor…
Y se va, sin dar un portazo, sin decir nada más. Se va.

Dicen en la radio que las lluvias serán cada vez más frecuentes, hasta que lo raro sea un día sin ellas. Una pausa publicitaria. Productos protectores que no sirven, capas aislantes que nadie puede pagar, escudos personales en los que nadie confía. Toda una nueva industria desarrollada a partir del terror, del miedo, del caos que se inició con tu partida.

- No te preocupés, todo va a salir bien. Si ya no te quería no había razón para que siguieran juntos. Volvamos al trabajo ahora, la oficina central está presionando para que entreguemos resultados.
- ¿Pero no entendés? sin ella no soy nada, sin ella no hay razón para vivir.
- No empieces con esas frases de película americana barata. ¡Pensá que lo que logremos acá puede salvar a mucha gente de la miseria!
- Bueno, está bien, volvamos al laboratorio.

Pensé en matarme la primera vez que pasó, después de todo mi equipo fue el principal responsable del error. No, yo fui el responsable. O vos.
Se me volvió a enfriar el té; siempre me pasa, me pongo a pensar en boludeces y se enfría el té. O me equivoco en la cantidad correcta de reactivo. Aunque ahora me preocupa el té nomás, lo otro ya no tiene solución. No vas a volver, eso tampoco tiene solución.

- ¡Pero qué hiciste boludo! ¡te pasaste con el reactivo! mejor suspendamos todo hasta mañana a ver si estás menos distraído.
- Vos fumá, en una de esas descubrimos algo nuevo y salimos en bolas gritando ¡eureka, eureka! Aunque la verdad está un poco frío para andar en bolas por los pasillos.
- Ché, ¿qué mierda es eso? ¡Ay, quema!

El gobierno nos cubrió, nadie se enteró que el gris de hoy y el de todos los días por venir salió de nuestro laboratorio. Bueno, nosotros lo sabíamos.
El primero en desintegrarse fue Samuel. Un segundo estaba ahí tocando la nube y al siguiente se había convertido en polvo.

- Entonces él está en el quinto laboratorio contando desde la puerta, ¿verdad?
- Sí, esperalo ahí nomás si no está.
- Dale, gracias, ¡se va a llevar una sorpresa el tarado!

La segunda fuiste vos.

martes, diciembre 18, 2012

Sobre las relaciones

Hay veces en que me sorprendo pensando en las amistades que fueron, aquellas que terminaron ya sea por decisión propia de ir alejándome, o por decisión del otro de alejarse, que fueron las más. También esas otras que terminaron porque ninguno de los partícipes pensó que valía la pena seguir manteniéndola viva, aunque fueron las menos.

En realidad, tampoco es que hayan sido tantas amistades las que acabaron, así como tampoco son muchas las que siguen siendo tales. Y hay otras relaciones que a veces las pienso como tales, y a veces las “bajo” de categoría sin decir nada. De hecho, antes era reacio a llamar amigos a muchas personas que se consideraban tales, pero más que nada por una clasificación que tenía, muy estricta en cuanto a los términos; luego la dejé y ya de repente tuve más amigos :P

Como decía, a veces me da ganas de retomar amistades pasadas, o intentar convertir una relación del pasado en amistad, pero generalmente mis intentos son infructuosos. Si bien hubo suerte en algunos casos, no fue lo usual.
Lo cierto es que el hecho de pensar en retomar o intentar provocar el nacimiento de una amistad lleva tiempo, y si luego se pasa a la acción, más tiempo todavía. Tiempo, precisamente, es lo que no nos suele sobrar; de hecho es casi lo único que realmente tenemos (sin poseerlo). Es así que una amistad, en curso o en proceso de nacer, es una inversión que hacemos de nuestro tiempo. Y como este es algo que valoramos cada vez más a medida que crecemos, a veces suele pasar que nos es más difícil decidir si nos embarcamos en la aventura de conocer al otro o no, sobre todo si no hemos tenido buenas experiencias en el pasado.

Personalmente, suelo “gastar” mucho de este tiempo limitado intentando reencontrarme con mis afectos del pasado. Como no suelo ser muy dado con la gente (o eso dicen), no es tanta la gente que entra en esa categoría y con la que ya no tengo contacto. Lo malo es que una actitud de este tipo hace que me cueste poner distancia de la gente cuando siento que debo hacerlo. Un apego malsano que generalmente me impide dar entrada a nuevos aires en mi rutina social. Supongo que a todos nos pasa, no animarnos a cerrar puertas, que nos ayudaría a poder abrir otras.

En otros casos es peor. Es doloroso desprendernos de aquello que queremos, aun sabiendo que no somos correspondidos, siendo que en realidad no nos desprendemos de nada, porque nada tenemos. Duele más, posiblemente, alejarse de aquello que queremos que dejar que la persona que no nos corresponde en este cariño se anime y decida poner distancia. Aunque a veces sucede que no nos damos cuenta de que el otro intenta hacer eso, también es cierto que otras tantas veces la persona en cuestión no se atreve a plantear un alejamiento de manera directa o indirecta, y permanecemos en la incertidumbre.
Saber, por experiencia propia, de la angustia o tristeza que nos da esa situación donde la otra persona no quiere o no es capaz de darnos una señal clara acerca de su deseo o no de relacionarse con nosotros, debería darnos la pauta de cómo debemos comportarnos cuando estamos del lado opuesto: dar señales claras y/o hablar claro acerca de lo que queremos de esa persona. Quizás en principio es más doloroso, pero es un dolor puntual, y no dejamos a ese otro vagando en una sensación constante de inseguridad.

Otra manera de hacer frente a esa sensación de no-saber, ya estando del lado del que no sabe, es confrontar al otro y obligarlo a desprenderse de nosotros o al menos aclarar qué es lo que realmente significamos para él/ella. Es cierto que las confrontaciones no suelen ser muy bonitas, pero se torna necesario si queremos seguir adelante, ya sea junto a la otra persona, o por cuenta propia. En la mayoría de los casos obtendremos una respuesta.
El problema es que el otro puede mentir.

Continuará (creo)...

jueves, julio 05, 2012

Elefantorias

Había una vez un elefante
que caminaba con la trompa pa’delante
a veces tropezaba con su trompa,
se caía y rodaba hacia las sombras

De niño había sido bueno y cuidadoso
aunque sus amigos eran muy escandalosos
pero cuando se hizo grandote y orejudo
dejó de ser un elefante macanudo

Poco a poco aprendió las brujerías
que mejoraba practicando día a día
una vez convirtió una rana en sapo
e hizo que un árbol maullara como un gato

Sabemos le costaba demasiado
usando sus orejas ir al pasado
no podía encontrar una manera
de volver a comer enredaderas

Pasa que las plantitas se habían terminado
cuando el tiempo de los rápidos tornados
tanta brujería, tanto conocimiento
no recuperaron ni el comino ni el pimiento

Es complicado ser un paquidermo
cuando tu brujería no cura ni a un enfermo
cuando la panza ruge pidiendo ensaladita
y sólo encuentras chocolate y galletitas

Tuvo suerte sin embargo un día
cuando encontró caminando a una sandía
que se había fabricado su medio de transporte
usando de patas a un cangrejo y su consorte

Siendo un elefante tan maleducado
intentó comerse a la sandía de un bocado
haciendo caso a esa antigua y muy falsa enseñanza
que habla de adquirir la magia con la panza

Realmente fue inútil tal experimento
ya que la sandía previó su movimiento
lo convirtió en calabaza con forma de peonza
acabando así con esta historia zonza.

jueves, junio 21, 2012

Niño con vegetales

Para comer un niño lo primero que se necesita es un niño tiernito y unas cuantas verduras.

