Cuando mi hijo tenía unos 3 años de edad, solía hacer un montón de preguntas sobre el cielo. ¿Dónde está? ¿Cómo camina la gente sin un cuerpo? ¿Cómo te encontraré? Ya sabemos las preguntas que los niños suelen hacer.
Durante más de un año, le mentí e inventé historias acerca del cielo en las que no creía. Como la mayoría de los padres, amo tanto a mi hijo que no quería asustarlo. Quería que él se sintiera seguro, querido y lleno de esperanza. Pero la disyuntiva era que tenía que inventar cosas y lavarle el cerebro para que creyera historias que no tenían sentido, historias que tampoco yo creía.
Un día él se daría cuenta de esto, y no confiaría en mi juicio. Él sabría que he construido un elaborado relato -no muy diferente al que les decimos a los niños sobre Papá Noel- para explicar la incoherente e ilógica leyenda de Dios.
Y entonces pensé que lo correcto era ser honesto con mis hijos. Soy una persona no creyente, y durante años he estado al margen de mi comunidad. Como blogger, sin embargo, me he dado cuenta de que hay muchos padres como yo allí fuera. Estamos creando la próxima generación de niños, y hay una creciente ola de jóvenes agnósticos, ateos, librepensadores y humanistas que, esperemos, bajarán la fiebre religiosa de esta nación.
Estas son algunas de las razones por las que estoy criando a mis hijos sin Dios.
Dios es un mal padre y modelo a seguir.
Si Dios es nuestro padre, entonces no es un buen padre. Los buenos padres no permiten que sus hijos lastimen a los demás. La gente buena no se mantiene al margen al ver los terribles actos cometidos contra personas inocentes. No toleran la violencia y el abuso. “Él nos ha dado libre albedrío" dice usted. Nuestros niños tienen libre albedrío, pero aun así intervenimos y guiamos sus pasos.
Dios no es lógico.
Cuántas veces has escuchado esto: "¿Por qué Dios permitió que esto sucediera?" Y esto: "No nos corresponde entender." Traducción: no entendemos, por lo que no vamos a pensar en ello u ocuparnos de la cuestión. Tomemos, por ejemplo, la tragedia sin sentido en Newtown. En lugar de abordar el problema de las armas en Estados Unidos, remitimos la responsabilidad a Dios. Él tenía una razón. Quería más ángeles. Sólo él sabe por qué. Escribimos poemas que dicen que le dijimos a Dios que abandonara nuestras escuelas. Ahora él nos hace pagar el precio. Si hay un buen, omnisciente, todopoderoso Dios, que ama a sus hijos, ¿tiene sentido que permita los homicidios, el abuso infantil, las guerras, las palizas, torturas y millones de actos atroces que se han cometido a lo largo de la historia de la humanidad? ¿Esto no va en contra de todo lo que Cristo nos enseñó en el Nuevo Testamento?
La pregunta que deberíamos hacernos es esta: "¿Por qué permitimos que esto suceda?" ¿Cómo podemos solucionar este problema? Ninguna persona imaginaria nos va a dar las respuestas o decirnos por qué. Sólo nosotros tenemos la capacidad de ser lógicos y resolver problemas, y no deberíamos ceder estas responsabilidades a "Dios" sólo porque es un tema difícil o incómodo de abordar.
Dios no es justo.
Si Dios es justo, entonces ¿por qué responde a las tontas oraciones de algunos mientras deja otras, mucho más serias, sin respuesta? He conocido personas que rezan para poder encontrar dinero para comprar muebles nuevos (respondida). O personas que rezan a Dios para que les ayude a ganar un partido de fútbol (respondida). ¿Por qué entonces las oraciones de los padres con niños moribundos no son respondidas?
Si Dios es justo, entonces ¿por qué algunos bebés nacen con defectos del corazón, autismo, falta de miembros o unidos a otro bebé? Es evidente que no todos los hombres son creados iguales. ¿Por qué un buen hombre es golpeado en la calle sin razón mientras un hombre malvado se enriquece aprovechándose de los demás? Esto no es justo. Un fabricante de un juego que permite a la suerte regir el destino de la humanidad no ha creado un juego justo.
Dios no protege a los inocentes.
Él no mantiene protegidos a nuestros niños. Como sociedad, nos levantamos y hablamos por aquellos que no pueden hacerlo. Protegemos a nuestros niños tanto como sea posible. Cuando un niño es secuestrado, trabajamos juntos para encontrarlo. No toleramos el abuso y la negligencia. ¿Por qué no puede Dios, con todos sus poderes de omnipotencia, proteger a los inocentes?
Dios no está presente.
Él no está aquí. Decirles a nuestros hijos que amen a una persona que no pueden ver, oler, tocar o escuchar no tiene sentido. Esto significa que enseñamos a los niños a amar a una imagen, una imagen que vive sólo en su imaginación. Lo que les enseñamos, en efecto, es amar a una idea que hemos creado, una idea basada en nuestros temores y esperanzas.
Dios no enseña a los niños a ser buenos
Un niño debe tomar decisiones morales por las razones correctas. Diciéndole que él debe comportarse correctamente porque Dios nos observa significa que su moral estará centrada en algo externo, en vez de estructurarse internamente. Es como decirle a un niño que se porte bien o sino Papá Noel no traerá regalos. Cuando quitamos a Dios del medio, ponemos sobre los hombros de nuestros hijos la responsabilidad de hacer lo correcto. No, no van a ir al cielo o al gobernar sus propios planetas cuando mueran, pero dormirán mejor por las noches. Harán a su familia sentirse orgullosa de ellos. Se sentirán mejor acerca de lo que son. Serán personas decentes.
Dios enseña a ser narcicista
"Dios tiene un plan para ti." Decirles a los niños que hay un tipo grande en el cielo que tiene un plan especial para ellos hace a los niños narcisistas; los hace pensar que el mundo está a su disposición y que, no importa lo que pase, en realidad no importa porque Dios está al mando. Eso les da a los niños un falso sentido de seguridad y crea egoísmo. "No importa lo que haga, Dios me ama y me perdona. Él tiene un plan para mí. Yo soy especial." La ironía es que, mientras les contamos esta historia a nuestros hijos, otros niños son abusados y asesinados, pasan hambre, son abandonados. Todo parte del plan de Dios, ¿no?
Al criar a los niños sin Dios, les decimos la verdad: no somos más especiales que otra persona. Sólo somos una parte muy, muy pequeña de un gran, gran máquina. Sea esa máquina la naturaleza o la sociedad, la influencia que tenemos es minúscula. Darnos cuenta de nuestra insignificancia nos da un verdadero sentido de humildad.
Yo entiendo por qué la gente necesita a Dios. Entiendo por qué la gente necesita el cielo. Es aterrador pensar que estamos solos en este universo, que un día, junto con los niños que tanto amamos, dejaremos de existir. La idea de Dios y una vida futura da a muchos de nosotros una estructura en la que apoyarnos, nos da un sentido de comunidad, nos da esperanza.
