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viernes, junio 26, 2026

Es la muerte, que me alcanza

 Uno, de joven, se piensa eterno. Pero, lamentablemente, al ir envejeciendo, y ante las pruebas repetidas de ese envejecimiento, también.

Es como que no alcanza realmente el tiempo para lo que uno siente, o sabe, o presiente, que DEBE hacer. 
Por ejemplo leer más. Por ejemplo preocuparse menos. Por ejemplo cuidar más el cuerpo, las comidas, los pensamientos.

Me pasa a veces que no tengo tantas ganas de seguir una vida que me fue impuesta, pero a su vez quiero que las cosas mejoren. Y empiezo algo, alguna pequeñez, que en teoría mejora la vida actual. Pero un inesperado se presenta, y jode todo el plan. Y las ganas.

Por ejemplo, un viaje donde caminé más de 10 kilómetros por día en promedio, y al regresar me encuentra con una lesión en el pie, que en realidad es producto de una lesión en la pierna los últimos días del viaje. Luego de terapia, ejercicios, que parecían no llegar a nada, un nuevo indicio de otro nuevo problema, sin que el previo haya quedado del todo solucionado aún.

Yo no sé qué es. No entiendo, más allá del "todo es ilusorio" o "todo es sufrimiento" o "todo produce insatisfacción". Porque podría adoptar esa premisa de vida, pero eso no cambia nada lo que aparece porque sí. 

"Si no caminabas tanto no hubiera ocurrido eso". Pero, ¿es eso cierto? no lo puedo saber. "Si X entonces Y". Pero nadie sabe.

¿Qué debería hacer entonces? ¿Desistir? ¿Persistir a pesar de todo? De qué sirve la disciplina si algo que supuestamente era para bien, tiene una inesperada ramificación hacia peor. Cansa.

Quizá ya se me escapa lo bello, pequeño o grande, del mundo. Pero la vida debe seguir. Debe. Con qué objeto, no lo sé bien, pero uno se aferra a lo que tiene, con sus cosas malas y cosas buenas. Hay gente que la tiene muchísimo peor, y se aferra. ¿Por qué? 

domingo, mayo 24, 2026

Aguas turbias

He visto muchos tipos de agua, en pequeño y en grande. Masas de agua, como el mar, o como un río. O más pequeño, como una laguna, un lago, una cascada. He visto las aguas claras en algunos lugares del mundo, y, en otros, las aguas turbias, marrones, oscuras, negras. 
Nada de eso me ha cambiado. 

La primera vez que vi el mar fue del otro lado de la cordillera, en Chile, en un viaje a Valparaíso. En ese mismo viaje conocí a Mónica, allá por 2007, ¡casi veinte años! Y el último mar que visité fue hace unos pocos meses, en Honshu (Japón); allí no conocí a nadie, lo cual, eventualmente, se convirtió en una de las razones de darle un poquito de vida a este blog que nació en 2005. 

¿Cuántos mares diferentes en 2026? El mar tranquilo de Japón, al menos en las partes donde lo vi, y luego el mar tumultuoso de Galicia. Pero vivo en una llanura, rodeado de pequeñas lagunas, contaminadas varias de ellas, y del mar solo tengo visitas y recuerdos.

Si cierro los ojos, recuerdo un momento de angustia muy fuerte frente a ese mar. Un momento que no dolía, pero que hace tiempo no aparecía ante mí. Pero, por fuera, nadie sabía de esto. Mi máscara se mantuvo, y cuando pensé en abrirla, me di cuenta de que no serviría. Ni siquiera estar rodeado de muchas personas y aun así aislado, sino rodeado de muy pocas, que me han hecho llegar a pensar que aislarme termina siendo una forma de protección necesaria.

Para qué abrir el corazón a gente que piensa o siente que le estás mostrando una receta de comida. Para qué sufrir por la falta de comprensión real, que añadiría carga, peso y dolor al sufrimiento ya crónico. Bah, más que nada tristeza.

Aún no sé nadar. Ni en el agua, ni en el mundo. Probablemente nunca aprenda. Pero el agua que me rodea es turbia, y me impide ser mi mejor versión. ¿Excusa?, no lo sé ya, solo aprendí que aquí, y con estos, no puedo realmente ser. 

 

domingo, marzo 01, 2026

Pajaritos y el fin del universo

Los pajaritos pasan por el lavadero que está al lado de mi habitación, la única puerta al aire que tengo, que tenga un poco (no total) privacidad. A veces se detienen en el piso buscando alguna miga, o solo porque terminaron ahí, sin buscarlo. Ellos viven así, simple, y luego mueren. Algunos de manera trágica, otros quizá de viejitos. Mientras tanto, se cruzan con decenas, quizá cientos de personas diferentes. Y para ninguna de esas personas ese gorrión o pajarito de otra marca es significativo más allá de una apreciación temporal si lo ven y lo miran. Descubrí, hace no mucho, que soy como esos pajaritos. Pero la diferencia está en que una persona difícilmente pueda reconocer o comunicarse con ese gorrión, a no ser que tenga una marca notable en el cuerpo, las plumas, las patas, algo. Sería difícil buscarlo. Pero a una persona no, teniendo tantos medios de acceder, o incluso buscando en internet, aunque tampoco dejé muchos rastros allí, por privacidad. Y soy un gorrioncito más, algo que alguna vez miraron y luego pasaron los años y quizá aparece en un pensamiento fugaz. La diferencia es que no soy un pajarito, y aparentemente tengo más sentimientos que ellos. Que los pajaritos, digo, no que las personas para las cuales fui solo un momento; largo o corto, no importa. Un momento. Ellos al menos vuelan, aunque... también vuelo, supongo. Al viajar, al imaginar, al leer. Mi mente no permanece solo aquí, y mi cuerpo tampoco, como viajero que me considero. Ahora que lo pienso, esas migas que ellos buscan en mi lavadero, también son como lo que a veces busco o busqué. Unas migas, que algunas veces eran un pan entero, pero otras eran incluso migas rancias, que hacían doler. Y no la panza. Las cosas que uno piensa un domingo por la mañana, escuchando música, sin salir al sol, refugiado en la propia ermita. Sin embargo, no estoy triste. Quizá porque ya es un estado crónico lo que siento, y la tristeza se siente diferente, pero únicamente cuando es fuerte, inevitable, dolorosa.

jueves, agosto 01, 2013

Lo que me dejaste

No cae la lluvia todavía, pero el cielo sigue gris, tan gris como otras veces pero todavía más gris. No me atreví a salir hoy, decían que la lluvia caería durante horas y eso me acobardó.
Hace unos meses perdí a mi mascota. Olvidé cerrar la puerta durante uno de los cada vez más habituales días grises y al salir fuera la lluvia acabó con ella. Lo único que pude rescatar fueron sus garras, el resto quedó convertido en polvo. Decidí no volver a tener mascotas, así como hace un par de años atrás decidí no volver a tener amigos.
De niño siempre me gustó la lluvia. Salía a correr bajo las gotas de agua, gritando, riendo, lleno de vida y alegría. En ese entonces no tenía mascotas; tampoco amigos.
Me preparo un té, e intento no recordarte, no mirar tus fotos ni la urna donde estás, la urna donde están. Algún día me desharé de ella, hoy no, todavía quedan muchas cosas por curar antes de seguir adelante.