Lo primero, ante todo, es asegurarse de que el niño no se mueve más, porque si se mueve intentará escaparse de la olla en cuanto el agua comience a romper el hervor, y eso no es para nada bueno si queremos que nuestro plato quede de lo más sabroso. A fin de comprobar si el niño se mueve o no, lo pincharemos con un tenedor en alguna de sus extremidades, si reacciona es que se moverá, si no lo hace, es que no.
En caso de que el niño no pasara la prueba del tenedor, podemos asegurarnos de su inmovilidad futura usando un garrote de los de cazar adolescentes, dándole un par de golpes bien dados, y procediendo luego a realizar la prueba del tenedor previamente explicada.

Una vez asegurada la inmovilidad del niño, comenzaremos a prepararlos quitándole en primer lugar las partes menos sabrosas: los dientes y los cuernos. Con los dientes podemos hacer collares que luego venderemos para poder comprar verduras con el dinero justamente ganado; los cuernos pueden servir para guardar especias y polvos mágicos, todo esto lo haremos una vez limpiados concienzudamente con lejía, caso contrario las especias y/o los polvos podrían perder sus propiedades.
Algunos chefs más exigentes sugieren quitar las uñas, pero eso queda a gusto de cada uno, en nuestro caso nos ceñiremos a la receta tradicional que nos enseñaron nuestros abuelos que no dice nada de uñas.

Una vez despojado el niño de las partes no comestibles lo meteremos en la olla, en la que previamente habremos calentado una mezcla consistente en ocho litros de aceite de oliva y tres litros de sangre de viuda reciente. En caso de no contar con sangre de viuda, podremos reemplazarla en la mezcla con tres litros de sangre de vendedor de seguros.
La mezcla no debe alcanzar una temperatura muy alta, caso contrario el niño podría perder sabor debido a las quemaduras que se producirían en su piel. Si por algún descuido inicial alcanzó una temperatura no conveniente, podemos agregar un poco más de aceite de oliva para reducir la temperatura de la mezcla.

Dejamos la olla a fuego lento durante unas doce horas, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera de eucalipto. Una vez pasadas las doce horas, y habiendo comprobado que el niño se encuentre en su punto casi justo, echamos dentro de la olla la suficiente cantidad de verduras como para cubrir la olla hasta el tope.
Se habrán dado cuenta de que no hemos señalado qué tipo de verduras debemos utilizar, esto es así porque lo dejamos a gusto de cada uno. Antiguamente la receta tradicional indicaba y detallaba cada tipo de verdura y cuándo cosecharla, pero habiendo desaparecido del planeta la mayor parte de ellas, preferimos dejar a vuestro gusto su elección.

Luego de agregadas las verduras, esperar unas dos horas a que las mismas se hayan reblandecido y proceder a rociar el guisado con abundante vino blanco, retirando luego la olla del fuego.
Servir caliente.

jueves, mayo 31, 2012

Casi siempre

A veces doy la vuelta al mundo antes de que el mundo me dé vueltas, a veces salto tan alto que toco una nube y le hago cosquillas mientras río, y nado, nado todos los lagos, todos los ríos, todos los mares, mientras sueño con mis pequeñas utopías.
A veces miro tus ojos que miran al futuro, y veo en ellos el resplandor de la revolución, el fuego que consume y purifica lo dañino, el fuego que nos consume por dentro y que, muy de vez en cuando, se da maña para consumir lo que no nos deja ser libres.
A veces, cuando duermes, me acerco a la cama y te observo durante unos treinta segundos, luego te observo otros treinta segundos, y así me la paso mientras veo que duermes y sonríes dormida, mientras imagino qué estarás soñando, si será que sueñas con otros, o con otras, o quizá sueñas que estás soñando que los sueños ya no son sueños, ya no más.
A veces camino por la playa, esquivando personas y gaviotas, pisando la arena sin descalzarme, pero luego me descalzo y dejo que la arena se meta entre mis dedos. Luego, voy y meto los pies en el agua, y camino hacia el mar, y sigo caminando debajo de tanta agua, de tanta presión, de esa imposibilidad de respirar, sigo caminando hasta que ya no puedo más, entonces dejo de caminar debajo y camino por sobre él.
A veces soy yo, y tú eres tú, pero la persona que eres y que se encuentra tan cerca de mí está tan lejos que me es imposible acercarme, imposible hacer contacto con la que eres y, como eres parte de mí, imposible también hacer contacto con lo que soy. Entonces, pierdo mi identidad para intentar ser parte de ti, y comienzo a usar tus modismos, tus expresiones, y hasta tu cepillo de dientes. Tu cepillo de dientes que es horrible.
A veces me canso de sobrevivir e intento vivir, pero entonces vienen muchos a decirme que debo comportarme así y asá, que debo hacer esto y aquello, que no puede ser, que así no se puede, y muchas otras cosas que para qué nombrarlas. Y no me dejan intentar vivir, pero es mi culpa, porque los dejo que no me dejen, porque escucho y hago caso a palabras que la persona que quiero ser rechazaría de pleno.
A veces quisiera no tener que explicarte que soy así nomás, y que si te parece que está mal a mí me parece bien, pero que si te parece que está mal y además dices que tengo que dejar de ser así y ser de otra manera, más conforme a lo que tú piensas que debería ser, a mí ya no me parece bien. No me parece bien, no porque piense que una persona que sea así como dices esté mal, sino porque pienso que ser como quieres que sea está mal para mí, ya que dejaría de ser lo que soy y comenzaría a ser otra persona, más acomodada a ti que a mí.
A veces, a veces escribo tonterías y las borro, otras veces las escribo y no las borro, y muy pocas veces las escribo y las hago públicas. A veces me arrepiento de lo primero y de lo último.

lunes, mayo 07, 2012

Escritos IV (no-conclusión)

(Viene de Escritos III (construcción))

Entre las causas de conflicto entre "yo y el mundo", está la cuestión sobre qué papel juego. Mejor dicho, qué papel debo jugar.
Cómo se hace cuando lo que te permiten jugar no es de tu agrado, y lo que es de tu agrado, aun siendo bastante correcto, no se permite. Bueno, se permite, pero con costos demasiado altos para estaturas como la mía. Cuesta más que el dinero del que dispongo, para utilizar otra metáfora.
¿Soy acaso el papel que desempeño en la relación? ¿Tengo la opción de no serlo? ¿Soy diversos papeles cuando soy yo? ¿Existe un yo distinto de los papeles que juego?
Cualquiera que pretende conocerme, sólo conoce el papel que juego en relación con él. Y como ese papel, esa relación, depende de ambos, es algo cómodo a su conocimiento, porque involucra su persona, sus intereses, sus ideas. Pero, obviamente, ¡eso no soy yo!
¿Es que entonces, para descubrirme, deberé dejar de lado las relaciones que me engañan en cuanto a lo que soy?

jueves, marzo 22, 2012

Señas

No tengo palabras.

Nunca las tuve en realidad, nunca fueron mías, son palabras de todos que a veces tomaba prestadas, y a las que les daba un mal uso y hasta abusaba de ellas. Palabras que se quejaban de que su significado no era ese, que era otro, y que me comportara de una manera ortodoxa al acomodarlas en un párrafo. Me hubiera gustado hacerles caso, pero es que no me enseñaron muy bien cómo se las ordena de una manera decente, cómo se hace para que su orden comunique lo que debería comunicar y no otra cosa.
Lo bonito de las palabras es que ellas finalmente me lo perdonaban, total, si no comunicaban, al menos estaban juntitas y podían transmitirse su significado entre ellas: la palabra sol daba calor a la palabra mar, que mojaba las patitas de la palabra arena. La palabra roca era firme en su significado, y reacia a moverse hacia finales de oración, prefería estar rodeada por las otras, prefería ser el centro de atención. Es así que quedaban oraciones no muy significativas, pero que aparentaban contento para el que las mirara al pasar.