No quiero que la religión desaparezca. Sólo quiero que se quede dentro del hogar o dentro de la iglesia, donde pertenece. Es un efecto personal, como un cepillo de dientes o un par de zapatos. No es algo para ser usado por extraños. Quiero que mis hijos sean libres de no creer y saber que nuestras escuelas y nuestro gobierno van a tomar decisiones basadas en lo que es lógico, justo y equitativo, no en lo que ellos creen que un imaginario Dios quiere.
Traducción más o menos libre de Why I Raise My Children Without God.
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viernes, enero 18, 2013
jueves, enero 17, 2013
Destino Salta
Hora de llegada a la ruta: 07.00 hs. (10/01/2013)
Hora de llegada a Joaquín V. González (primer día): 22.00 hs. (10/01/2013)
Tiempo empleado: 15 horas
Hora de llegada a Salta: 13.00 hs. (11/01/2013)
Tiempo total empleado: 30 horas
Vehículos y trayectos:
Hora de llegada a Joaquín V. González (primer día): 22.00 hs. (10/01/2013)
Tiempo empleado: 15 horas
Hora de llegada a Salta: 13.00 hs. (11/01/2013)
Tiempo total empleado: 30 horas
Vehículos y trayectos:
- Camioneta // Resistencia - Saenz Peña // 169 km
- Auto // Saenz Peña - Cruce RN16 RN89 // 33 km
- Camioneta // Cruce RN16 RN89 - Pampa del Infierno // 49 km
- Camioneta // Pampa del Infierno - Río Muerto // 54 km
- Auto // Río Muerto - Pampa de los Guanacos // 20 km
- Camión // Pampa de los Guanacos - Monte Quemado // 114 km
- Auto - Camioneta // Monte Quemado - Límite Stgo. Chaco // 41 km
- Camioneta // Límite Stgo. Chaco - Joaquín V. González // 122 km
- Camioneta // Joaquín V. González - Cruce RN16 RN9 // 102 km
- Auto // Cruce RN16 RN9 - Salta // 121 km
martes, diciembre 04, 2012
Mochilero - Segunda parte
Luego de haber pasado la noche en la comisaría de la ciudad de Ituzaingó, y conocido por dentro las instalaciones de la EBY (Entidad Binacional Yacyretá), caminé desde la ciudad hasta el peaje, unos seis o siete kilómetros. Comencé a hacer dedo, con la idea de conseguir transporte directo a Posadas, capital de Misiones, o más allá de ser posible.
Estuve un par de horas esperando, hasta que finalmente una camioneta se detuvo y me hicieron subir atrás. El viaje estuvo bien, principalmente por las ondulaciones y el verde que se veía en todas direcciones. En determinado momento comenzó a llover y me mojé un poco, pero la alegría de estar viajando compensaba.
Llegamos finalmente al hipermercado que se encuentra en las afueras de la ciudad, junto a la estación terminal, y los chicos que manejaban me dijeron que tenían que detenerse allí, pero que luego seguían hasta el centro de la ciudad, que si quería esperarlos los esperara y me llevaban ese otro trecho. Acepté, y entré con ellos al hipermercado. Creo recordar que compré un poco de fruta para el almuerzo, ya que era mediodía. Seguimos viaje, y me dejaron a unas cuadras del río, luego me indicaron cómo llegar hasta la costa.
Caminé en bajada y en zigzag hasta que di de narices contra un camping que había en ese momento sobre la costa. Ya que estaba, y previendo que en algún momento debía dormir, pregunté si era posible acampar sin carpa y me contestaron que no.
Seguí paseando, ahora sobre la costanera que parecía inaugurada hace poco tiempo; a esa hora no había mucha gente, lo cual siempre es algo bueno si uno quiere disfrutar de ciertas cosas.
En determinado momento me crucé con una chica delgadita, de remera a rayas, que caminaba despacio y tenía un nosequé, una cierta paz interior que se notaba hacia fuera. Me quedé pensando en ella un rato largo, pero seguí conociendo la costa. Un poco más tarde, decidí ir a conocer otras partes de la ciudad, como la plaza principal y el centro.
Mientras caminaba por la plaza vi a la misma chica de la costanera sentada en un banquito de allí, y como tenía ganas de conocerla o hablarle me quedé dando vueltas, acechando como quien dice. El problema es que en esa época de mi vida (ahora no sé…) era bastante tímido, así que no tenía idea de cómo iniciar conversación con una desconocida sin sentir que la estaba acosando. Luego de media hora o más tiempo hice de tripas corazón como quien dice y me acerqué con la excusa de pedirle indicaciones sobre la ciudad. Me contestó, sonriendo, que ella en realidad no era de allí, sino de Buenos Aires, y luego de intercambiar otro par de preguntas respuestas me invitó a sentarme :)
Recuerdo que charlamos de bastantes cosas, de libros en principio, ella sacando los que llevaba en su bandolera y yo el par que llevaba en la mochila. Luego, de cómo la educación previa no condiciona totalmente la posterior que uno pueda elegir. De que no es tan complicado iniciar conversación con conocidos. Etc., etc.
Finalmente ella debía irse, y no le pregunté su dirección de correo o si usaba ICQ, algo de lo que me arrepentí muchas veces después, lento que es uno.
Seguí descubriendo la ciudad, y luego, ya haciéndose de noche, volví a la costanera a pensar dónde dormiría.
Estando sentado por allí, me encontré con un compañero de facultad, pero no le pregunté sobre alojamiento, sólo nos saludamos. Luego me detuve a charlar con unos artesanos que estaban vendiendo sus pulseritas y demás cosas, y les pregunté si conocían de algún lugar donde pasar la noche sin ser esquilmado, y sin tener carpa. Me sugirieron ir a un cuartel de bomberos y preguntar si podía quedarme allí, y me pareció una buena idea.
Caminé bastante, sin tener idea de calles ni tener un mapa, preguntando a la gente, hasta que llegué a un cuartel y luego de hablar con dos bomberos me dijeron que como el superior no se encontraba no podían autorizar que me quedara. No era la mejor noticia, siendo tan de noche.
Caminando caminando di con un cybercafé, y me conecté al ICQ, donde busqué gente de Posadas que estuviera online, a efectos de pedir ayuda sobre la ciudad. Me puse a charlar con una chica que me sugirió buscar la terminal vieja de la ciudad.
Me despedí de Internet, recomendando por correo a una amiga de ese entonces que me avisara al celular sobre la posible extensión del fin de semana, ya que parecía que un feriado del martes se pasaba a lunes, lo que me daba otro día de viaje.
La terminal vieja no sé bien si no encontré, o si no había manera de descansar allí, pero pensé en ir a la terminal nueva y ver avisos de posibles pensiones económicas. Tomé un colectivo y en un rato estuve ahí. Como vi que tenían una sala de espera cerrada, decidí pasar la noche allí. Fue la primera vez que dormí por voluntad propia en una estación, más adelante se volvería una constante en mi vida: estaciones de buses, de trenes, aeropuertos, todavía me falta dormir en un puerto.