- ¡Pero no es cierto! ¡te juro que no es cierto!
- Ellos te vieron María, no quieras mentirme, te vieron y me lo contaron. Les creo.
- ¡Andá a cagar! ¡siempre fuiste un imbécil, siempre te dejaste manejar por los tarados esos!
- Por favor María, son mi familia, por favor…
Y se va, sin dar un portazo, sin decir nada más. Se va.

Dicen en la radio que las lluvias serán cada vez más frecuentes, hasta que lo raro sea un día sin ellas. Una pausa publicitaria. Productos protectores que no sirven, capas aislantes que nadie puede pagar, escudos personales en los que nadie confía. Toda una nueva industria desarrollada a partir del terror, del miedo, del caos que se inició con tu partida.

- No te preocupés, todo va a salir bien. Si ya no te quería no había razón para que siguieran juntos. Volvamos al trabajo ahora, la oficina central está presionando para que entreguemos resultados.
- ¿Pero no entendés? sin ella no soy nada, sin ella no hay razón para vivir.
- No empieces con esas frases de película americana barata. ¡Pensá que lo que logremos acá puede salvar a mucha gente de la miseria!
- Bueno, está bien, volvamos al laboratorio.

Pensé en matarme la primera vez que pasó, después de todo mi equipo fue el principal responsable del error. No, yo fui el responsable. O vos.
Se me volvió a enfriar el té; siempre me pasa, me pongo a pensar en boludeces y se enfría el té. O me equivoco en la cantidad correcta de reactivo. Aunque ahora me preocupa el té nomás, lo otro ya no tiene solución. No vas a volver, eso tampoco tiene solución.

- ¡Pero qué hiciste boludo! ¡te pasaste con el reactivo! mejor suspendamos todo hasta mañana a ver si estás menos distraído.
- Vos fumá, en una de esas descubrimos algo nuevo y salimos en bolas gritando ¡eureka, eureka! Aunque la verdad está un poco frío para andar en bolas por los pasillos.
- Ché, ¿qué mierda es eso? ¡Ay, quema!

El gobierno nos cubrió, nadie se enteró que el gris de hoy y el de todos los días por venir salió de nuestro laboratorio. Bueno, nosotros lo sabíamos.
El primero en desintegrarse fue Samuel. Un segundo estaba ahí tocando la nube y al siguiente se había convertido en polvo.

- Entonces él está en el quinto laboratorio contando desde la puerta, ¿verdad?
- Sí, esperalo ahí nomás si no está.
- Dale, gracias, ¡se va a llevar una sorpresa el tarado!

La segunda fuiste vos.

martes, diciembre 18, 2012

Sobre las relaciones

Hay veces en que me sorprendo pensando en las amistades que fueron, aquellas que terminaron ya sea por decisión propia de ir alejándome, o por decisión del otro de alejarse, que fueron las más. También esas otras que terminaron porque ninguno de los partícipes pensó que valía la pena seguir manteniéndola viva, aunque fueron las menos.

En realidad, tampoco es que hayan sido tantas amistades las que acabaron, así como tampoco son muchas las que siguen siendo tales. Y hay otras relaciones que a veces las pienso como tales, y a veces las “bajo” de categoría sin decir nada. De hecho, antes era reacio a llamar amigos a muchas personas que se consideraban tales, pero más que nada por una clasificación que tenía, muy estricta en cuanto a los términos; luego la dejé y ya de repente tuve más amigos :P

Como decía, a veces me da ganas de retomar amistades pasadas, o intentar convertir una relación del pasado en amistad, pero generalmente mis intentos son infructuosos. Si bien hubo suerte en algunos casos, no fue lo usual.
Lo cierto es que el hecho de pensar en retomar o intentar provocar el nacimiento de una amistad lleva tiempo, y si luego se pasa a la acción, más tiempo todavía. Tiempo, precisamente, es lo que no nos suele sobrar; de hecho es casi lo único que realmente tenemos (sin poseerlo). Es así que una amistad, en curso o en proceso de nacer, es una inversión que hacemos de nuestro tiempo. Y como este es algo que valoramos cada vez más a medida que crecemos, a veces suele pasar que nos es más difícil decidir si nos embarcamos en la aventura de conocer al otro o no, sobre todo si no hemos tenido buenas experiencias en el pasado.

Personalmente, suelo “gastar” mucho de este tiempo limitado intentando reencontrarme con mis afectos del pasado. Como no suelo ser muy dado con la gente (o eso dicen), no es tanta la gente que entra en esa categoría y con la que ya no tengo contacto. Lo malo es que una actitud de este tipo hace que me cueste poner distancia de la gente cuando siento que debo hacerlo. Un apego malsano que generalmente me impide dar entrada a nuevos aires en mi rutina social. Supongo que a todos nos pasa, no animarnos a cerrar puertas, que nos ayudaría a poder abrir otras.

En otros casos es peor. Es doloroso desprendernos de aquello que queremos, aun sabiendo que no somos correspondidos, siendo que en realidad no nos desprendemos de nada, porque nada tenemos. Duele más, posiblemente, alejarse de aquello que queremos que dejar que la persona que no nos corresponde en este cariño se anime y decida poner distancia. Aunque a veces sucede que no nos damos cuenta de que el otro intenta hacer eso, también es cierto que otras tantas veces la persona en cuestión no se atreve a plantear un alejamiento de manera directa o indirecta, y permanecemos en la incertidumbre.
Saber, por experiencia propia, de la angustia o tristeza que nos da esa situación donde la otra persona no quiere o no es capaz de darnos una señal clara acerca de su deseo o no de relacionarse con nosotros, debería darnos la pauta de cómo debemos comportarnos cuando estamos del lado opuesto: dar señales claras y/o hablar claro acerca de lo que queremos de esa persona. Quizás en principio es más doloroso, pero es un dolor puntual, y no dejamos a ese otro vagando en una sensación constante de inseguridad.

Otra manera de hacer frente a esa sensación de no-saber, ya estando del lado del que no sabe, es confrontar al otro y obligarlo a desprenderse de nosotros o al menos aclarar qué es lo que realmente significamos para él/ella. Es cierto que las confrontaciones no suelen ser muy bonitas, pero se torna necesario si queremos seguir adelante, ya sea junto a la otra persona, o por cuenta propia. En la mayoría de los casos obtendremos una respuesta.
El problema es que el otro puede mentir.

Continuará (creo)...

martes, diciembre 04, 2012

Mochilero - Segunda parte

Luego de haber pasado la noche en la comisaría de la ciudad de Ituzaingó, y conocido por dentro las instalaciones de la EBY (Entidad Binacional Yacyretá), caminé desde la ciudad hasta el peaje, unos seis o siete kilómetros. Comencé a hacer dedo, con la idea de conseguir transporte directo a Posadas, capital de Misiones, o más allá de ser posible.
Estuve un par de horas esperando, hasta que finalmente una camioneta se detuvo y me hicieron subir atrás. El viaje estuvo bien, principalmente por las ondulaciones y el verde que se veía en todas direcciones. En determinado momento comenzó a llover y me mojé un poco, pero la alegría de estar viajando compensaba.