Un par de veces me encontré con oraciones ajenas, que se veían bastante felices tal como estaban constituidas, además de significar algo que hasta un tonto entendía. Las miraba con un poco de envidia, pensando quién las habría armado y amado de tal manera como para saber jugar con ellas, pero nunca pude copiar a su creador. Mis oraciones estaban contentas, pero no mostraban su contento a todos, de hecho me parece que fingían para que no me sintiera mal por mi incapacidad de hacerlas rimar o representar algo decente ante el mundo. Eso no se les puede discutir a mis palabras: eran muy buenitas y gentiles.

Poco a poco, mientras mi vida avanzaba hacia estadios que se suponen de más madurez y más experiencia en el uso de las palabras, hacía un uso cada vez menor de ellas y otro uso de cada vez menos de ellas. Palabras que quedaban abandonadas en el tintero, o en el cajoncito de las ideas, esperando su oportunidad que no llegaba. Palabras que no se llegaban a decir o escribir, palabras que se volvían mudas y sordas y ciegas y poco a poco perdían su brillo. Hasta que al final, sólo las palabras más grises y tristes eran las más requeridas; hasta que al final, las palabras más bonitas quedaron sepultadas, olvidadas.
No era la madurez, la madurez no sepulta palabras, no mata las oraciones y los párrafos; la madurez no es eso. Era la tristeza, al fin y al cabo, la desazón, el trágico sentido de la existencia sin sentido. Eran las nubes, otra palabra que siempre aparecía en mis escritos, era el oscuro color de la desesperación de saber que es algo terrible perder las esperanzas. El conocimiento del vacío, la certidumbre de las decepciones.

Las palabras menos bonitas tomaron control de mis dedos y mis manos, mientras se revolvían en orgías de pensamientos sombríos. Era inútil combatir contra ellas, porque el combate mismo era una de ellas. Las palabras bonitas se apagaron, se fueron a otras manos más gentiles, que las supieran tratar con cariño y hacer un buen uso de ellas; fue entonces que me quedé sin palabras radiantes, sin palabras verdes, amarillas, azules, violeta.

Apresado por palabras oscuras, transcurrió mi existencia. Esperando el rescate de alguna palabra, de una sucesión de palabras, de un párrafo, de un extenso escrito que me salve de esta oscura existencia que desluce. desEsperanzado de ser hallado por ellas. Años, muchos, demasiados años. Hasta que un día soñé un sueño que no era gris.
Hasta que un día en el sueño las palabras fueron más que palabras, volví a ver palabras bonitas que se congraciaban de verme y saludarme, volví a ser querido por ellas que me perdonaban mi ineptitud cuando las juntaba. Un sueño de colores, mágico y eterno, un sueño de no-me-despiertes. ¿De dónde habían salido tales palabras que creía perdidas? ¿Estaban todavía dentro de mí? ¿Alguien las había enviado? ¡No importaba! Lo que importaba es que estaban allí de nuevo, para mí, para que pudiera usarlas, mal o bien, pero nuevamente entre mis manos. Saltando de dedo en dedo, de mano en mano, rodeando, abarcando, amando. ¡Las bellas palabras! Un universo de palabras, todo para mí aunque no mío.

Hoy, mi vida pasa entre las monotonías grises y oscuras de mi mundo despierto, entre las tristezas y las decepciones que se suceden día tras día... y por otro lado el mundo de mis sueños. En mi mundo de imaginación, siguen estando ellas y sus significados, sus magníficos significados, sus usos inapropiados y bromas al respecto, su bondad y gentileza ante mi brutalidad y mis dedos duros faltos de práctica.
Hay dos mundos en mí, y en dos mundos estoy yo, en ambos vivo pero sólo a uno pertenezco.

jueves, octubre 27, 2011

Sin pies ni cabeza

"¿En qué cabeza cabe?" Bueno, depende de si es un sombrero o una idea, porque las ideas se adaptan mejor a las cabezas que los sombreros, aunque a veces no sean del todo comprendidas. Pero lo cierto es que un sombrero es más elegante que una idea, y en la mayoría de los casos atrae más miradas del sexo opuesto que una idea bien puesta. Es que las ideas no es que sean muy llamativas, estéticamente hablando, cuando se encuentran en una cabeza, excepto que sean ideas contradictorias y se pongan a discutir dentro de la cabeza que las contiene para llamar la atención, provocando la locura del dueño del foro que termina poniéndose pantalones rayados de esos que usan los pseudo-hippies (los "pippies"), que tiene su lado bueno porque termina atrayendo a su lado a otros pippies a los que no les importa de su locura. Difícil es, sin embargo, que tal pelea de ideas se produzca dentro de la cabeza misma de un pippie, de allí que los susodichos en lugar de ideas porten en su cabeza rastas o sombreros collas, aunque se han dado casos de portación de sombreros rastas y rastas collas, y pantalones a rayas.
Toda persona suele tener una cabeza que puede usar para ideas o para portar sombreros (o rastas), a elección, en algunos casos hasta se puede usar una idea a la vez que un sombrero, siempre y cuando el sombrero no sea abombado, ya que en ese caso la cabeza se quiere adaptar a lo que porta y también se abomba, sin que esto tenga que ver con lo revolucionario o lo hidráulico. Hay una conexión, sin embargo, entre el abombamiento y el sombrero colla, de la que cualquiera que haya estado por el altiplano puede dar fe; no se debe tal conexión al sombrero, sino a la altura. Curiosamente uno pensaría que debido a la altura las personas deberían tener ideas más elevadas, pero no, son ideas comunes y silvestres, de esas que se le ocurren a uno cuando está en plena rutina diaria: lavándose los dientes, hurgándose la nariz, comiendo un bife de gato montés.
La mayoría de las personas no usan sombrero, está estadísticamente comprobado mediante encuestas que se han realizado en la vía pública a los transeúntes que pasaban por ahí. Encuestas que son de fiar porque las personas que se dedicaron a encuestar no vestían pantalón pippy ni usaban rastas, sino que eran un ejemplo de buena presencia. Tan buena estaba la presencia que los encuestados solían exclamar “¡qué presencia mamita!” si el profesional a cargo de la encuesta era una persona del sexo femenino, si era una persona del sexo masculino no exclamaban eso.
Algunas personas se negaban a responder la encuesta por razones particulares, y se iban hacia destinos insospechados por el encuestador pero probablemente conocidos por ellos mismos (los no-encuestados quiero decir). Uno de los encuestadores decidió de motu propio perseguir a una de estas personas por un par de horas, para encontrarse perdido en un barrio lleno de gente con sombreros de todo tipo, altos y bajos, coloridos y tristes, de dama y de caballero y de uno que gritó “¡qué presencia papito!” cuando lo vio llegar al barrio. Lo más extraño es que todos los sombreros cabían perfectamente en las correspondientes cabezas de sus correspondientes portadores, que no suele ser el caso, creando un ambiente súper elegante vistes, lleno de vida y de sombreros. Ideas no sabemos si había porque es más difícil detectar una idea que un sombrero, pero eso no era especialmente relevante para el encuestador explorador. Lo que a él le llamaba (poderosamente) la atención era que este caso particular, en esta zona de la ciudad, podría modificar leve o completamente la estadística general del uso de sombrero, y no terminaba de decidir si eso era conveniente o no, ya se sabe lo que pasa cuando todos los que pertenecen a un colectivo usan sombrero. Verdaderamente, el hecho de que todos usaran sombrero no cabía en su cabeza, que en ese momento carecía de ideas y de sombrero, de lo que se deduce que no son ideas y sombreros las únicas construcciones mentamateriales que pueden caber en una cabeza.
Hay un tiempo y un espacio para cada cosa, se dijo a sí mismo mientras vestía su cabeza y se sumaba a la multitud que circulaba y circulaba. Luego se quitó los pantalones y se encaminó hacia algún destino sospechado pero incierto, mientras detrás seguía escuchando la voz que decía: “¡que presencia papito!”, a la que intentaba no prestarle atención, pero que le hacía acelerar sus pasos en dirección contraria. Porque una persona sin pantalones y con sombrero carece de buena presencia, eso él lo sabía bien, lo contrario ¿en qué cabeza cabe?
Un señor con sombrero pasea y en su paseo una idea a su cabeza viene y se quita el sombrero para por ella ser pensado pero la idea esquiva se va y viene y sus pasos sin destino son tardíos y su estrella no aparece ya es de día y otra idea y miles y sin embargo nada ayuda a soportar este vacío desesperanza tragedia que la vida es y sigue siendo a pesar de sombreros rastas destinos.