Dormir allí me hizo sentir un poco mal. Es que fue una noche fría, y comenzando la madrugada apareció gente que al parecer no tenía otro lugar donde pasarla, niños sobre todo. En mi caso había escogido pasar la noche allí, en el de ellos probablemente no había opción. Muchos años después volví a hacer noche en la misma estación, y nuevamente me encontré con gente sin techo intentando guarecerse. En otras estaciones, por ejemplo la de Santa Fe, son mucho más civilizados y no te permiten dormir dentro de la misma, no vaya a ser que alguien se escandalice.
Al día siguiente, contando con la posibilidad de tener dos días libres luego del domingo, decidí seguir viaje e intentar llegar a Puerto Iguazú, o hasta donde pudiera. Mi plan era seguir viaje todo lo posible hacia allí, y regresar en algún colectivo nocturno a Resistencia la noche previa al primer día laborable de la semana.
Se supone que la opción más fácil, estando en la terminal, era tomar un colectivo directo hasta donde fuera, pero era un viaje “de mochilero”, y había que cumplirlo de esa manera, al menos la ida.
Haciendo averiguaciones varias me sugirieron ir a control policial situado en las afueras de la ciudad, en la confluencia de dos rutas nacionales, una que se toma para ir hacia Buenos Aires, y la otra hacia Brasil.
Antes, pasé por la plaza donde había charlado con Cinthia (no sé si su nombre se escribe así, pero era ese), y le dejé un papelito con mi número de ICQ y correo a un vendedor que tenía por allí su puesto, pidiéndole que si ella volvía a aparecer ese día se lo entregara…
En el control había demasiada gente, y fue otra larga espera hasta que paró un colectivo lechero (nota: se llama así a los colectivos que se detienen en todo pueblo habido y por haber a lo largo de un determinado recorrido). Se me ocurrió charlar con el conductor, ¡y a él se le ocurrió llevarme sin pagar! También primera (pero no última) vez que hacía algo así. El trato era que debía bajarme en San Ignacio, lugar donde se encuentran unas famosas ruinas.
Cuando pasó el que controlaba los tickets me dio un poco de temor de haber interpretado mal al chofer, pero le dije que había hablado con él antes y me había permitido viajar sin pagar hasta ese pueblo. No se lo dije de esa manera, pero al final resultó que sí había sido correcta mi interpretación, porque luego de hablar con el chofer la persona del control no me jodió más.
Llegamos al pueblo, di las muchas gracias como me enseñaron a hacer y porque soy una persona muy educada, y me bajé a conocer el pueblo y las ruinas jesuíticas.
Todavía, diez años después, no tengo muy claro si en ese entonces no se pagaba, o si no haber pagado para conocer las ruinas tiene que ver con el hecho de que entré por un costado y no por la entrada principal. Quizá que casi fuera mediodía tuvo que ver un poco.
Recorrí un poco, me senté en el pasto, y cuando me cansé salí con ganas de volver a la ruta y hacer dedo hacia el oriente misionero. El universo tenía otros planes para mí, bueno, mejor dicho el gobierno. Se habían puesto de acuerdo gobierno provincial y nacional, y el feriado era únicamente en martes, nada de dos días.
Supongo que diez años atrás era una persona supuestamente más responsable que ahora, porque no se me pasó por la cabeza faltar el lunes al trabajo y no volver hasta el miércoles. Creo que hoy día la decisión hubiera sido otra :P De cualquier manera, intenté hacer dedo para regresar a Posadas, pero terminé tomando otro colectivo lechero que iba repleto de gente.
Otra cosa que me hizo sentir al tomar ese colectivo fue un brasilero, que protestaba porque íbamos todos apretados y hasta sentados contra el parabrisas. Luego de discutir con el conductor, este lo bajó en el medio de la ruta, sin ningún pueblo o parada a la vista. De ser consecuente con mis principios, hubiera debido bajarme allí también, pero antes era todavía más pusilánime que ahora, así que cerradito el pico seguí viaje.
Llegamos a la estación y compré un boleto para el primer colectivo hacia Resistencia. Llegué ya entrada la noche, tomé un urbano hacia el centro y caminé el resto hacia lo que en ese momento consideraba hogar.
Y colorín colorado…
(La primera parte se puede leer aquí).
Estuve un par de horas esperando, hasta que finalmente una camioneta se detuvo y me hicieron subir atrás. El viaje estuvo bien, principalmente por las ondulaciones y el verde que se veía en todas direcciones. En determinado momento comenzó a llover y me mojé un poco, pero la alegría de estar viajando compensaba.
Llegamos finalmente al hipermercado que se encuentra en las afueras de la ciudad, junto a la estación terminal, y los chicos que manejaban me dijeron que tenían que detenerse allí, pero que luego seguían hasta el centro de la ciudad, que si quería esperarlos los esperara y me llevaban ese otro trecho. Acepté, y entré con ellos al hipermercado. Creo recordar que compré un poco de fruta para el almuerzo, ya que era mediodía. Seguimos viaje, y me dejaron a unas cuadras del río, luego me indicaron cómo llegar hasta la costa.
Caminé en bajada y en zigzag hasta que di de narices contra un camping que había en ese momento sobre la costa. Ya que estaba, y previendo que en algún momento debía dormir, pregunté si era posible acampar sin carpa y me contestaron que no.
Seguí paseando, ahora sobre la costanera que parecía inaugurada hace poco tiempo; a esa hora no había mucha gente, lo cual siempre es algo bueno si uno quiere disfrutar de ciertas cosas.
En determinado momento me crucé con una chica delgadita, de remera a rayas, que caminaba despacio y tenía un nosequé, una cierta paz interior que se notaba hacia fuera. Me quedé pensando en ella un rato largo, pero seguí conociendo la costa. Un poco más tarde, decidí ir a conocer otras partes de la ciudad, como la plaza principal y el centro.
Mientras caminaba por la plaza vi a la misma chica de la costanera sentada en un banquito de allí, y como tenía ganas de conocerla o hablarle me quedé dando vueltas, acechando como quien dice. El problema es que en esa época de mi vida (ahora no sé…) era bastante tímido, así que no tenía idea de cómo iniciar conversación con una desconocida sin sentir que la estaba acosando. Luego de media hora o más tiempo hice de tripas corazón como quien dice y me acerqué con la excusa de pedirle indicaciones sobre la ciudad. Me contestó, sonriendo, que ella en realidad no era de allí, sino de Buenos Aires, y luego de intercambiar otro par de preguntas respuestas me invitó a sentarme :)
Recuerdo que charlamos de bastantes cosas, de libros en principio, ella sacando los que llevaba en su bandolera y yo el par que llevaba en la mochila. Luego, de cómo la educación previa no condiciona totalmente la posterior que uno pueda elegir. De que no es tan complicado iniciar conversación con conocidos. Etc., etc.
Finalmente ella debía irse, y no le pregunté su dirección de correo o si usaba ICQ, algo de lo que me arrepentí muchas veces después, lento que es uno.