Llegamos finalmente al hipermercado que se encuentra en las afueras de la ciudad, junto a la estación terminal, y los chicos que manejaban me dijeron que tenían que detenerse allí, pero que luego seguían hasta el centro de la ciudad, que si quería esperarlos los esperara y me llevaban ese otro trecho. Acepté, y entré con ellos al hipermercado. Creo recordar que compré un poco de fruta para el almuerzo, ya que era mediodía. Seguimos viaje, y me dejaron a unas cuadras del río, luego me indicaron cómo llegar hasta la costa.

Caminé en bajada y en zigzag hasta que di de narices contra un camping que había en ese momento sobre la costa. Ya que estaba, y previendo que en algún momento debía dormir, pregunté si era posible acampar sin carpa y me contestaron que no.
Seguí paseando, ahora sobre la costanera que parecía inaugurada hace poco tiempo; a esa hora no había mucha gente, lo cual siempre es algo bueno si uno quiere disfrutar de ciertas cosas.
En determinado momento me crucé con una chica delgadita, de remera a rayas, que caminaba despacio y tenía un nosequé, una cierta paz interior que se notaba hacia fuera. Me quedé pensando en ella un rato largo, pero seguí conociendo la costa. Un poco más tarde, decidí ir a conocer otras partes de la ciudad, como la plaza principal y el centro.

Mientras caminaba por la plaza vi a la misma chica de la costanera sentada en un banquito de allí, y como tenía ganas de conocerla o hablarle me quedé dando vueltas, acechando como quien dice. El problema es que en esa época de mi vida (ahora no sé…) era bastante tímido, así que no tenía idea de cómo iniciar conversación con una desconocida sin sentir que la estaba acosando. Luego de media hora o más tiempo hice de tripas corazón como quien dice y me acerqué con la excusa de pedirle indicaciones sobre la ciudad. Me contestó, sonriendo, que ella en realidad no era de allí, sino de Buenos Aires, y luego de intercambiar otro par de preguntas respuestas me invitó a sentarme :)

Recuerdo que charlamos de bastantes cosas, de libros en principio, ella sacando los que llevaba en su bandolera y yo el par que llevaba en la mochila. Luego, de cómo la educación previa no condiciona totalmente la posterior que uno pueda elegir. De que no es tan complicado iniciar conversación con conocidos. Etc., etc.
Finalmente ella debía irse, y no le pregunté su dirección de correo o si usaba ICQ, algo de lo que me arrepentí muchas veces después, lento que es uno.

Seguí descubriendo la ciudad, y luego, ya haciéndose de noche, volví a la costanera a pensar dónde dormiría.
Estando sentado por allí, me encontré con un compañero de facultad, pero no le pregunté sobre alojamiento, sólo nos saludamos. Luego me detuve a charlar con unos artesanos que estaban vendiendo sus pulseritas y demás cosas, y les pregunté si conocían de algún lugar donde pasar la noche sin ser esquilmado, y sin tener carpa. Me sugirieron ir a un cuartel de bomberos y preguntar si podía quedarme allí, y me pareció una buena idea.
Caminé bastante, sin tener idea de calles ni tener un mapa, preguntando a la gente, hasta que llegué a un cuartel y luego de hablar con dos bomberos me dijeron que como el superior no se encontraba no podían autorizar que me quedara. No era la mejor noticia, siendo tan de noche.

Caminando caminando di con un cybercafé, y me conecté al ICQ, donde busqué gente de Posadas que estuviera online, a efectos de pedir ayuda sobre la ciudad. Me puse a charlar con una chica que me sugirió buscar la terminal vieja de la ciudad.
Me despedí de Internet, recomendando por correo a una amiga de ese entonces que me avisara al celular sobre la posible extensión del fin de semana, ya que parecía que un feriado del martes se pasaba a lunes, lo que me daba otro día de viaje.

La terminal vieja no sé bien si no encontré, o si no había manera de descansar allí, pero pensé en ir a la terminal nueva y ver avisos de posibles pensiones económicas. Tomé un colectivo y en un rato estuve ahí. Como vi que tenían una sala de espera cerrada, decidí pasar la noche allí. Fue la primera vez que dormí por voluntad propia en una estación, más adelante se volvería una constante en mi vida: estaciones de buses, de trenes, aeropuertos, todavía me falta dormir en un puerto.

Dormir allí me hizo sentir un poco mal. Es que fue una noche fría, y comenzando la madrugada apareció gente que al parecer no tenía otro lugar donde pasarla, niños sobre todo. En mi caso había escogido pasar la noche allí, en el de ellos probablemente no había opción. Muchos años después volví a hacer noche en la misma estación, y nuevamente me encontré con gente sin techo intentando guarecerse. En otras estaciones, por ejemplo la de Santa Fe, son mucho más civilizados y no te permiten dormir dentro de la misma, no vaya a ser que alguien se escandalice.

Al día siguiente, contando con la posibilidad de tener dos días libres luego del domingo, decidí seguir viaje e intentar llegar a Puerto Iguazú, o hasta donde pudiera. Mi plan era seguir viaje todo lo posible hacia allí, y regresar en algún colectivo nocturno a Resistencia la noche previa al primer día laborable de la semana.
Se supone que la opción más fácil, estando en la terminal, era tomar un colectivo directo hasta donde fuera, pero era un viaje “de mochilero”, y había que cumplirlo de esa manera, al menos la ida.
Haciendo averiguaciones varias me sugirieron ir a control policial situado en las afueras de la ciudad, en la confluencia de dos rutas nacionales, una que se toma para ir hacia Buenos Aires, y la otra hacia Brasil.
Antes, pasé por la plaza donde había charlado con Cinthia (no sé si su nombre se escribe así, pero era ese), y le dejé un papelito con mi número de ICQ y correo a un vendedor que tenía por allí su puesto, pidiéndole que si ella volvía a aparecer ese día se lo entregara…

En el control había demasiada gente, y fue otra larga espera hasta que paró un colectivo lechero (nota: se llama así a los colectivos que se detienen en todo pueblo habido y por haber a lo largo de un determinado recorrido). Se me ocurrió charlar con el conductor, ¡y a él se le ocurrió llevarme sin pagar! También primera (pero no última) vez que hacía algo así. El trato era que debía bajarme en San Ignacio, lugar donde se encuentran unas famosas ruinas.
Cuando pasó el que controlaba los tickets me dio un poco de temor de haber interpretado mal al chofer, pero le dije que había hablado con él antes y me había permitido viajar sin pagar hasta ese pueblo. No se lo dije de esa manera, pero al final resultó que sí había sido correcta mi interpretación, porque luego de hablar con el chofer la persona del control no me jodió más.
Llegamos al pueblo, di las muchas gracias como me enseñaron a hacer y porque soy una persona muy educada, y me bajé a conocer el pueblo y las ruinas jesuíticas.