lunes, septiembre 26, 2011

Cortemos por Lozano

Complejos procesos del pensamiento (o uno quisiera pensar que ese revoloteo sin ton ni son de las ideas (probablemente ni alcanzan un cierto nivel como para poder considerarse ideas) es pensamiento) que no sólo me cuesta mucho comunicar, sino que ni siquiera estoy seguro de querer hacerlo. No hay obligación, no hay ganas, y a veces ni siquiera hay sentido.
Uno se debe, ante todo, a uno mismo.

jueves, septiembre 15, 2011

Desvariando

si tengo mis ojos en tus ojos y mis manos en tus manos y mis pies en tus huellas y mi nariz en tu aroma y mi maldita necesidad de ti en el corazón las plantas de los pies los poros los pelos de mi nariz las uñas los genitales el mal aliento de cada mañana que despierto y no te encuentro a pesar de que nunca estuviste pero antes al menos parecía que habías estado o era un sueño pero tan real que el despertar parecía lo irreal sin embargo seguías sin estar aunque ahora tu ausencia es aún mayor y ya no te extraño como antes sino que te extraño más que antes aunque antes no estabas ahora tampoco y extrañar no es algo que se me de bien teniendo en cuenta que uno extraña lo que ha conocido y a ti no te he conocido a pesar de haber visto tus ojos haber tomado tus manos haber pisado tus huellas haber olido tu aroma y haberte perseguido mientras intentabas escapar de mí para evitar que te dijera aquello que debería decirte pero no sé cómo aunque las palabras no sólo me son esquivas sino que además me golpean y me atrapan y me dejan encerrado en este círculo de inútiles desvaríos que no sé hacia dónde me llevan cuando lo único que quisiera sería llegar a ti pero no a la que nunca conocí a esa que no se mostraba sino a la que al menos me regaló una sonrisa fingida o no sonrisa que sólo tú sabes sonreír creo que se me está quemando el arroz así que mejor miro no vaya a ser que se pegue a la olla con lo que cuesta lavarla sin usar demasiado detergente que no es muy ecológico y si tuviera que ser ecológico tampoco creo que me gustaría usar mucho parece que no se pegó y aún le falta cocinarse un poco mejor meto un huevo en la olla de gallina claro si meto de los otros no creo que me agrade demasiado como ese cuento de cómo cocinar un huevo en el microondas tuve que volver a comer huevos o algo así porque aparentemente el haber intentado ser vegano por unos meses sin haberme planteado una dieta decente me está afectando negativamente por ejemplo con el tema de la vista que no es que no vea sino que se cansa la vista y es un poco esporádico así que no entiendo un cazzo qué coños pasa con la misma y estuve viendo unos anteojos con agujeritos que supuestamente ayudan a mejorar o reacomodar o algo por el estilo a ver si me evito tener que usar anteojos que una cosa es ser nerd y otra aparentarlo no es que me moleste pero seguro pierdo los anteojos en el primer viaje como he perdido toallas jabones mochilas handheld y demás cosas por causa de mi natural descuido y despiste así como te perdí a ti por decir cosas que no debería haber dicho y por no haberte tomado de las manos y atarte y no dejarte partir pero eso no tiene sentido si no quieres estar pues no estés pero igual te seguiré buscando persiguiendo queriendo aunque no estés y aunque nunca hayas realmente estado.

jueves, agosto 25, 2011

Persecuciones laguneras

la srta. la muy bonita
se bañaba en la laguna
viendo pasar a la gente
saludaba muy contrita
viola el mozo que pasaba
disfrazado de mendigo
y hacia el agua se dirige
mientras canta, mientras chifla
ay moza que te conozco
desde que eras niñita
pero veo que has cambiado
y mi corazón palpita
no seas tan descobado
contestó la malhablada
que aunque era muy bonita
bruta era la pobrecita
el mozo ya se quitaba
los zapatos y el tapado
con la excusa del calor
y los calzones bajados
la moza aterrorizada
ve su inocencia en peligro
a los gritos huye al monte
buscando a sus amiguitos
el castor que era muy casto
al verla pasar desnuda
se desmaya mientras mira
mas luego sigue mirando
la oveja que es saltarina
y extraña a su antiguo dueño
al ver llegar al mancebo
piensa cumplido su sueño
la moza corre que corre
el mozo casi la alcanza
entonces ¡gracia divina!
un pilagá con su lanza
¡defiéndeme! pide la moza
en su español tan castizo
el pilagá mira a ambos
con ojo libidinoso
que era tuerto por causa
de un jabalí traicionero
que no se dejó casar
más fácil cazar mancebos
va la moza y se desmaya
el mozo es quien ahora escapa
del indio que lo persigue
con lanza y con alharaca
el mancebo que tropieza
el pilagá que sonríe
la moza que se despierta
y el castor que ya no mira
al final ya resignados
uno y otro y el tercero
al amor acompañado
viven juntos y felices
por los siglos de los siglos
o al menos por unos años
que nada es seguro en la vida
mucho menos darse un baño

jueves, agosto 11, 2011

Desprolijo y sin estilo

Me iba a Brasil, pero luego no me animé y me iba a Bolivia, pero entonces me dormí y terminé yendo a Misiones, por gente que no te avisa que no está tan lejos y para terminar no encontrando a alguien, y conocer a gente que viajó bastante y estaba de regreso y compartir la noche con gente de varios lugares que tenía sus vicios que no eran los míos, y regresar, y luego Corrientes pasado por agua, y volver y descansar ya con treinta y tres para despertarme y decidir por la mañana ir a Bolivia, pero en la ruta que se hizo larga a sesenta kilómetros por hora, mate que hace odiar al dentista, y mientras recibir la invitación para quedarme en Salta, entonces pensar en ir a Chile o Bolivia otra vez dependiendo del próximo generoso conductor y dormir en la terminal de la ciudad de siempre, compartiendo cuarto con tres más que uno roncaba y otro otros ruidos, y por la mañana un par de horas y terminar llegando a Salta, visitando a los amigos que ya no son tan nuevos, y descubrir que la gente que no te avisa sigue en la ciudad, y entonces ver qué hacer si encontrarse o no, y finalmente confirmar que Chile no porque cae nieve en invierno a pesar del calor en Salta, y encontrarse con la persona para saber qué onda, y no animarse, y animarse, y al final descubrir que hay cosas que terminan y está bien que terminen, y no poder conocer a alguien por no poner suficiente energía alguien y uno en conocerse, y luego disfrutar el tiempo con un amigo, y no seguir a Bolivia ni a Chile, y decidir ir a la ruta y sobre la marcha encaminarme, y no Jujuy un par de días antes de la represión pero tampoco Tucumán por falta de un teléfono, y entonces pensar que mejor volver y descansar, y comenzar a volver y el prejuicio de parte de otros mochileros, y las horas bajo el sol leyendo, que aún puedo leer de un libro sin marearme, y la suerte hasta la ciudad de siempre donde duermo siempre todas las noches de ida y de regreso, pero seguir intentando y luego la familia humilde, y la invitación rechazada para que no se hiciera de noche, y la pena por la pobreza y sentirme mal, otra vez, pero al final cinco kilómetros y esperando en un control ya de noche, y un camionero que hasta por acá nomás, pero que al final un poco más, y luego pinchar una goma, y luego pasar la noche cada vez más cerca esquivando controles y balanzas, y ya demasiado tiempo con la misma persona, y pensar en visitar a la familia pero un sms que nunca llegó y entonces a seguir viaje, y llegar a la ciudad y descansar.
Y el pedido de couch por una semana, y que sí y que no, y que al final sí pero con condiciones, y al final las casualidades de Italia, pero por Estambul, pero de Chile, y otra casualidad viniendo de Chile, pero no Italia sino Siria, y escuchar Estambul al caminar escuchando gypsy, pero también gypsy que era Izmir junto a otro final de relación, y un correo, y Ramadán, y volver o no volver, querer pero no saber, y pasarla bien hospedando tanto, y aquí cerca Estambul pero de Perú, con un libro comenzado allí y terminado aquí, y luego Francia pero de Chile, y tantas cosas pero al final casi nada, pero la vida a veces se pone un poco mágica y a veces un mucho, y el pasado que vuelve en países y más países, pero al final puede ser presente pero uno no sabe si será futuro, y volver volver volver, pero siempre en círculos y nunca llegar ni avanzar ni nada.
Vivir cansa.