Seguí descubriendo la ciudad, y luego, ya haciéndose de noche, volví a la costanera a pensar dónde dormiría.
Estando sentado por allí, me encontré con un compañero de facultad, pero no le pregunté sobre alojamiento, sólo nos saludamos. Luego me detuve a charlar con unos artesanos que estaban vendiendo sus pulseritas y demás cosas, y les pregunté si conocían de algún lugar donde pasar la noche sin ser esquilmado, y sin tener carpa. Me sugirieron ir a un cuartel de bomberos y preguntar si podía quedarme allí, y me pareció una buena idea.
Caminé bastante, sin tener idea de calles ni tener un mapa, preguntando a la gente, hasta que llegué a un cuartel y luego de hablar con dos bomberos me dijeron que como el superior no se encontraba no podían autorizar que me quedara. No era la mejor noticia, siendo tan de noche.
Caminando caminando di con un cybercafé, y me conecté al ICQ, donde busqué gente de Posadas que estuviera online, a efectos de pedir ayuda sobre la ciudad. Me puse a charlar con una chica que me sugirió buscar la terminal vieja de la ciudad.
Me despedí de Internet, recomendando por correo a una amiga de ese entonces que me avisara al celular sobre la posible extensión del fin de semana, ya que parecía que un feriado del martes se pasaba a lunes, lo que me daba otro día de viaje.
La terminal vieja no sé bien si no encontré, o si no había manera de descansar allí, pero pensé en ir a la terminal nueva y ver avisos de posibles pensiones económicas. Tomé un colectivo y en un rato estuve ahí. Como vi que tenían una sala de espera cerrada, decidí pasar la noche allí. Fue la primera vez que dormí por voluntad propia en una estación, más adelante se volvería una constante en mi vida: estaciones de buses, de trenes, aeropuertos, todavía me falta dormir en un puerto.
Dormir allí me hizo sentir un poco mal. Es que fue una noche fría, y comenzando la madrugada apareció gente que al parecer no tenía otro lugar donde pasarla, niños sobre todo. En mi caso había escogido pasar la noche allí, en el de ellos probablemente no había opción. Muchos años después volví a hacer noche en la misma estación, y nuevamente me encontré con gente sin techo intentando guarecerse. En otras estaciones, por ejemplo la de Santa Fe, son mucho más civilizados y no te permiten dormir dentro de la misma, no vaya a ser que alguien se escandalice.
Al día siguiente, contando con la posibilidad de tener dos días libres luego del domingo, decidí seguir viaje e intentar llegar a Puerto Iguazú, o hasta donde pudiera. Mi plan era seguir viaje todo lo posible hacia allí, y regresar en algún colectivo nocturno a Resistencia la noche previa al primer día laborable de la semana.
Se supone que la opción más fácil, estando en la terminal, era tomar un colectivo directo hasta donde fuera, pero era un viaje “de mochilero”, y había que cumplirlo de esa manera, al menos la ida.
Haciendo averiguaciones varias me sugirieron ir a control policial situado en las afueras de la ciudad, en la confluencia de dos rutas nacionales, una que se toma para ir hacia Buenos Aires, y la otra hacia Brasil.
Antes, pasé por la plaza donde había charlado con Cinthia (no sé si su nombre se escribe así, pero era ese), y le dejé un papelito con mi número de ICQ y correo a un vendedor que tenía por allí su puesto, pidiéndole que si ella volvía a aparecer ese día se lo entregara…
En el control había demasiada gente, y fue otra larga espera hasta que paró un colectivo lechero (nota: se llama así a los colectivos que se detienen en todo pueblo habido y por haber a lo largo de un determinado recorrido). Se me ocurrió charlar con el conductor, ¡y a él se le ocurrió llevarme sin pagar! También primera (pero no última) vez que hacía algo así. El trato era que debía bajarme en San Ignacio, lugar donde se encuentran unas famosas ruinas.
Cuando pasó el que controlaba los tickets me dio un poco de temor de haber interpretado mal al chofer, pero le dije que había hablado con él antes y me había permitido viajar sin pagar hasta ese pueblo. No se lo dije de esa manera, pero al final resultó que sí había sido correcta mi interpretación, porque luego de hablar con el chofer la persona del control no me jodió más.
Llegamos al pueblo, di las muchas gracias como me enseñaron a hacer y porque soy una persona muy educada, y me bajé a conocer el pueblo y las ruinas jesuíticas.
Todavía, diez años después, no tengo muy claro si en ese entonces no se pagaba, o si no haber pagado para conocer las ruinas tiene que ver con el hecho de que entré por un costado y no por la entrada principal. Quizá que casi fuera mediodía tuvo que ver un poco.
Recorrí un poco, me senté en el pasto, y cuando me cansé salí con ganas de volver a la ruta y hacer dedo hacia el oriente misionero. El universo tenía otros planes para mí, bueno, mejor dicho el gobierno. Se habían puesto de acuerdo gobierno provincial y nacional, y el feriado era únicamente en martes, nada de dos días.
Supongo que diez años atrás era una persona supuestamente más responsable que ahora, porque no se me pasó por la cabeza faltar el lunes al trabajo y no volver hasta el miércoles. Creo que hoy día la decisión hubiera sido otra :P De cualquier manera, intenté hacer dedo para regresar a Posadas, pero terminé tomando otro colectivo lechero que iba repleto de gente.
Otra cosa que me hizo sentir al tomar ese colectivo fue un brasilero, que protestaba porque íbamos todos apretados y hasta sentados contra el parabrisas. Luego de discutir con el conductor, este lo bajó en el medio de la ruta, sin ningún pueblo o parada a la vista. De ser consecuente con mis principios, hubiera debido bajarme allí también, pero antes era todavía más pusilánime que ahora, así que cerradito el pico seguí viaje.
Llegamos a la estación y compré un boleto para el primer colectivo hacia Resistencia. Llegué ya entrada la noche, tomé un urbano hacia el centro y caminé el resto hacia lo que en ese momento consideraba hogar.
Y colorín colorado…
(La primera parte se puede leer aquí).
martes, noviembre 27, 2012
Mochilero - Primera parte
La primera vez que hice dedo fue por cuestiones puramente económicas.
Siendo del interior de esta provincia, vine a estudiar a la capital, y el hecho de ser un niño sobreprotegido (sí, todavía un niño a los 19 años), hizo que a las tres semanas de estar en esta ciudad ya deseara visitar mi pueblo. Éramos varios compañeros de secundaria los que vinimos a estudiar en la misma universidad, unos cinco o seis decidimos un día volver al pueblo “haciendo dedo”.
El viaje fue largo, y a pesar de viajar un poco separados en grupos de dos, casi todos coincidimos finalmente en la rotonda que comunica la segunda ciudad del Chaco con mi ciudad natal. Al final, llegamos sanos y salvos, y hambrientos :)
Se repitió otras veces el mismo viaje, siempre yendo a dedo con un bolso de ropa sucia y volviendo en colectivo con ropa limpia y alguna que otra golosina.