Todavía, diez años después, no tengo muy claro si en ese entonces no se pagaba, o si no haber pagado para conocer las ruinas tiene que ver con el hecho de que entré por un costado y no por la entrada principal. Quizá que casi fuera mediodía tuvo que ver un poco.
Recorrí un poco, me senté en el pasto, y cuando me cansé salí con ganas de volver a la ruta y hacer dedo hacia el oriente misionero. El universo tenía otros planes para mí, bueno, mejor dicho el gobierno. Se habían puesto de acuerdo gobierno provincial y nacional, y el feriado era únicamente en martes, nada de dos días.
Supongo que diez años atrás era una persona supuestamente más responsable que ahora, porque no se me pasó por la cabeza faltar el lunes al trabajo y no volver hasta el miércoles. Creo que hoy día la decisión hubiera sido otra :P De cualquier manera, intenté hacer dedo para regresar a Posadas, pero terminé tomando otro colectivo lechero que iba repleto de gente.

Otra cosa que me hizo sentir al tomar ese colectivo fue un brasilero, que protestaba porque íbamos todos apretados y hasta sentados contra el parabrisas. Luego de discutir con el conductor, este lo bajó en el medio de la ruta, sin ningún pueblo o parada a la vista. De ser consecuente con mis principios, hubiera debido bajarme allí también, pero antes era todavía más pusilánime que ahora, así que cerradito el pico seguí viaje.

Llegamos a la estación y compré un boleto para el primer colectivo hacia Resistencia. Llegué ya entrada la noche, tomé un urbano hacia el centro y caminé el resto hacia lo que en ese momento consideraba hogar.

Y colorín colorado…

(La primera parte se puede leer aquí).

martes, noviembre 27, 2012

Mochilero - Primera parte

La primera vez que hice dedo fue por cuestiones puramente económicas.
Siendo del interior de esta provincia, vine a estudiar a la capital, y el hecho de ser un niño sobreprotegido (sí, todavía un niño a los 19 años), hizo que a las tres semanas de estar en esta ciudad ya deseara visitar mi pueblo. Éramos varios compañeros de secundaria los que vinimos a estudiar en la misma universidad, unos cinco o seis decidimos un día volver al pueblo “haciendo dedo”.

El viaje fue largo, y a pesar de viajar un poco separados en grupos de dos, casi todos coincidimos finalmente en la rotonda que comunica la segunda ciudad del Chaco con mi ciudad natal. Al final, llegamos sanos y salvos, y hambrientos :)
Se repitió otras veces el mismo viaje, siempre yendo a dedo con un bolso de ropa sucia y volviendo en colectivo con ropa limpia y alguna que otra golosina.

El primer viaje que no fue por “necesidad” lo hice un par de años más tarde, en el año 2002. Ya era una persona que contribuye a la sociedad (ja, léase “ya había comenzado a trabajar”) y estaba viviendo en una casa diferente, junto a una amiga y su madre.
Un miércoles previo a la semana santa fui a una tienda de camping y compré una mochila, roja, y el jueves por la siesta comencé a hacer dedo dentro de la ciudad, con la idea de llegar a Misiones. Una idea un tanto tonta, por cierto, la de hacer dedo en una avenida, pero finalmente se detuvo un taxi compartido y por un poco de dinero me dejó en las cercanías del único hipermercado (en ese entonces) de la ciudad. Allí compré una bolsa de dormir, un par de panes de cereal y una botella de agua; luego caminé hasta una de las rotondas de la ciudad y comencé a hacer dedo hacia la ciudad de Corrientes.

El primer coche que se detuvo se dirigía al otro extremo de esa ciudad, lo cual era muy conveniente, pero lo inconveniente fue que pinchó una rueda y tuvimos que perder una hora arreglando el asunto. Finalmente me dejó en una de las rotondas al este, y de allí tuve que caminar varios kilómetros hasta un control policial, donde había otra gente también con destino similar. Ya de noche, conseguimos transporte hasta Itatí, y allí nos quedamos.

Estando frente a la Virgen de Itatí, compartimos mis panes, un par de sándwiches, y el agua que teníamos, que no era mucha. Le pedimos a la bendita virgen que nos consiguiera transporte, pero ni modo… Finalmente, saqué mi bolsa de dormir, la abrí y extendí como una colcha y nos turnamos para dormir un poco.

A la mañana siguiente se hacía interminable la espera, por más oraciones que le rezaran los otros compañeros a la virgen. Un par de camionetas de gitanos pasaron por allí y dos de los cinco que estábamos esperando lograron acomodarse. Los otros tres seguimos allí, sin mucha suerte. Afortunadamente habíamos conseguido agua, y unas cuantas piezas de mandioca hervida que uno se animó a pedirle a un señor que vivía por ahí.

Una camioneta toda destartalada, con la caja llena de elementos de trabajo (escaleras, mezcladora, etc.) propios de una cuadrilla de albañiles, se ofreció a llevarnos hasta Ituzaingó. El problema era que no cabíamos en la caja, o al menos eso parecía, pero era tal la desesperación por salir de allí que aceptamos sentarnos con las piernas fuera de la cajuela. Además de estar en esa posición un tanto incómoda, resultó que la camioneta no andaba muy bien y los amortiguadores traseros apenas soportaban todo el peso, lo cual hacía un poco peligroso el viaje cuando nos cruzaba algún camión y el conductor se dirigía a la banquina. Finalmente llegamos a Ituzaingó, y allí nos bajamos dos: un joven/señor que vivía en una de las viviendas (bah, en dos, un cuarto era suyo y el otro de su pareja) que había construido la EBY en tiempos de la obra, y yo.

No tenía la menor idea de dónde iría a dormir, pero la persona que se había bajado conmigo me permitió usar su baño, así es que me bañé y luego me fui a conocer la ciudad, dejando para más tarde la preocupación de dónde dormir.
Cuando ya se hizo más tarde me fui a la parroquia local, con la idea de preguntar al cura si tenía algún cuartito donde pudiera alojarme. Por ser viernes santo estaba repleto de gente, pero nunca pude dar con el cura y tampoco me atreví a insistir demasiado. Como es costumbre ahora cada vez que viajo, me fui a la plaza central de la ciudad a esperar que pasara algo. No sólo no pasaba nada, sino que además llovía de vez en cuando, así que la idea de tirar la bolsa en la plaza resultaba impracticable. La otra idea, meterme en un local bailable y amanecer allí, también era un tanto insatisfactoria. Finalmente me cansé de esperar y crucé la calle en dirección a la comisaría que se encuentra frente a la plaza de la ciudad.