jueves, agosto 04, 2011

Dicen a veces

Que mis sueños son puros sueños y utopías
que mis manos no sirven para nada
que mis pasos no caminan, no son nada
que las huellas no son mías ni lo han sido

Que no importa cuanto luche contra todo
todo siempre será más fuerte aunque sea poco
que mi fuerza y que la brisa son lo mismo
que el huracán sepultará nuestras fuerzas en el lodo

Que no importa si eres bueno, que no importa si no hieres
la herida por ti vendrá y por todos
los que sueñen, los que luchen, los que vivan

Dicen a veces y siempre repiten lo dicho
que no hay salida, que no hay nada
que lo que hay es lo que tenemos y demos gracias
que peor estaban antes, que antes por palabras te mataban

Que si te quejas hay palos y si exiges
que el derecho lo tienes si lo pagas
que hay deberes, impuestos, lealtad y dios
pero no hay humanidad, no hay dignidad, que son pavadas

Yo no escucho, yo no callo, yo soy la voz mía que puede gritar
que es fuerte porque nace de muy dentro
de ese dentro que tú tienes, que tenemos, de ese dentro que se rebela en cada sueño
en cada utopía, en cada lucha, en cada palabra que protesta

Y nos pegan, nos matan, nos desangran
nos gritan, se burlan, nos ignoran, nos escupen
cada día, todo día, desde el principio de los tiempos, hasta un tiempo sin final

Arrodillados, sufrientes, impotentes, a veces sin ni siquiera el grito
pero con nuestras mentes libres, con la libertad que es la de dentro
ese dentro nuestro, ese dentro libre
que aunque no pueda gritar con la voz grita en las manos
grita en los sueños, en las ideas, en las risas y en los llantos

Libertad de dioses, de tiranos, libertad de la ignorancia, libertad humana
libertad que gritaremos y que gritamos, aunque los gritos aún estén retumbando

Dicen a veces que no somos ni seremos
que lo nuestro es nada, y que no sirve
pero mi rebeldía grita y sigue soñando
mi rebeldía no les cree, y no creyendo se libera
mi rebeldía es libertad, y es la tuya, y es la nuestra
Nosotros somos, ellos sólo dicen
y sus palabras-mentiras ya no existen, ante la firme voluntad de la existencia

jueves, julio 07, 2011

Carta número uno

Dear Y,

Hace ya mucho tiempo que no sé nada de ti, ni de tus aventuras y desventuras, entonces decidí escribirte un mensaje que no sé si será corto o largo, entretenido o aburrido, o si llegará o no a tus manos.

Creo que en tu último mensaje me contabas que finalmente te mudabas, que te ibas de esa ciudad que ya no soportabas ni te soportaba, y que pensabas establecerte más al norte, lejos de tanta civilización pedante y un poco más cerca de la naturaleza y lo salvaje. Supongo que, dado el tiempo que ha pasado, ya te has mudado y establecido allí, muy probablemente no has hecho nuevos amigos, sabiendo de tu descreimiento de la amistad a primera vista, y de la raza humana en general. Pero si lograste hacer amigos, quisiera poder decir que me alegro por ti, pero no me gusta mucho mentir... no diré nada.

Aquí las cosas no van tan bien, desde que el gato se escapó las noches son un poco más frías, y desde que el invierno llegó se han vuelto heladas para variar. El maldito gato me hacía sentir un poco menos solo desde que te fuiste, pero además de eso debo confesar que sentía un poco de cariño por el animalito. Y sí, lo llamo maldito, porque eso de partir sin avisar no se hace.

El gato... ese gato que tú me regalaste en mi último cumpleaños, un gato callejero cualquiera que encontraste y decidiste disfrazar del regalo que olvidaste comprar. Era bonito el pequeñín, luego creció tanto que ya daba un poco de miedo intentar acariciarlo; no sé si lo arisco se le pegó de mí o de ti, pero las heridas me las dejó a mí. Las heridas en la piel, y en el corazón cuando partió.

Pero no sé para qué sigo hablando de él, cuando en realidad quiero saber sobre tu vida, tus andares. Me niego a aceptar que tu último correo diciendo que preferías despedirte del mundo también me incluyera en la definición de ese "mundo", no pienso aceptarlo. Tantos momentos juntos, tantas intimidades que fueron intimidad, para que luego todo acabe así sin más, porque tú quieres ser otra persona. Todo acabando así, con una huida, como si fueras nuestro gato, el maldito-bendito-traicionero gato.
Quizá él comprendió, como tú, que no valía la pena perder el tiempo conmigo, y por eso huyó, como tú.

Tus explicaciones, tus vueltas y más vueltas, siguen pareciendo excusas y mentiras por no atreverte a decir que me detestas, que lo que hacías no era más que soportarme, esperando algo, quizá que me volviera humano, sensible, algo. Al final no tuviste el coraje de decirme acerca de tu repulsión, pero si tuviste el coraje (¿es que se puede llamar coraje?) de huir, de alejarte, de poner tanta distancia entre ambos. Por un lado lo lamento, pero por el otro me siento bien. Supongo que la parte de lamentarlo es lo que nos diferencia.

Cuando recibí ese demoledor mensaje, donde no decías nada pero lo decías todo, pensé en matarme. ¿Para qué vivir en un mundo sin afecto? ¿para qué vivir en un perpetuo sufrimiento donde los que quieres te detestan y los que no quieres te odian? Al final, pudo más mi natural pereza y desencanto de las cosas, y lo dejé pasar, era muy complicado pensar en las diferentes maneras de matarse, y en dejar las cosas un poco organizadas para no quitarle tiempo a los que tendrían que cargar con el papeleo y todas esas burocracias.

Obviamente todo ha terminado entre nosotros, ya no habrá más besos, más caricias, mas gestos de cariño fingidos o no. Sin embargo, me preocupa no saber de ti, porque a pesar de todo algo de persona sigue habiendo en mí. Todo ha terminado porque tú lo decidiste así, y respeto tu decisión.

Sin gato la casa no es la misma, sin ti esta vida no es la misma. He decidido entonces cambiar de vida, espero que para bien, supongo que lo descubriré sobre la marcha. Me voy a vivir con Renato, el peluquero.
Sí, Renato, sí, el peluquero que no te caía bien, porque él me entiende. Porque él me da algo que tú nunca podrás darme.
Mañana nos mudamos juntos, muy ilusionados. Tus cosas no las voy a tirar, las donaré a la beneficencia, a no ser que contestes antes pidiendo por ellas.

Me voy ahora, Renato me llama. Chau Y, dondequiera que estés, espero que se te pegue alguna peste incurable.

lunes, junio 27, 2011

Elogio del Ermitaño

Y es que a uno lo obligan a irse a la ermita, con palabras, hechos y puntapiés dialécticos y de los otros. Los días de invierno que vienen tan fríos son la ocasión ideal para buscarse una ermita calentita, cerrada, bonita, ajena al mundo pero en él.
Ermita propia, no heredada, aunque tampoco propia porque la propiedad es un robo y andar robando ermitas no ayuda a alcanzar la paz interior ni tampoco la exterior. Un ermitaño que se precie cuenta con una buena colección de piedras con las cual defender su ermita sweet ermita de las probables invasiones bárbaras.