El primer viaje que no fue por “necesidad” lo hice un par de años más tarde, en el año 2002. Ya era una persona que contribuye a la sociedad (ja, léase “ya había comenzado a trabajar”) y estaba viviendo en una casa diferente, junto a una amiga y su madre.
Un miércoles previo a la semana santa fui a una tienda de camping y compré una mochila, roja, y el jueves por la siesta comencé a hacer dedo dentro de la ciudad, con la idea de llegar a Misiones. Una idea un tanto tonta, por cierto, la de hacer dedo en una avenida, pero finalmente se detuvo un taxi compartido y por un poco de dinero me dejó en las cercanías del único hipermercado (en ese entonces) de la ciudad. Allí compré una bolsa de dormir, un par de panes de cereal y una botella de agua; luego caminé hasta una de las rotondas de la ciudad y comencé a hacer dedo hacia la ciudad de Corrientes.
El primer coche que se detuvo se dirigía al otro extremo de esa ciudad, lo cual era muy conveniente, pero lo inconveniente fue que pinchó una rueda y tuvimos que perder una hora arreglando el asunto. Finalmente me dejó en una de las rotondas al este, y de allí tuve que caminar varios kilómetros hasta un control policial, donde había otra gente también con destino similar. Ya de noche, conseguimos transporte hasta Itatí, y allí nos quedamos.
Estando frente a la Virgen de Itatí, compartimos mis panes, un par de sándwiches, y el agua que teníamos, que no era mucha. Le pedimos a la bendita virgen que nos consiguiera transporte, pero ni modo… Finalmente, saqué mi bolsa de dormir, la abrí y extendí como una colcha y nos turnamos para dormir un poco.
A la mañana siguiente se hacía interminable la espera, por más oraciones que le rezaran los otros compañeros a la virgen. Un par de camionetas de gitanos pasaron por allí y dos de los cinco que estábamos esperando lograron acomodarse. Los otros tres seguimos allí, sin mucha suerte. Afortunadamente habíamos conseguido agua, y unas cuantas piezas de mandioca hervida que uno se animó a pedirle a un señor que vivía por ahí.
Una camioneta toda destartalada, con la caja llena de elementos de trabajo (escaleras, mezcladora, etc.) propios de una cuadrilla de albañiles, se ofreció a llevarnos hasta Ituzaingó. El problema era que no cabíamos en la caja, o al menos eso parecía, pero era tal la desesperación por salir de allí que aceptamos sentarnos con las piernas fuera de la cajuela. Además de estar en esa posición un tanto incómoda, resultó que la camioneta no andaba muy bien y los amortiguadores traseros apenas soportaban todo el peso, lo cual hacía un poco peligroso el viaje cuando nos cruzaba algún camión y el conductor se dirigía a la banquina. Finalmente llegamos a Ituzaingó, y allí nos bajamos dos: un joven/señor que vivía en una de las viviendas (bah, en dos, un cuarto era suyo y el otro de su pareja) que había construido la EBY en tiempos de la obra, y yo.
No tenía la menor idea de dónde iría a dormir, pero la persona que se había bajado conmigo me permitió usar su baño, así es que me bañé y luego me fui a conocer la ciudad, dejando para más tarde la preocupación de dónde dormir.
Cuando ya se hizo más tarde me fui a la parroquia local, con la idea de preguntar al cura si tenía algún cuartito donde pudiera alojarme. Por ser viernes santo estaba repleto de gente, pero nunca pude dar con el cura y tampoco me atreví a insistir demasiado. Como es costumbre ahora cada vez que viajo, me fui a la plaza central de la ciudad a esperar que pasara algo. No sólo no pasaba nada, sino que además llovía de vez en cuando, así que la idea de tirar la bolsa en la plaza resultaba impracticable. La otra idea, meterme en un local bailable y amanecer allí, también era un tanto insatisfactoria. Finalmente me cansé de esperar y crucé la calle en dirección a la comisaría que se encuentra frente a la plaza de la ciudad.
Un poco mojado, con una mochila llena de nada realmente útil aparte de la bolsa de dormir, le planteé mi situación a la persona que atendía. Mentí que en la parroquia me habían enviado a preguntar allí, y el policía entre serio y burlista me dijo que esperara, que le preguntaría a un superior.
Me hicieron pasar a la oficina del superior, donde me preguntaron qué hacía de mi vida, que porqué estaba viajando así, etc. Luego, que no era un hotel y que de cualquier manera todos los calabozos estaban ocupados, pero que verían si les sobraba un colchón. Cuando confirmaron que había un colchón que podían tirar en la cocina, el comisario (bueno, no sé si era un comisario, pero era la persona a cargo en ese momento) me dijo que me podía quedar esa noche, pero que tendría que irme temprano antes de que llegara el reemplazo, alrededor de las 6 de la mañana, y que eventualmente tendrían que revisar mi mochila. Dije a todo que sí y me dispuse a pasar la noche en la cocina :)
Al día siguiente me despertaron temprano, me convidaron mate con bizcochitos, no me revisaron nada, y me despedí de ellos camino a la hidroeléctrica. Por el camino, me deshice de una trincheta que se me había ocurrido llevar por seguridad. Pude tomar el primer bus turístico en Yacyretá, y bastante temprano quedé libre para seguir mi camino.
Caminé desde la ciudad hasta el peaje que se encuentra a varios kilómetros de distancia, y comencé a hacer dedo con la idea de llegar a Posadas, la capital de Misiones.
(Continúa aquí).
Siendo del interior de esta provincia, vine a estudiar a la capital, y el hecho de ser un niño sobreprotegido (sí, todavía un niño a los 19 años), hizo que a las tres semanas de estar en esta ciudad ya deseara visitar mi pueblo. Éramos varios compañeros de secundaria los que vinimos a estudiar en la misma universidad, unos cinco o seis decidimos un día volver al pueblo “haciendo dedo”.
El viaje fue largo, y a pesar de viajar un poco separados en grupos de dos, casi todos coincidimos finalmente en la rotonda que comunica la segunda ciudad del Chaco con mi ciudad natal. Al final, llegamos sanos y salvos, y hambrientos :)
Se repitió otras veces el mismo viaje, siempre yendo a dedo con un bolso de ropa sucia y volviendo en colectivo con ropa limpia y alguna que otra golosina.
El primer viaje que no fue por “necesidad” lo hice un par de años más tarde, en el año 2002. Ya era una persona que contribuye a la sociedad (ja, léase “ya había comenzado a trabajar”) y estaba viviendo en una casa diferente, junto a una amiga y su madre.
Un miércoles previo a la semana santa fui a una tienda de camping y compré una mochila, roja, y el jueves por la siesta comencé a hacer dedo dentro de la ciudad, con la idea de llegar a Misiones. Una idea un tanto tonta, por cierto, la de hacer dedo en una avenida, pero finalmente se detuvo un taxi compartido y por un poco de dinero me dejó en las cercanías del único hipermercado (en ese entonces) de la ciudad. Allí compré una bolsa de dormir, un par de panes de cereal y una botella de agua; luego caminé hasta una de las rotondas de la ciudad y comencé a hacer dedo hacia la ciudad de Corrientes.