Un poco mojado, con una mochila llena de nada realmente útil aparte de la bolsa de dormir, le planteé mi situación a la persona que atendía. Mentí que en la parroquia me habían enviado a preguntar allí, y el policía entre serio y burlista me dijo que esperara, que le preguntaría a un superior.
Me hicieron pasar a la oficina del superior, donde me preguntaron qué hacía de mi vida, que porqué estaba viajando así, etc. Luego, que no era un hotel y que de cualquier manera todos los calabozos estaban ocupados, pero que verían si les sobraba un colchón. Cuando confirmaron que había un colchón que podían tirar en la cocina, el comisario (bueno, no sé si era un comisario, pero era la persona a cargo en ese momento) me dijo que me podía quedar esa noche, pero que tendría que irme temprano antes de que llegara el reemplazo, alrededor de las 6 de la mañana, y que eventualmente tendrían que revisar mi mochila. Dije a todo que sí y me dispuse a pasar la noche en la cocina :)

Al día siguiente me despertaron temprano, me convidaron mate con bizcochitos, no me revisaron nada, y me despedí de ellos camino a la hidroeléctrica. Por el camino, me deshice de una trincheta que se me había ocurrido llevar por seguridad. Pude tomar el primer bus turístico en Yacyretá, y bastante temprano quedé libre para seguir mi camino.
Caminé desde la ciudad hasta el peaje que se encuentra a varios kilómetros de distancia, y comencé a hacer dedo con la idea de llegar a Posadas, la capital de Misiones.

(Continúa aquí).

jueves, julio 05, 2012

Elefantorias

Había una vez un elefante
que caminaba con la trompa pa’delante
a veces tropezaba con su trompa,
se caía y rodaba hacia las sombras

De niño había sido bueno y cuidadoso
aunque sus amigos eran muy escandalosos
pero cuando se hizo grandote y orejudo
dejó de ser un elefante macanudo

Poco a poco aprendió las brujerías
que mejoraba practicando día a día
una vez convirtió una rana en sapo
e hizo que un árbol maullara como un gato

Sabemos le costaba demasiado
usando sus orejas ir al pasado
no podía encontrar una manera
de volver a comer enredaderas

Pasa que las plantitas se habían terminado
cuando el tiempo de los rápidos tornados
tanta brujería, tanto conocimiento
no recuperaron ni el comino ni el pimiento

Es complicado ser un paquidermo
cuando tu brujería no cura ni a un enfermo
cuando la panza ruge pidiendo ensaladita
y sólo encuentras chocolate y galletitas

Tuvo suerte sin embargo un día
cuando encontró caminando a una sandía
que se había fabricado su medio de transporte
usando de patas a un cangrejo y su consorte

Siendo un elefante tan maleducado
intentó comerse a la sandía de un bocado
haciendo caso a esa antigua y muy falsa enseñanza
que habla de adquirir la magia con la panza

Realmente fue inútil tal experimento
ya que la sandía previó su movimiento
lo convirtió en calabaza con forma de peonza
acabando así con esta historia zonza.

jueves, junio 21, 2012

Niño con vegetales

Para comer un niño lo primero que se necesita es un niño tiernito y unas cuantas verduras.

Lo primero, ante todo, es asegurarse de que el niño no se mueve más, porque si se mueve intentará escaparse de la olla en cuanto el agua comience a romper el hervor, y eso no es para nada bueno si queremos que nuestro plato quede de lo más sabroso. A fin de comprobar si el niño se mueve o no, lo pincharemos con un tenedor en alguna de sus extremidades, si reacciona es que se moverá, si no lo hace, es que no.
En caso de que el niño no pasara la prueba del tenedor, podemos asegurarnos de su inmovilidad futura usando un garrote de los de cazar adolescentes, dándole un par de golpes bien dados, y procediendo luego a realizar la prueba del tenedor previamente explicada.

Una vez asegurada la inmovilidad del niño, comenzaremos a prepararlos quitándole en primer lugar las partes menos sabrosas: los dientes y los cuernos. Con los dientes podemos hacer collares que luego venderemos para poder comprar verduras con el dinero justamente ganado; los cuernos pueden servir para guardar especias y polvos mágicos, todo esto lo haremos una vez limpiados concienzudamente con lejía, caso contrario las especias y/o los polvos podrían perder sus propiedades.
Algunos chefs más exigentes sugieren quitar las uñas, pero eso queda a gusto de cada uno, en nuestro caso nos ceñiremos a la receta tradicional que nos enseñaron nuestros abuelos que no dice nada de uñas.

Una vez despojado el niño de las partes no comestibles lo meteremos en la olla, en la que previamente habremos calentado una mezcla consistente en ocho litros de aceite de oliva y tres litros de sangre de viuda reciente. En caso de no contar con sangre de viuda, podremos reemplazarla en la mezcla con tres litros de sangre de vendedor de seguros.
La mezcla no debe alcanzar una temperatura muy alta, caso contrario el niño podría perder sabor debido a las quemaduras que se producirían en su piel. Si por algún descuido inicial alcanzó una temperatura no conveniente, podemos agregar un poco más de aceite de oliva para reducir la temperatura de la mezcla.

Dejamos la olla a fuego lento durante unas doce horas, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera de eucalipto. Una vez pasadas las doce horas, y habiendo comprobado que el niño se encuentre en su punto casi justo, echamos dentro de la olla la suficiente cantidad de verduras como para cubrir la olla hasta el tope.
Se habrán dado cuenta de que no hemos señalado qué tipo de verduras debemos utilizar, esto es así porque lo dejamos a gusto de cada uno. Antiguamente la receta tradicional indicaba y detallaba cada tipo de verdura y cuándo cosecharla, pero habiendo desaparecido del planeta la mayor parte de ellas, preferimos dejar a vuestro gusto su elección.

Luego de agregadas las verduras, esperar unas dos horas a que las mismas se hayan reblandecido y proceder a rociar el guisado con abundante vino blanco, retirando luego la olla del fuego.
Servir caliente.

jueves, mayo 31, 2012

Casi siempre

A veces doy la vuelta al mundo antes de que el mundo me dé vueltas, a veces salto tan alto que toco una nube y le hago cosquillas mientras río, y nado, nado todos los lagos, todos los ríos, todos los mares, mientras sueño con mis pequeñas utopías.
A veces miro tus ojos que miran al futuro, y veo en ellos el resplandor de la revolución, el fuego que consume y purifica lo dañino, el fuego que nos consume por dentro y que, muy de vez en cuando, se da maña para consumir lo que no nos deja ser libres.
A veces, cuando duermes, me acerco a la cama y te observo durante unos treinta segundos, luego te observo otros treinta segundos, y así me la paso mientras veo que duermes y sonríes dormida, mientras imagino qué estarás soñando, si será que sueñas con otros, o con otras, o quizá sueñas que estás soñando que los sueños ya no son sueños, ya no más.
A veces camino por la playa, esquivando personas y gaviotas, pisando la arena sin descalzarme, pero luego me descalzo y dejo que la arena se meta entre mis dedos. Luego, voy y meto los pies en el agua, y camino hacia el mar, y sigo caminando debajo de tanta agua, de tanta presión, de esa imposibilidad de respirar, sigo caminando hasta que ya no puedo más, entonces dejo de caminar debajo y camino por sobre él.
A veces soy yo, y tú eres tú, pero la persona que eres y que se encuentra tan cerca de mí está tan lejos que me es imposible acercarme, imposible hacer contacto con la que eres y, como eres parte de mí, imposible también hacer contacto con lo que soy. Entonces, pierdo mi identidad para intentar ser parte de ti, y comienzo a usar tus modismos, tus expresiones, y hasta tu cepillo de dientes. Tu cepillo de dientes que es horrible.
A veces me canso de sobrevivir e intento vivir, pero entonces vienen muchos a decirme que debo comportarme así y asá, que debo hacer esto y aquello, que no puede ser, que así no se puede, y muchas otras cosas que para qué nombrarlas. Y no me dejan intentar vivir, pero es mi culpa, porque los dejo que no me dejen, porque escucho y hago caso a palabras que la persona que quiero ser rechazaría de pleno.
A veces quisiera no tener que explicarte que soy así nomás, y que si te parece que está mal a mí me parece bien, pero que si te parece que está mal y además dices que tengo que dejar de ser así y ser de otra manera, más conforme a lo que tú piensas que debería ser, a mí ya no me parece bien. No me parece bien, no porque piense que una persona que sea así como dices esté mal, sino porque pienso que ser como quieres que sea está mal para mí, ya que dejaría de ser lo que soy y comenzaría a ser otra persona, más acomodada a ti que a mí.
A veces, a veces escribo tonterías y las borro, otras veces las escribo y no las borro, y muy pocas veces las escribo y las hago públicas. A veces me arrepiento de lo primero y de lo último.