Es que se pone difícil, y tanto. Uno cree una cosa y resulta que no es cierta, y luego cree otra y tampoco, al final no hay que andar creyendo dice uno, pero eso también es una creencia o algo así. Que si hay dios o no, que si la revolución pacífica o armada, que si el aborto o la mariguana, que si liberalismo o anarquismo, que sí que no qué demonios sé yo.

Porque de niño fui católico, de esos de los buenos que rezan y todo. Tan pero tan bueno que sin que nadie me lo pidiera me iba a dedicarle rosarios a don jesús y su madre (que era una santa). A su padre también, pero como eran uno o algo por el estilo en realidad era a su hijo que era él mismo, cosa que nunca me quedó muy clara hasta que lo solucioné dejando de creer en la santísima trinidad.

Trinidad no estaba muy buena, seamos honestos, pero lo que tenía de fea lo tenía de compasiva, tanto que se fijó en mí sin asquearse de mis enormes orejas y vacíos bolsillos. Nunca pude invitarla a nada, pero ella tampoco me invitaba entonces estábamos a mano. Mano era lo que nos metíamos, hasta que nos descubrió el cura en el cine del pueblo (que estaba al lado de la parroquia principal) y poco menos me excomulga, y qué va a ser de ti que eras tan buen niño y rezabas tanto vete y no peques más o al menos peca en otra parte que este lugar si bien no es santo está muy cerca del que lo es.
Lo de Trinidad tampoco duró mucho, culpa de su espíritu que no era tan santo y andaba de cine en cine y de rincón en rincón con otros doce apóstoles que al final resultaron ser. Lo que más me dolió fue la tremenda trompada que uno de ellos me regaló por llamarlo cornudo, pero la verdad me liberó desde ese momento, creo. Al final hoy día anda la pobre Trinidad fregando pisos para mantener a su joya, que sólo se mueve para ir a cobrar el plancito o para cortar alguna calle y/o avenida.

Sin embargo, no dejé de ir a misa, y hasta fui monaguillo por obra y gracia del señor cura que seguía escuchando mis delirantes deseos de hacerme cura algún día con la esperanza de escapar del cruel destino de la mediocridad. Menos mal que no era el mismo cura que nos descubrió en el cine a la Trinidad y a mí cuando nos descubríamos hasta las almas mutuamente, que ese por suerte se cambió de pueblo. Digo por suerte porque cuando le descubrieron el romance con una de sus feligresas el marido de la susodicha casi lo mata, y tuvo que intervenir la curia alta, que vendría a ser el obispo que en su juventud había jugado al básquet en un club de barrio que era chiquitito pero poderoso, como el lavarropas. El club digo, no el obispo, el obispo era poderoso pero chiquitito no era.
Haber dejado la ciudad a tiempo, aunque no al mismo tiempo que el cura que honraba al señor y a la señora esa, me salvó de terminar en el seminario, cosa que debo agradecerle a tantas malas compañías que me llevaron por el camino de satán, pero no muy lejos que es como me hubiera gustado. Tanto como gustar gustar no, pero es más bien un deseo de pecado, creo que es culpa de adán que se dejó tentar por la turra de eva y el higo del árbol del conocimiento.

Hasta donde sé a los siete pecados capitales los he cumplido a todos, aunque parece que la idea no es cumplirlos sino evitarlos, haber avisado antes digo yo, que con tantas creencias raras por el mundo uno no sabe a qué atenerse. Un poco más de lujuria estaría bien estos días fríos de invierno, a falta de calefactor, pero como la lujuria es más o menos una cosa de a dos (o de a tres si hay más suerte) apañados vamos. Lujuria lo que se dice lujuria poca y nada si tenemos que ser sinceros, lo mismo con la ira, pero la gula ¡ay mamá! la gula sí que se me ha ido de las manos, hay días en que como hasta tres veces, con eso te digo todo. Todo lo que se dice todo.

Pero otra vez me he ido por las ramas, como buen primate que es uno. Estábamos hablando de la ermita y de la conveniencia de irse a vivir a una para evitar tanto desatino que hay en el mundo (propio y ajeno), y encontrarse a uno mismo luego de haberse perdido. Aunque volviendo con el tema de la lujuria y de la Trinidad lo que me gustaría es encontrarme a una perdida antes que encontrarme por haberme perdido, pero lo primero es lo primero y lo segundo es lo segundo.

La ermita no debe de ser muy lujosa, porque ya no sería ermita sino castillo o habitación del amerian. Basta con un hueco excavado en la roca, por acción natural del viento y/o del agua y/o del tiempo, con un piso relativamente plano y no demasiado oscuro. Un lugar para encontrar la paz que se pierde al relacionarse con los demás. Un lugar de silencio externo para poder hacer el silencio interno. Un lugar para encontrar otro lugar, el lugar del refugio. Pero lo que buscas lo deberías encontrar sin necesidad de recurrir a una ermita decía mi maestro, lo que mi maestro no entendía es que algunos preferimos encontrarlo en un lugar llamado ermita y no en la convención de ollas essen que se hace en el domo del centenario.

Esa ermita no es sólo un lugar físico en las montañas o cerca de la roca, es también el lugar de refugio que cada uno construye para silenciar el ruido del mundo, pero tampoco eso significa que sea un lugar silencioso, sino que es o debe ser un lugar sin ruido. Y ruido son las conversaciones interminables sin un propósito, las discusiones sin sentido para convencer/ser convencidos, el parloteo de todos los días, todo aquello que al terminar no nos deja mejores, más felices, más sabios y más tranquilos. Una ermita también es nuestro corazón cuando comenzamos a cerrarlo a ciertos aspectos de lo que fue nuestra vida o nuestra persona, cuando vamos en pos de algo más, que decidimos creer es mejor que lo que ya tenemos/somos. Una ermita, también, es la vida que vivimos cuando decidimos ser menos tolerantes con aquello que nos pone mal, y más selectivos con aquello que decidimos dejar entrar en ella, sean experiencias, lecturas, personas.
Porque al final un puño no es un puño, sino una mano abierta que por alguna razón se ha cerrado, temporalmente.

jueves, abril 14, 2011

De amores no correspondidos

Don Jacinto Rock & Feller estaba perdidamente enamorado de una señorita que había visto bajar del tren en la última estación. Tan enamorado estaba, que cuando en ella pensaba su corazón se desbocaba y... y otras cosas. Por tanto enamoramiento, decidió que algo tenía que hacer al respecto: conocer más de ella, o hacerse conocer, o algo. Sobre todo algo, que siempre resulta más divertido.

Un sábado cualquiera, puso manos a la obra.
La obra era una escultura de barro que representaba a la Diosa de la Castidad, diosa que en todas sus representaciones conocidas está totalmente cubierta por un paño, excepto por los ojos y parte de las manos. En sus representaciones desconocidas no se sabe cómo se la representa.
Don Jacinto había completado la parte cubierta, y dejado para el final las manos, pero ese sábado finalmente completó la escultura. Le había tomado unas nueve semanas y media terminar su trabajo, lo que vendría a ser dos meses y diez días, más o menos. En realidad no son exactamente dos meses y diez días, porque un mes tiene entre veintiocho y treinta y un días; tampoco podrían haber sido nueve semanas y media, para ser más precisos podríamos decir que le tomó sesenta y tres días (nueve semanas) más tres días más doce horas, lo que da un total de sesenta y seis días y doce horas. También se lo puede expresar en horas si uno quiere, y en minutos y segundos, pero no lo haremos porque no viene al caso.
(Por si a alguno le interesa el dato, en horas serían aproximadamente 1596 horas (como curiosidad, en el año del señor 1596 nació Descartes y fue trasladada la capital de Polonia, sin que ambas cosas estuvieran relacionadas))

Una vez terminada la obra, salió a la calle para hacer algo al respecto.

