Pero había gente incrédula...
Corría el tiempo, y detrás corría un pequeño no tan inocente que pretendía llegar a adulto para disfrutar del sexo, las drogas y el rock&roll, que ya suficiente tenía de mamaderas, chupetes y asesinatos a diestra y siniestra. El tiempo corría más rápido, tanto que logró pasar dos veces sobre el infante, y eso que el niño no miraba hacia atrás excepto cuando decidía hacerlo.
Los mensajes se sucedían, uno tras otro como si fueran hormigas llevando tras de sí el peso de sus obligaciones maritales, y la carga siempre penosa de la tempestad que se avecinaba si alguien decidía usar una lupa.
Una catacumba pretendía sobrevivir refugiándose en los pies de mamón. Mamón, lloraba.
Angustiada, la mayor de las hermanas decidió que era tiempo de decir la verdad, y como nadie se había puesto de acuerdo sobre la mentira, tuvo que mantenerse callada. Más que nada por ser muda.
Calló una campana y luego cayó, desafortunadamente, sobre la cabeza del peor de mis fracasos, que quedó peor que antes, y eso es mucho decir. Un fracaso aplastado tiende a convertirse en victoria, pero el peor tendió su cama y se recostó a imaginar tiempos mejores. Imaginación no le faltaba, no por nada llegó a ser el peor.
El inocente asesino había crecido en cuanto se dió cuenta de sus fechorías. Pero resultó que no le gustaba el sexo (tenía vocación de monje), las drogas no le hacían efecto (nunca supo la razón), y el rock&roll había pasado de moda. Por todo eso decidió hacerse newager, y practicar reiki a diestra y siniestra sobre cualquier dama de fácil acceso. Lástima que confundía reiki con tantra, y tuvo que soportar la carga de las obligaciones maritales en cuanto sus prácticas dieron fruto, ya que no le iba muy bien en las contenciones necesarias.
El fruto de tus extrañas es tu propia sangre, le decían sus conocidos (ya que amigos no tenía). Él frotó su brazo manchado de sangre y, mientras fingía ser hormiga, se refugió junto a la catacumba. Mamón, reía.
E decido






Hoy he recibido un mail inesperado.