lunes, mayo 07, 2012

Escritos IV (no-conclusión)

(Viene de Escritos III (construcción))

Entre las causas de conflicto entre "yo y el mundo", está la cuestión sobre qué papel juego. Mejor dicho, qué papel debo jugar.
Cómo se hace cuando lo que te permiten jugar no es de tu agrado, y lo que es de tu agrado, aun siendo bastante correcto, no se permite. Bueno, se permite, pero con costos demasiado altos para estaturas como la mía. Cuesta más que el dinero del que dispongo, para utilizar otra metáfora.
¿Soy acaso el papel que desempeño en la relación? ¿Tengo la opción de no serlo? ¿Soy diversos papeles cuando soy yo? ¿Existe un yo distinto de los papeles que juego?
Cualquiera que pretende conocerme, sólo conoce el papel que juego en relación con él. Y como ese papel, esa relación, depende de ambos, es algo cómodo a su conocimiento, porque involucra su persona, sus intereses, sus ideas. Pero, obviamente, ¡eso no soy yo!
¿Es que entonces, para descubrirme, deberé dejar de lado las relaciones que me engañan en cuanto a lo que soy?

jueves, marzo 22, 2012

Señas

No tengo palabras.

Nunca las tuve en realidad, nunca fueron mías, son palabras de todos que a veces tomaba prestadas, y a las que les daba un mal uso y hasta abusaba de ellas. Palabras que se quejaban de que su significado no era ese, que era otro, y que me comportara de una manera ortodoxa al acomodarlas en un párrafo. Me hubiera gustado hacerles caso, pero es que no me enseñaron muy bien cómo se las ordena de una manera decente, cómo se hace para que su orden comunique lo que debería comunicar y no otra cosa.
Lo bonito de las palabras es que ellas finalmente me lo perdonaban, total, si no comunicaban, al menos estaban juntitas y podían transmitirse su significado entre ellas: la palabra sol daba calor a la palabra mar, que mojaba las patitas de la palabra arena. La palabra roca era firme en su significado, y reacia a moverse hacia finales de oración, prefería estar rodeada por las otras, prefería ser el centro de atención. Es así que quedaban oraciones no muy significativas, pero que aparentaban contento para el que las mirara al pasar.

Un par de veces me encontré con oraciones ajenas, que se veían bastante felices tal como estaban constituidas, además de significar algo que hasta un tonto entendía. Las miraba con un poco de envidia, pensando quién las habría armado y amado de tal manera como para saber jugar con ellas, pero nunca pude copiar a su creador. Mis oraciones estaban contentas, pero no mostraban su contento a todos, de hecho me parece que fingían para que no me sintiera mal por mi incapacidad de hacerlas rimar o representar algo decente ante el mundo. Eso no se les puede discutir a mis palabras: eran muy buenitas y gentiles.

Poco a poco, mientras mi vida avanzaba hacia estadios que se suponen de más madurez y más experiencia en el uso de las palabras, hacía un uso cada vez menor de ellas y otro uso de cada vez menos de ellas. Palabras que quedaban abandonadas en el tintero, o en el cajoncito de las ideas, esperando su oportunidad que no llegaba. Palabras que no se llegaban a decir o escribir, palabras que se volvían mudas y sordas y ciegas y poco a poco perdían su brillo. Hasta que al final, sólo las palabras más grises y tristes eran las más requeridas; hasta que al final, las palabras más bonitas quedaron sepultadas, olvidadas.
No era la madurez, la madurez no sepulta palabras, no mata las oraciones y los párrafos; la madurez no es eso. Era la tristeza, al fin y al cabo, la desazón, el trágico sentido de la existencia sin sentido. Eran las nubes, otra palabra que siempre aparecía en mis escritos, era el oscuro color de la desesperación de saber que es algo terrible perder las esperanzas. El conocimiento del vacío, la certidumbre de las decepciones.

Las palabras menos bonitas tomaron control de mis dedos y mis manos, mientras se revolvían en orgías de pensamientos sombríos. Era inútil combatir contra ellas, porque el combate mismo era una de ellas. Las palabras bonitas se apagaron, se fueron a otras manos más gentiles, que las supieran tratar con cariño y hacer un buen uso de ellas; fue entonces que me quedé sin palabras radiantes, sin palabras verdes, amarillas, azules, violeta.

Apresado por palabras oscuras, transcurrió mi existencia. Esperando el rescate de alguna palabra, de una sucesión de palabras, de un párrafo, de un extenso escrito que me salve de esta oscura existencia que desluce. desEsperanzado de ser hallado por ellas. Años, muchos, demasiados años. Hasta que un día soñé un sueño que no era gris.
Hasta que un día en el sueño las palabras fueron más que palabras, volví a ver palabras bonitas que se congraciaban de verme y saludarme, volví a ser querido por ellas que me perdonaban mi ineptitud cuando las juntaba. Un sueño de colores, mágico y eterno, un sueño de no-me-despiertes. ¿De dónde habían salido tales palabras que creía perdidas? ¿Estaban todavía dentro de mí? ¿Alguien las había enviado? ¡No importaba! Lo que importaba es que estaban allí de nuevo, para mí, para que pudiera usarlas, mal o bien, pero nuevamente entre mis manos. Saltando de dedo en dedo, de mano en mano, rodeando, abarcando, amando. ¡Las bellas palabras! Un universo de palabras, todo para mí aunque no mío.

Hoy, mi vida pasa entre las monotonías grises y oscuras de mi mundo despierto, entre las tristezas y las decepciones que se suceden día tras día... y por otro lado el mundo de mis sueños. En mi mundo de imaginación, siguen estando ellas y sus significados, sus magníficos significados, sus usos inapropiados y bromas al respecto, su bondad y gentileza ante mi brutalidad y mis dedos duros faltos de práctica.
Hay dos mundos en mí, y en dos mundos estoy yo, en ambos vivo pero sólo a uno pertenezco.

jueves, noviembre 17, 2011

Tuits

  • elector y ciudadano no son la misma cosa...

  • it just doesn't feel right...

  • no tengo que dar explicaciones.