El respecto estaba caminando tranquilamente por la avenida principal del pueblo, silbando viejas canciones de Sandro porque le gustaba Sandro. En realidad le gustaba como cantaba Sandro, no sus movimientos sensuales al cantar. Bueno, un poco sí le gustaba eso, pero le gustaba más como cantaba. Justamente hoy pensaba que Sandro era muy sensual en sus movimientos, y que a él también le gustaría ser tan sensual, pero como no le salía bien cantar ni moverse sensualmente sólo silbaba solo por las calles mientras pensaba en otras cosas, por ejemplo los movimientos sensuales de Ricky Martin. Pero silbaba canciones de Sandro, no de Ricky Martin.
Sintió que otra persona silbaba a sus espaldas, pero no reconoció la canción silbada, picado por la curiosidad se detuvo para esperar al silbador y preguntarle qué estaba silbando, no vaya a ser que fuera a descubrir otro cantante de movimientos sensuales por pura casualidad. Dejó de silbar, se detuvo, y esperó al silbador que a sus espaldas silbaba.
El silbador trasero, o mejor dicho el señor que venía silbando detrás de el respecto, era nada más y nada menos que Don Jacinto. Cuando el respecto intentó entablar una conversación para preguntarle acerca del silbido, de la canción, y de la sensualidad del cantautor asociado, Don Jacinto lo miró fijo, le guiñó un ojo, le pegó una patada en las pantorrillas, y salió corriendo.
Así, en menos de seis horas, Don Jacinto había puesto manos a la obra, y había hecho algo al respecto.
El respecto se encogió de hombros, porque no sé de qué otra cosa se puede uno encoger, y se fue por otro camino, mientras silbaba rosa rosa tan maravillosa como blanca diosa como flor hermosa.
La Diosa de la Castidad no era blanca precisamente, pero el respecto no lo sabía, además no era sobre ella la canción, porque es sabido que no es la única diosa existente.

Contento por sus logros matinales, Don Jacinto pensó que, visto y considerando que la suerte le sonreía ese día, quizá era un buen momento para intentar conocer a la señorita del tren, o para hacerse conocer por ella. Le dijo adiós a la suerte con otra sonrisa, y se dirigió a la última estación.
Cuando llegó a la estación recapituló hasta el capítulo primero, lo que viene a significar que viajó en el tiempo hasta el preciso momento en que la señorita vestida de verde bajaba del tren (el verde es un buen color, ya que al no ser blanco significa que la señorita no es adoradora de la Diosa de la Castidad). Al verla bajar decidió recapitular un par de veces más para no olvidarse de tan precioso momento. Recapituló y recapituló, hasta que se cansó de recapitular. Tampoco es cuestión de andar recapitulando todo el [unidad de tiempo] se dijo a sí mismo mientras se daba la razón.

Escondiendo su timidez en uno de los bolsillos traseros del pantalón, se acercó a la señorita dispuesto a preguntarle la hora como para iniciar conversación. Pero al llegar a su lado se confundió, y le preguntó si quería comprar un reloj a precio promocional y que ya le quedaban pocos que mejor se apure a comprar. La señorita lo miró con desdén, sonrió irónicamente, hizo una mueca de disgusto, y le sacó la lengua, todo al mismo tiempo; la parte complicada fue sonreír y sacar la lengua. Finalizada toda esta gesticulación, que se debía a un tic nervioso que padecía desde niña, le preguntó el precio del reloj y si se lo podía dar en cuotas.
Pero Don Jacinto se sentía estúpido por haber ofrecido vender un reloj en lugar de preguntarle la hora, recapituló un poco y volvió a acercarse, haciendo esta vez la pregunta correcta. La señorita le hizo una mueca de disgusto, sonrió irónicamente y lo miró con desdén, pero esta vez no sacó la lengua porque es complicado sacar la lengua mientras se sonríe. Sin contestar a la pregunta del esperanzado Don Jacinto, se marchó a paso militar hacia el andén número 2, seguramente para tomar algún otro tren, pero es sólo una conjetura.

Al borde de las lágrimas, Don Jacinto se sentó al borde de las vías, restregó el borde de su sobretodo que en este caso va todo junto, y notó que a partir de ese momento algo faltaba en su vida. Es que, sin darse cuenta, había olvidado sacar la timidez de su bolsillo, y al sentarse sobre ella la rompió en menos de mil pedazos. Aproximadamente unos cuarenta y seis pedazos en realidad, tampoco es que se iba a quedar sentado contando cuantos pedazos de timidez había donde antes sólo una existía. Por un momento pasó por su cabeza recapitular y hacerle otra pregunta a la señorita, pero como ya sin timidez se sentía otra persona, decidió que iría a por otras señoritas menos castas, probablemente vestidas de rojo, y trataría de poner sus manos en la obra de los padres de esas señoritas, que no es lo mismo que poner manos a la obra.

jueves, marzo 24, 2011

Caminando caminando, se llega o no

En esa libertad del camino, del caminante, del que no dice adiós pero se marcha. Se aleja, se aleja y no mira atrás, ni adelante, ni a los lados; pero mira dentro, muy dentro si la suerte acompaña. Ser libre es, entre otras cosas, no depender, ni temer, atreverse a hacerse cargo de la libertad posible. Ser libre es saber decir que no, y también saber decir que sí.

No hay despedida más triste que aquella hecha antes del tiempo de decir adiós, aquella que es una despedida forzosa, trágica, hasta cruel. Pero toda despedida tiene una semilla de reencuentro, semilla que fructifica cuando ambos, el que se va y el que se queda, desean que dé frutos.
Hay despedidas consentidas, despedidas obligadas, despedidas pedidas por uno de los que se despide, y despedidas de soltero. En las despedidas de soltero a veces hay strippers, y a veces no.

Él intentó perseguir a una estrella, caminando cada noche de su vida; por días, meses, años, toda su vida. Toda su vida perdida en pos de un imposible, de un sueño, de una quimera. Ahora, cuando las piernas son débiles, cuando ya son canas las que cubren su cabeza, se pregunta si valió la pena, si tanto caminar, tanta búsqueda, tantos sueños, tuvieron algún sentido en la realización de su vida. Si caminó por él, o caminó por lo que se esperaba de él. ¿Y si en lugar de caminar se hubiera conseguido una moto, una bici al menos?

Recuerdo que una vez encontré a el sentido de la vida.
Estaba sentado en un banquito, pensando acerca del mejor de los mundos posibles, mientras gesticulaba con las orejas. De vez en cuando soltaba una palabrota al aire, pero la cazaba con una red antes de que alguien la escuchara, y se la metía en el bolsillo trasero de su pantalón izquierdo. El pantalón izquierdo estaba un poco desgastado por el uso, pero igual ese día se lo puso, o se lo pusieron, que queda mejor en caso de futuros juicios.
Le pregunté qué hacía sentado en un banquito, contestó (sin mirarme, claro está) que estaba pensando acerca del mejor de los mundos posibles, porque al mejor de los mundos imposibles ya lo había pensado hace mucho, y lo había dejado guardado en una sucursal de la Banca Nazionale del Lavoro, para que no fuera por ahí dando saltos y asustando a las personas que tenían su vida muy organizada. Ya que estás siéntate a mi lado y ayúdame a pensar, que pensar cansa cuando se piensa en solitario o en mundos posibles. No gracias, tengo que caminar porque no tengo bici y en un rato sale la estrella que persigo desde que tengo uso de razón. Pues que la fuerza te acompañe compañero, si me buscas ya sabes que aquí me encuentras. Buenas noches. Buenas noches y mejores días.