El primer coche que se detuvo se dirigía al otro extremo de esa ciudad, lo cual era muy conveniente, pero lo inconveniente fue que pinchó una rueda y tuvimos que perder una hora arreglando el asunto. Finalmente me dejó en una de las rotondas al este, y de allí tuve que caminar varios kilómetros hasta un control policial, donde había otra gente también con destino similar. Ya de noche, conseguimos transporte hasta Itatí, y allí nos quedamos.
Estando frente a la Virgen de Itatí, compartimos mis panes, un par de sándwiches, y el agua que teníamos, que no era mucha. Le pedimos a la bendita virgen que nos consiguiera transporte, pero ni modo… Finalmente, saqué mi bolsa de dormir, la abrí y extendí como una colcha y nos turnamos para dormir un poco.
A la mañana siguiente se hacía interminable la espera, por más oraciones que le rezaran los otros compañeros a la virgen. Un par de camionetas de gitanos pasaron por allí y dos de los cinco que estábamos esperando lograron acomodarse. Los otros tres seguimos allí, sin mucha suerte. Afortunadamente habíamos conseguido agua, y unas cuantas piezas de mandioca hervida que uno se animó a pedirle a un señor que vivía por ahí.
Una camioneta toda destartalada, con la caja llena de elementos de trabajo (escaleras, mezcladora, etc.) propios de una cuadrilla de albañiles, se ofreció a llevarnos hasta Ituzaingó. El problema era que no cabíamos en la caja, o al menos eso parecía, pero era tal la desesperación por salir de allí que aceptamos sentarnos con las piernas fuera de la cajuela. Además de estar en esa posición un tanto incómoda, resultó que la camioneta no andaba muy bien y los amortiguadores traseros apenas soportaban todo el peso, lo cual hacía un poco peligroso el viaje cuando nos cruzaba algún camión y el conductor se dirigía a la banquina. Finalmente llegamos a Ituzaingó, y allí nos bajamos dos: un joven/señor que vivía en una de las viviendas (bah, en dos, un cuarto era suyo y el otro de su pareja) que había construido la EBY en tiempos de la obra, y yo.
No tenía la menor idea de dónde iría a dormir, pero la persona que se había bajado conmigo me permitió usar su baño, así es que me bañé y luego me fui a conocer la ciudad, dejando para más tarde la preocupación de dónde dormir.
Cuando ya se hizo más tarde me fui a la parroquia local, con la idea de preguntar al cura si tenía algún cuartito donde pudiera alojarme. Por ser viernes santo estaba repleto de gente, pero nunca pude dar con el cura y tampoco me atreví a insistir demasiado. Como es costumbre ahora cada vez que viajo, me fui a la plaza central de la ciudad a esperar que pasara algo. No sólo no pasaba nada, sino que además llovía de vez en cuando, así que la idea de tirar la bolsa en la plaza resultaba impracticable. La otra idea, meterme en un local bailable y amanecer allí, también era un tanto insatisfactoria. Finalmente me cansé de esperar y crucé la calle en dirección a la comisaría que se encuentra frente a la plaza de la ciudad.
Un poco mojado, con una mochila llena de nada realmente útil aparte de la bolsa de dormir, le planteé mi situación a la persona que atendía. Mentí que en la parroquia me habían enviado a preguntar allí, y el policía entre serio y burlista me dijo que esperara, que le preguntaría a un superior.
Me hicieron pasar a la oficina del superior, donde me preguntaron qué hacía de mi vida, que porqué estaba viajando así, etc. Luego, que no era un hotel y que de cualquier manera todos los calabozos estaban ocupados, pero que verían si les sobraba un colchón. Cuando confirmaron que había un colchón que podían tirar en la cocina, el comisario (bueno, no sé si era un comisario, pero era la persona a cargo en ese momento) me dijo que me podía quedar esa noche, pero que tendría que irme temprano antes de que llegara el reemplazo, alrededor de las 6 de la mañana, y que eventualmente tendrían que revisar mi mochila. Dije a todo que sí y me dispuse a pasar la noche en la cocina :)
Al día siguiente me despertaron temprano, me convidaron mate con bizcochitos, no me revisaron nada, y me despedí de ellos camino a la hidroeléctrica. Por el camino, me deshice de una trincheta que se me había ocurrido llevar por seguridad. Pude tomar el primer bus turístico en Yacyretá, y bastante temprano quedé libre para seguir mi camino.
Caminé desde la ciudad hasta el peaje que se encuentra a varios kilómetros de distancia, y comencé a hacer dedo con la idea de llegar a Posadas, la capital de Misiones.
(Continúa aquí).
viernes, enero 27, 2012
lunes, enero 23, 2012
Tercer viaje: 7 días, 4 ciudades
Salida de Resistencia: 17 de enero.
Santiago del Estero: 17 de enero.
San Fernando del Valle de Catamarca: 19 de enero.
San Miguel de Tucumán: 20 de enero.
Quimilí: 22 de enero.
Llegada a Resistencia: 23 de enero.
Ciudades visitadas: Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Quimilí.
Santiago del Estero: 17 de enero.
San Fernando del Valle de Catamarca: 19 de enero.
San Miguel de Tucumán: 20 de enero.
Quimilí: 22 de enero.
Llegada a Resistencia: 23 de enero.
Ciudades visitadas: Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Quimilí.
jueves, enero 12, 2012
Segundo viaje: 4 días, 3 ciudades
Salida de Resistencia: 09 de diciembre.
Crespo: 09 de enero.
Gualeguay: 10 de enero.
Monte Caseros: 10 de enero.
Llegada a Resistencia: 12 de enero.
Ciudades visitadas: Crespo, Gualeguay, Monte Caseros.
Crespo: 09 de enero.
Gualeguay: 10 de enero.
Monte Caseros: 10 de enero.
Llegada a Resistencia: 12 de enero.
Ciudades visitadas: Crespo, Gualeguay, Monte Caseros.
domingo, enero 08, 2012
Primer viaje: 19 días, 8 ciudades
Salida de Resistencia: 20 de diciembre.
Salta: 20 de diciembre.
Tilcara: 21 de diciembre.
Maimará: 21 de diciembre.
San Pedro de Atacama: 22 de diciembre.
Calama: 23 de diciembre.
Arica: 01 de enero.
Tacna: 01 de enero.
Arequipa: 02 de enero.
Salta: 04 de enero.
Llegada a Resistencia: 08 de enero.
Ciudades visitadas: Salta, Tilcara, Maimará, Calama, San Pedro de Atacama, Arica, Tacna, Arequipa.
Salta: 20 de diciembre.
Tilcara: 21 de diciembre.
Maimará: 21 de diciembre.
San Pedro de Atacama: 22 de diciembre.
Calama: 23 de diciembre.
Arica: 01 de enero.
Tacna: 01 de enero.
Arequipa: 02 de enero.