  • "we are the 99%" (lentils, talking about my eating habits :P)

  • exijo mi cueva personalizada

  • anarchy is not about "no rules", is about "no rulers"

  • is a very (sym)pathetic person
  • jueves, noviembre 10, 2011

    Tuits

  • ¿cómo sabes cuándo una persona está repitiendo consignas o desarrollando un pensamiento propio?

  • Connor MacLeod, tú no tienes palabras de vida eterna

  • descónfio de aquel que en un único párrafo mete las palabras "monopolio", "neoliberalismo", "imperio", "capitalismo", "pueblo"

  • un pueblo que vota con el bolsillo no merece ni obtiene un gobierno que gobierne con principios

  • no me vengas a hablar de justicia social con una botella de coca cola en la mano

  • "romanian is ok" (talking with the ticket seller in my dream)...

  • bestiality is underrated.
  • lunes, septiembre 26, 2011

    Cortemos por Lozano

    Complejos procesos del pensamiento (o uno quisiera pensar que ese revoloteo sin ton ni son de las ideas (probablemente ni alcanzan un cierto nivel como para poder considerarse ideas) es pensamiento) que no sólo me cuesta mucho comunicar, sino que ni siquiera estoy seguro de querer hacerlo. No hay obligación, no hay ganas, y a veces ni siquiera hay sentido.
    Uno se debe, ante todo, a uno mismo.

    jueves, septiembre 15, 2011

    Desvariando

    si tengo mis ojos en tus ojos y mis manos en tus manos y mis pies en tus huellas y mi nariz en tu aroma y mi maldita necesidad de ti en el corazón las plantas de los pies los poros los pelos de mi nariz las uñas los genitales el mal aliento de cada mañana que despierto y no te encuentro a pesar de que nunca estuviste pero antes al menos parecía que habías estado o era un sueño pero tan real que el despertar parecía lo irreal sin embargo seguías sin estar aunque ahora tu ausencia es aún mayor y ya no te extraño como antes sino que te extraño más que antes aunque antes no estabas ahora tampoco y extrañar no es algo que se me de bien teniendo en cuenta que uno extraña lo que ha conocido y a ti no te he conocido a pesar de haber visto tus ojos haber tomado tus manos haber pisado tus huellas haber olido tu aroma y haberte perseguido mientras intentabas escapar de mí para evitar que te dijera aquello que debería decirte pero no sé cómo aunque las palabras no sólo me son esquivas sino que además me golpean y me atrapan y me dejan encerrado en este círculo de inútiles desvaríos que no sé hacia dónde me llevan cuando lo único que quisiera sería llegar a ti pero no a la que nunca conocí a esa que no se mostraba sino a la que al menos me regaló una sonrisa fingida o no sonrisa que sólo tú sabes sonreír creo que se me está quemando el arroz así que mejor miro no vaya a ser que se pegue a la olla con lo que cuesta lavarla sin usar demasiado detergente que no es muy ecológico y si tuviera que ser ecológico tampoco creo que me gustaría usar mucho parece que no se pegó y aún le falta cocinarse un poco mejor meto un huevo en la olla de gallina claro si meto de los otros no creo que me agrade demasiado como ese cuento de cómo cocinar un huevo en el microondas tuve que volver a comer huevos o algo así porque aparentemente el haber intentado ser vegano por unos meses sin haberme planteado una dieta decente me está afectando negativamente por ejemplo con el tema de la vista que no es que no vea sino que se cansa la vista y es un poco esporádico así que no entiendo un cazzo qué coños pasa con la misma y estuve viendo unos anteojos con agujeritos que supuestamente ayudan a mejorar o reacomodar o algo por el estilo a ver si me evito tener que usar anteojos que una cosa es ser nerd y otra aparentarlo no es que me moleste pero seguro pierdo los anteojos en el primer viaje como he perdido toallas jabones mochilas handheld y demás cosas por causa de mi natural descuido y despiste así como te perdí a ti por decir cosas que no debería haber dicho y por no haberte tomado de las manos y atarte y no dejarte partir pero eso no tiene sentido si no quieres estar pues no estés pero igual te seguiré buscando persiguiendo queriendo aunque no estés y aunque nunca hayas realmente estado.

    lunes, septiembre 05, 2011

    El vendedor de libros

    Cualquiera puede vender mientras tenga algo para ofrecer: celulares, motos, computadoras, libros. Pero no cualquiera compra según qué cosas, y según qué cosas es lo que a veces puedes esperar del comprador.

    Hace un par de años, cuando conocí a Noah y Leigh, me contaban de su "problema" con el tema de la puntualidad y el cumplimiento responsable de compromisos previos por parte de la gente local involucrada en las actividades que desarrollaban, también me lo comentó otro americano que estaba trabajando en Paraguay. Básicamente, lo que me contaban era que era difícil organizar y mantener en funcionamiento algo si tenían que depender de los locales, porque estos no cumplían lo acordado (en lo relativo a citas convenidas y tiempos), contando casi siempre con alguna excusa para justificarse. En ese momento salí en defensa de la idiosincrasia norteña, diciendo que ellos esperaban un comportamiento cultural impropio, y que debían adaptarse al comportamiento local. Ahora cambié un poco de idea.

    Generalmente no trato con mucha gente, en parte por opción; evito también las reuniones o encuentros sociales, a los que no les veo demasiado significado. Soy lo que algunos llamarían inadaptado social, y no me siento mal por ello. De allí se desprende que no conozco cómo se maneja la gente "normal" local, más aún teniendo en cuenta que mis amigos andan dispersos por el mundo, y los que no tampoco es que sean ciudadanos típicos.
    En los últimos días estuve vendiendo o intentando vender algunos de mis pocos libros en un grupo local de compra/venta, pero no me limité sólo a libros sino que decidí despojarme de algunas cosas que sobran en mi casa (las arañas no sobran, forman parte de mi plan para el futuro ;P). Por causa de esto, tuve que tratar con personas que normalmente no hubiera elegido tratar... y descubrir que mis amigos de Salta tenían algo de razón :-/
    Luego de haber estado en contacto, en mi vida cotidiana, con gente que cumple con los horarios convenidos, tener que aguantar los quesíquenó de gente que no tiene claro lo que quiere, o no piensa en los tiempos ajenos. Gente que podríamos llamar irresponsable, pero que aparentemente no se ven así porque su modo de comportamiento parece es el normal, o es aceptado como lo normal.
    A partir de esto, me dieron más ganas de permanecer en mi aislamiento, en mi cueva con una ventana al mundo y a mis amigos a distancia. Me parece una postura quizá un poco antipática, pero útil al fin.
    Hay, sin embargo, un detalle probablemente obvio: los compradores de libros se comportan de una manera más responsable que los compradores de otras cosas, pareciera entonces que el tema del incumplimiento no es sólo una cuestión social, sino también cultural.