Lo que costaba perseguir a la estrella las noches nubladas chamigo, porque la estrella estaba por ahí arriba de uno, pero no se la veía ni con la mirada de rayos de supermán. Las noches nubladas no eran para perseguir estrellas, tampoco para otras cosas, así que eran noches nomás, nubladas y sin demasiado glamour. Con un poco de tequila se le podía poner glamour, pero tampoco es que vendan tequila en cada esquina de esta ciudad perdida, era más fácil sentarse en la placita de la esquina a chuparse el dedo. Aclaremos que en esta ciudad hay placitas en cada esquina, pero la ciudad no es una repetición de placitas, aunque la lógica y el sentido común lo dicten así. Es que a la lógica nadie le hace caso porque dicta muy rápido, y al sentido común no se lo ha sentido últimamente por el barrio.

Niños, las drogas son malas para la salud, excepto las que vendemos ahí a la vuelta, en la placita. Haga su pedido, llame ya llame ya.

lunes, noviembre 15, 2010

Sobre las posibilidades de una cuchara

La cuchara fue inventada en la china hace aproximadamente un montón de años, ante el ferviente deseo de tomar sopa de las multitudes, y la decepción de comprobar que si bien los palillos eran útiles para comidas tales como el pollo frito y la rata rellena, eran completamente inútiles a la hora de la sopa de tortuga.
No es que desde el principio haya sido el utensilio que conocemos hoy día, de hecho a la hora de ser inventada era algo bastante rústico: un palillo atado a media cáscara de nuez. La inventora nos cuenta en su diario íntimo que la inspiración surgió en épocas navideñas, aproximadamente a la hora del té con masas, cuando viendo un trozo de medialuna flotando en su taza pensó "¡se parece a la sopa el té!" mientras comía una nuez, mosqueada.

Pero no hemos venido aquí a hablar acerca de la cuchara como utensilio de cocina, para eso ya se han escrito demasiados libros, en los que se ha dicho prácticamente todo lo que pueda decirse sobre su uso y abuso en situaciones gastronómicas. Aquí hoy hablaremos de las posibilidades de la cuchara como arma, y de su uso en la defensa personal.

El primer individuo que hizo uso de la cuchara en situaciones de guerra fue un canadiense, durante el período de colonización de Las Tierras Verdes. Había sido abandonado en la trinchera por causa de una herida en su pierna, cuando vio acercarse a dos esquimales con cacerola, platos y una mirada de profundo cariño en sus rostros. Ante el peligro y la falta de elementos contundentes o punzo cortantes, en su desesperación acudió a lo primero que encontró, que resultó ser una cuchara con mango de madera marca Tramontina.
Luego de una encarnizada lucha, durante la cual el canadiense perdió dos dedos de la mano izquierda dentro de una boca enemiga, uno de los esquimales sufrió de vaciamiento de ojo por obra y gracia de la cuchara, y el otro se desmayó por causa de la impresión, la batalla concluyó con la victoria canadiense.
El oficial fue condecorado por tamaña muestra de valor e ingenio y, luego de complicadas deliberaciones, el ejército canadiense decidió crear el Regimiento Primero de Cucharistas, un grupo de élite que iba a las batallas armado con cucharones, cucharas y cucharitas, y que dormía de a dos por carpa.

Otra anécdota registrada en la Enciclopedia de la Cuchara Universal en relación al tema que nos ocupa, habla de unos presos que escaparon de la prisión donde se encontraban apresados. Los presos eran obligados a trabajar en la construcción de una presa, presionados constantemente para acabar a tiempo su trabajo.
Una noche, un grupo de ellos, cansado de trabajar noche y día (menos esa noche) decidió escapar. Comenzaron a cavar un túnel debajo de las celdas, hasta que lograron salir a campo abierto. Desgraciadamente el campo en ese momento estaba cerrado porque no atendía las 24 horas, así es que tuvieron que seguir cavando un poco más. Llegaron finalmente a un bosque oscuro y tenebroso, donde al salir del pozo se les apareció de repente un oso poco amistoso, que se acercó muy curioso, fingiendo ser cariñoso.
Nuevamente, como sucedió con el canadiense, los presos no encontraron nada a mano para defenderse más que sus cucharas, y a golpe de ellas lograron hacer huir al horrendo animal, que de no haber sido por el hecho de carecer de ella, habría corrido con su cola entre las patas. De todas maneras no llegaron muy lejos, porque era un bosque demasiado tenebroso para enfrentarse a él sin varitas mágicas.

Hay muchas otras historias que se podrían contar, una más interesante que la otra (las anteriores son las menos interesantes), pero queda la imaginación del lector a cargo de elaborarlas, mientras lame y relame una cucharada de dulce de leche con metal.

jueves, octubre 28, 2010

Sobre las moscas

Hay un chiste popular que habla acerca de una mosca que se encuentra en el tazón de sopa de un comensal, algo bastante molesto o desagradable, aunque dependiendo de la variación o versión del chiste también puede resultar en algo agradable.
Hay una cierta lección que puede extraerse del mismo, para ser aplicada a la vida cotidiana, o a ese cúmulo de reglas que algunos nos ponemos a falta de mandamientos divinos, reglas que pueden conducir a una cierta paz interior necesaria para avanzar hacia otras metas.

Supongamos a un señor, quien gusta de tomar sopa, pero a quien le desagrada terriblemente el hecho de encontrarse moscas en su sopa; no sólo eso, sino que este señor vive preocupado por el tema, así es que decide evitar la aparición de moscas en su preparada sopa, pero de una manera muy concienzuda, casi paranoica.
Para empezar, compra todas las verduras y demás ingredientes en mercados que se dicen asépticos, comprobando con mirada escudriñadora que no haya moscas volando cerca, mismas que podrían depositar huevos en sus verduras. Luego, a la hora de cortarlas, también lava cuidadosamente cada una de ellas, y realiza otra exhaustiva comprobación para cerciorarse antes de ponerlas en el agua. Llena de veneno el ambiente donde prepara la sopa, para que no venga ninguna mosca no invitada, y mientras revuelve sigue con su tarea. Finalmente, la sopa está lista.
A la hora de tomarla, se encierra en otro ambiente que le proporcione una cierta tranquilidad, y realiza su examen en todas y cada una de las cucharadas de sopa que bebe.
Evidentemente este señor puede disfrutar de una buena sopa, sin moscas en ella. Todo a costa de unas ciertas tareas necesarias que le proporcionen cierta tranquilidad.

Uno de sus conocidos también gusta mucho de tomar sopa, pero no le molesta especialmente la presencia de moscas, ya que puede quitarlas fácilmente con una cuchara, así es que disfruta del placer de tomar sopa sin todo el esfuerzo necesario para obtener una sopa inmaculada. De hecho, cuando las moscas están tan mezcladas que se hace dificil separarlas, pasa de quitarlas y se las traga sin demasiada preocupación.

Hay un tercer amigo, para el cual la sopa es sólo un alimento más, pero al que no le gusta la presencia de insectos u otras alimañas navegando en ella, así que cortando por lo sano ha decidido dejar de tomar sopa. Sus amigos adoradoresdelasopa le dicen que se está perdiendo de mucho, pero él prefiere pasar de preocupaciones o de tragar insectos, y lo hace tomando un camino fácil y cómodo: la simple decisión de no tomar sopa.

Son tres posibles posturas ante un inconveniente, pero que en definitiva son tres posturas ante la vida y tres modos diferentes de ver el mundo. Y se puede aplicar a casi todo, al hecho de ser vegano o vegetariano, a discutir o no con los demás, a relacionarse o no con determinadas personas, etc.
Por lo que he podido descubrir a medida que pasa el tiempo, y habiendo sido cada uno de los personajes, estoy llegando a la conclusión de que escoger el tercer camino es lo más sencillo para alcanzar un cierto equilibrio interior. Aquellos que escogen el segundo también lo alcanzan, y de una manera quizá más sabia, pero suele ser bastante difícil seguir ese camino si no se es una persona especialmente preparada para ello.

Es por eso que agrego esta nueva regla a mi manual de misiones e instrucciones: Abandona la sopa.