Salta: 04 de enero.
Llegada a Resistencia: 08 de enero.
Ciudades visitadas: Salta, Tilcara, Maimará, Calama, San Pedro de Atacama, Arica, Tacna, Arequipa.
martes, diciembre 20, 2011
Viajando ando
Luego de 800000 vueltas para decidir qué hacer, y aún en la incertidumbre sobre si será posible o no lograrlo, esta tarde saldré de viaje :)
Gracias a la colaboración desinteresada de otro ser humano, consigo un aventón bastante largo hasta la provincia de Salta, luego de allí pasar un día en la ciudad y seguir viaje hacia Jujuy, para finalmente intentar cruzar la cordillera para recibir el año (como ya es costumbre) en otro país.
El mapa de la primera parte del trayecto, si no hay demoras o ganas de quedarse un poco más por el camino, es el siguiente:
Ver 1112 - R01 en un mapa más grande
En realidad hay cosas que dependen de lo que suceda hoy en mi trabajo, ya que tengo que negociar un par de tres días libres ^^, y si no puedo hacerlo tampoco puedo hacer este viaje hoy. Si ocurriera que no hubiera chance de salir, pospongo el viaje por un par de días, o lo descarto para ir hasta otra ciudad (acompañando al mismo amigo interesado en mates), también cerca de Chile. Todo depende del humor conque me levante :P
No es la ruta la que espera, es la gente nueva por conocer, los nuevos amigos por hacer y los ya conocidos que intentan escapar pero no pueden ¡muajajaja!
Gracias a la colaboración desinteresada de otro ser humano, consigo un aventón bastante largo hasta la provincia de Salta, luego de allí pasar un día en la ciudad y seguir viaje hacia Jujuy, para finalmente intentar cruzar la cordillera para recibir el año (como ya es costumbre) en otro país.
El mapa de la primera parte del trayecto, si no hay demoras o ganas de quedarse un poco más por el camino, es el siguiente:
Ver 1112 - R01 en un mapa más grande
En realidad hay cosas que dependen de lo que suceda hoy en mi trabajo, ya que tengo que negociar un par de tres días libres ^^, y si no puedo hacerlo tampoco puedo hacer este viaje hoy. Si ocurriera que no hubiera chance de salir, pospongo el viaje por un par de días, o lo descarto para ir hasta otra ciudad (acompañando al mismo amigo interesado en mates), también cerca de Chile. Todo depende del humor conque me levante :P
No es la ruta la que espera, es la gente nueva por conocer, los nuevos amigos por hacer y los ya conocidos que intentan escapar pero no pueden ¡muajajaja!
viernes, noviembre 04, 2011
lunes, mayo 30, 2011
jueves, mayo 19, 2011
De Serbia a Turquía, en un par de días (II)
¡Adana! la ciudad de los nuevos amigos y una de las mezquitas más bonitas que conozco.
Un par de días antes de salir de Serbia, había dejado en facebook un mensaje un poco ambiguo avisando que iba a necesitar un lugar donde quedarme en Adana, confiando en que mis amigos lo leerían... pero olvidé etiquetarlos :P En resumen, llegué a la estación con la idea de llamarlos pensando que podrían estar advertidos de mi posible visita.
Lo de llamarlos no era porque tuviera teléfono precisamente, sino que tenía un sistema mágico para hacer que ellos me llamaran: un texto copiado en turco pidiendo al que lo leyera que hiciera una llamada perdida y que mi amiga lo llamaría luego :) El tren había llegado con bastante retraso (después de las 22 horas), y costaba un poco acercarse a cualquiera a mostrarle la nota de pedido de auxilio, pero logré dar con un joven que llamó, y luego recibimos la devolución de llamada, con la turca incrédula (repitiendo "i can't believe it") de mi presencia en la ciudad :P
Conocía el camino a la casa de la pareja, y llegué transpirado (casi dos días de viaje) y con hambre, para sorpresa (¿buena? ¿mala? :D) de ellos. Me alimentaron convenientemente y tuve que contarles la historia de mi regreso :)
Existía la posibilidad de salir el día siguiente hacia mi destino final, pero decidí pasar un día con ellos (y cocinarles ;). Encontré una combinación de trenes que no aparecía en los horarios que se consiguen en la estación, y que me llevaba, vía Malatya y en poco menos de un día de viaje, hasta Batman. Pero no me quisieron vender el (los) boleto(s) antes del día de salida.
Fuimos a comer a casa de los padres de ella, y hubo plato típico turco adaptado para vegetarianos :D También un poco de risas (siempre hay risas ;), y cuando el padre de S se enteró del motivo de mi regreso, me aconsejó casarme con la chica por la cual estaba viajando y quedarme en Turquía :P, hasta que se enteró de que ella no era turca. Creo que lo voy a pensar... Al parecer los turcos quieren el mejoramiento/empeoramiento de la raza ^^
Al día siguiente la despedida fue menos emotiva que la primera vez, porque tuve que despertarlos antes de irme. No me reclamaron nada, pero no se veían muy despiertos.
Caminando caminando llegué a la estación, y tuve que hacer cola para comprar el boleto, mientras el tren se llenaba, pero mucho. No me quisieron vender el boleto de la segunda etapa del viaje, entonces tendría que volver a hacer señas para hacerme entender en la estación de Malatya (bah, no es para tanto).
El tren iba lleno, pero bien lleno, aunque después de un tiempo de viaje quedaron algunos asientos libres y pude sentarme y descansar. Un señor que viajaba con dos adolescentes me convidó algo a la hora del almuerzo, pero tuve que ser descortés porque no sabía preguntar si era o no vegetariano, y acabé comiendo lo que traía del día anterior.
Horario de llegada oficial: 17 hs., horario de llegada real: 19 hs. Además, el tren con el que tenía que combinar se retrasaba unas tres horas, así es que me daba tiempo (quizá demasiado), para recorrer la ciudad, y tratar de encontrar algo más para comer... kek! (y alfajores) :D
No hubo mucho más para ver en la ciudad, de hecho parecía que hubieran estado en guerra hasta hace poco por unas obras que se estaban haciendo; volví a la estación y acomodé un poco las mochilas, mientras me aburría como una ostra sin tener nada para leer. También aproveché para hacer uso del baño, ya que el cobrador no se encontraba :P
El tren siguiente llegó con aún más retraso del esperado, pero el vagón que me tocó iba prácticamente vacío, lo que me permitía usar dos asientos para dormir. En el asiento que me tocaba oficialmente alguien se había dejado olvidado un libro de física en turco (bastante gordo), que casi casi me quedo de souvenir, pero que fue rescatado por su dueño, o alguien que decía serlo.
El viaje fue bastante aburrido (pero la recompensa iba a ser grande ;D), tanto que me vi tentado a bajarme del tren y hacer dedo los últimos tramos del camino.
Llegamos con retraso a la ciudad, y comencé a caminar hacia la casa de mi host, guiándome por una foto del plano que ella había hecho, foto tomada a un monitor.