    Hace bastantes años atrás compraba libros... luego fui regalando bastantes de los que tenía leídos hasta que mi biblioteca personal quedó bastante reducida, constituida al final sólo por libros que no había leído o que me gustaron tanto que prefería mantenerlos conmigo, para alguna relectura futura.
    A principios de este año comencé a leer en Estambul un libro que me gustó mucho, pero que no acabé de leer; al regresar a Argentina vi que costaba demasiado y que no existía su versión digital, hasta que un día lo encontré usado en Internet y lo compré junto con otros, ¡volví a comprar libros en cantidad luego de varios años sin hacerlo!
    Más o menos al mismo tiempo que leía estos libros, comencé a tener problemas de vista al intentar leer mucho en el monitor, problemas que no existían al leer en papel. Por ello, por haber conseguido ese libro y comprobado que tendré que volver a leer en papel por un tiempo (¿o para siempre?), decidí desprenderme de los libros que mantenía por puro fetichismo en mi biblioteca. No de todos, pero de aquellos que ya he leído, o que sé no leeré. Alguien más podrá aprovecharlos, y podré reinvertir ese dinero en más libros ;) Y eso, vender libros y contar más o menos acerca de su contenido, me gustó.
    Puede que haya encontrado, o en realidad redescubierto, una actividad que me gustaría realizar como trabajo... el problema es que hoy en día, en estos tiempos de consumo cultural y del otro, es muy difícil tener una librería pequeña, íntima, o al menos eso es lo que parece.

    Es divertido como cosas que comienzan como una simple distracción, nos hacen rever nuestros planes y nuestros sueños. Vivir es divertido :)

    jueves, agosto 11, 2011

    Desprolijo y sin estilo

    Me iba a Brasil, pero luego no me animé y me iba a Bolivia, pero entonces me dormí y terminé yendo a Misiones, por gente que no te avisa que no está tan lejos y para terminar no encontrando a alguien, y conocer a gente que viajó bastante y estaba de regreso y compartir la noche con gente de varios lugares que tenía sus vicios que no eran los míos, y regresar, y luego Corrientes pasado por agua, y volver y descansar ya con treinta y tres para despertarme y decidir por la mañana ir a Bolivia, pero en la ruta que se hizo larga a sesenta kilómetros por hora, mate que hace odiar al dentista, y mientras recibir la invitación para quedarme en Salta, entonces pensar en ir a Chile o Bolivia otra vez dependiendo del próximo generoso conductor y dormir en la terminal de la ciudad de siempre, compartiendo cuarto con tres más que uno roncaba y otro otros ruidos, y por la mañana un par de horas y terminar llegando a Salta, visitando a los amigos que ya no son tan nuevos, y descubrir que la gente que no te avisa sigue en la ciudad, y entonces ver qué hacer si encontrarse o no, y finalmente confirmar que Chile no porque cae nieve en invierno a pesar del calor en Salta, y encontrarse con la persona para saber qué onda, y no animarse, y animarse, y al final descubrir que hay cosas que terminan y está bien que terminen, y no poder conocer a alguien por no poner suficiente energía alguien y uno en conocerse, y luego disfrutar el tiempo con un amigo, y no seguir a Bolivia ni a Chile, y decidir ir a la ruta y sobre la marcha encaminarme, y no Jujuy un par de días antes de la represión pero tampoco Tucumán por falta de un teléfono, y entonces pensar que mejor volver y descansar, y comenzar a volver y el prejuicio de parte de otros mochileros, y las horas bajo el sol leyendo, que aún puedo leer de un libro sin marearme, y la suerte hasta la ciudad de siempre donde duermo siempre todas las noches de ida y de regreso, pero seguir intentando y luego la familia humilde, y la invitación rechazada para que no se hiciera de noche, y la pena por la pobreza y sentirme mal, otra vez, pero al final cinco kilómetros y esperando en un control ya de noche, y un camionero que hasta por acá nomás, pero que al final un poco más, y luego pinchar una goma, y luego pasar la noche cada vez más cerca esquivando controles y balanzas, y ya demasiado tiempo con la misma persona, y pensar en visitar a la familia pero un sms que nunca llegó y entonces a seguir viaje, y llegar a la ciudad y descansar.
    Y el pedido de couch por una semana, y que sí y que no, y que al final sí pero con condiciones, y al final las casualidades de Italia, pero por Estambul, pero de Chile, y otra casualidad viniendo de Chile, pero no Italia sino Siria, y escuchar Estambul al caminar escuchando gypsy, pero también gypsy que era Izmir junto a otro final de relación, y un correo, y Ramadán, y volver o no volver, querer pero no saber, y pasarla bien hospedando tanto, y aquí cerca Estambul pero de Perú, con un libro comenzado allí y terminado aquí, y luego Francia pero de Chile, y tantas cosas pero al final casi nada, pero la vida a veces se pone un poco mágica y a veces un mucho, y el pasado que vuelve en países y más países, pero al final puede ser presente pero uno no sabe si será futuro, y volver volver volver, pero siempre en círculos y nunca llegar ni avanzar ni nada.
    Vivir cansa.

    jueves, agosto 04, 2011

    Dicen a veces

    Que mis sueños son puros sueños y utopías
    que mis manos no sirven para nada
    que mis pasos no caminan, no son nada
    que las huellas no son mías ni lo han sido

    Que no importa cuanto luche contra todo
    todo siempre será más fuerte aunque sea poco
    que mi fuerza y que la brisa son lo mismo
    que el huracán sepultará nuestras fuerzas en el lodo

    Que no importa si eres bueno, que no importa si no hieres
    la herida por ti vendrá y por todos
    los que sueñen, los que luchen, los que vivan

    Dicen a veces y siempre repiten lo dicho
    que no hay salida, que no hay nada
    que lo que hay es lo que tenemos y demos gracias
    que peor estaban antes, que antes por palabras te mataban

    Que si te quejas hay palos y si exiges
    que el derecho lo tienes si lo pagas
    que hay deberes, impuestos, lealtad y dios
    pero no hay humanidad, no hay dignidad, que son pavadas

    Yo no escucho, yo no callo, yo soy la voz mía que puede gritar
    que es fuerte porque nace de muy dentro
    de ese dentro que tú tienes, que tenemos, de ese dentro que se rebela en cada sueño
    en cada utopía, en cada lucha, en cada palabra que protesta

    Y nos pegan, nos matan, nos desangran
    nos gritan, se burlan, nos ignoran, nos escupen
    cada día, todo día, desde el principio de los tiempos, hasta un tiempo sin final

    Arrodillados, sufrientes, impotentes, a veces sin ni siquiera el grito
    pero con nuestras mentes libres, con la libertad que es la de dentro
    ese dentro nuestro, ese dentro libre
    que aunque no pueda gritar con la voz grita en las manos
    grita en los sueños, en las ideas, en las risas y en los llantos

    Libertad de dioses, de tiranos, libertad de la ignorancia, libertad humana
    libertad que gritaremos y que gritamos, aunque los gritos aún estén retumbando

    Dicen a veces que no somos ni seremos
    que lo nuestro es nada, y que no sirve
    pero mi rebeldía grita y sigue soñando
    mi rebeldía no les cree, y no creyendo se libera
    mi rebeldía es libertad, y es la tuya, y es la nuestra
    Nosotros somos, ellos sólo dicen
    y sus palabras-mentiras ya no existen, ante la firme voluntad de la existencia

    miércoles, julio 20, 2011