Cuando llegué no había nadie esperando, y como no había casi nadie que hablara inglés, por lo visto no me hacía entender muy bien (es mi culpa no saber suficiente turco, debo decir), pero pronunciando el nombre de mi futura amiga logré que me hicieran esperar dentro y hasta que me convidaran té :) Aún así, nadie subía a avisarle que había llegado, y de vez en cuando me iba afuera a mirar por las ventanas por si descubría su balcón ;P
Mientras tomaba el segundo té, se abrió una de las puertas internas del edificio, y apareció una chica con una estufa de pie, que resultó ser ella :)
Un par de días antes de salir de Serbia, había dejado en facebook un mensaje un poco ambiguo avisando que iba a necesitar un lugar donde quedarme en Adana, confiando en que mis amigos lo leerían... pero olvidé etiquetarlos :P En resumen, llegué a la estación con la idea de llamarlos pensando que podrían estar advertidos de mi posible visita.
Lo de llamarlos no era porque tuviera teléfono precisamente, sino que tenía un sistema mágico para hacer que ellos me llamaran: un texto copiado en turco pidiendo al que lo leyera que hiciera una llamada perdida y que mi amiga lo llamaría luego :) El tren había llegado con bastante retraso (después de las 22 horas), y costaba un poco acercarse a cualquiera a mostrarle la nota de pedido de auxilio, pero logré dar con un joven que llamó, y luego recibimos la devolución de llamada, con la turca incrédula (repitiendo "i can't believe it") de mi presencia en la ciudad :P
Conocía el camino a la casa de la pareja, y llegué transpirado (casi dos días de viaje) y con hambre, para sorpresa (¿buena? ¿mala? :D) de ellos. Me alimentaron convenientemente y tuve que contarles la historia de mi regreso :)
Existía la posibilidad de salir el día siguiente hacia mi destino final, pero decidí pasar un día con ellos (y cocinarles ;). Encontré una combinación de trenes que no aparecía en los horarios que se consiguen en la estación, y que me llevaba, vía Malatya y en poco menos de un día de viaje, hasta Batman. Pero no me quisieron vender el (los) boleto(s) antes del día de salida.
Fuimos a comer a casa de los padres de ella, y hubo plato típico turco adaptado para vegetarianos :D También un poco de risas (siempre hay risas ;), y cuando el padre de S se enteró del motivo de mi regreso, me aconsejó casarme con la chica por la cual estaba viajando y quedarme en Turquía :P, hasta que se enteró de que ella no era turca. Creo que lo voy a pensar... Al parecer los turcos quieren el mejoramiento/empeoramiento de la raza ^^
Al día siguiente la despedida fue menos emotiva que la primera vez, porque tuve que despertarlos antes de irme. No me reclamaron nada, pero no se veían muy despiertos.
Caminando caminando llegué a la estación, y tuve que hacer cola para comprar el boleto, mientras el tren se llenaba, pero mucho. No me quisieron vender el boleto de la segunda etapa del viaje, entonces tendría que volver a hacer señas para hacerme entender en la estación de Malatya (bah, no es para tanto).
El tren iba lleno, pero bien lleno, aunque después de un tiempo de viaje quedaron algunos asientos libres y pude sentarme y descansar. Un señor que viajaba con dos adolescentes me convidó algo a la hora del almuerzo, pero tuve que ser descortés porque no sabía preguntar si era o no vegetariano, y acabé comiendo lo que traía del día anterior.
Horario de llegada oficial: 17 hs., horario de llegada real: 19 hs. Además, el tren con el que tenía que combinar se retrasaba unas tres horas, así es que me daba tiempo (quizá demasiado), para recorrer la ciudad, y tratar de encontrar algo más para comer... kek! (y alfajores) :D
No hubo mucho más para ver en la ciudad, de hecho parecía que hubieran estado en guerra hasta hace poco por unas obras que se estaban haciendo; volví a la estación y acomodé un poco las mochilas, mientras me aburría como una ostra sin tener nada para leer. También aproveché para hacer uso del baño, ya que el cobrador no se encontraba :P
El tren siguiente llegó con aún más retraso del esperado, pero el vagón que me tocó iba prácticamente vacío, lo que me permitía usar dos asientos para dormir. En el asiento que me tocaba oficialmente alguien se había dejado olvidado un libro de física en turco (bastante gordo), que casi casi me quedo de souvenir, pero que fue rescatado por su dueño, o alguien que decía serlo.
El viaje fue bastante aburrido (pero la recompensa iba a ser grande ;D), tanto que me vi tentado a bajarme del tren y hacer dedo los últimos tramos del camino.
Llegamos con retraso a la ciudad, y comencé a caminar hacia la casa de mi host, guiándome por una foto del plano que ella había hecho, foto tomada a un monitor.
Cuando llegué no había nadie esperando, y como no había casi nadie que hablara inglés, por lo visto no me hacía entender muy bien (es mi culpa no saber suficiente turco, debo decir), pero pronunciando el nombre de mi futura amiga logré que me hicieran esperar dentro y hasta que me convidaran té :) Aún así, nadie subía a avisarle que había llegado, y de vez en cuando me iba afuera a mirar por las ventanas por si descubría su balcón ;P
Mientras tomaba el segundo té, se abrió una de las puertas internas del edificio, y apareció una chica con una estufa de pie, que resultó ser ella :)
martes, mayo 03, 2011
Día Mundial de la Libertad de Prensa
En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas a iniciativa de los países miembros de la Unesco, proclama el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, con la idea de "fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática".

Dos caras del periodismo:
Keith Rupert Murdoch (nacido el 11 de marzo de 1931 en Melbourne), es un magnate australiano nacionalizado estadounidense, director y principal accionista de News Corporation (que engloba por ejemplo los periódicos The Sun y The Times o los conglomerados de cadenas vía satélite Fox y Sky), la corporación de medios de comunicación más grande e influyente del mundo. Murdoch destaca por sus tendencias políticas conservadoras.
Julian Paul Assange (Townsville, Queensland, 3 de julio de 1971)1 es un programador, periodista y activista de Internet australiano, conocido por ser editor y el portavoz del sitio web WikiLeaks.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Sitio oficial del DMLP
Fuente: wikipedia
Mapa del ranking de la libertad de prensa (RSF)

Dos caras del periodismo:
Keith Rupert Murdoch (nacido el 11 de marzo de 1931 en Melbourne), es un magnate australiano nacionalizado estadounidense, director y principal accionista de News Corporation (que engloba por ejemplo los periódicos The Sun y The Times o los conglomerados de cadenas vía satélite Fox y Sky), la corporación de medios de comunicación más grande e influyente del mundo. Murdoch destaca por sus tendencias políticas conservadoras.
Julian Paul Assange (Townsville, Queensland, 3 de julio de 1971)1 es un programador, periodista y activista de Internet australiano, conocido por ser editor y el portavoz del sitio web WikiLeaks.Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Sitio oficial del DMLP
Fuente: wikipedia
jueves, abril 28, 2011
De Serbia a Turquía, en un par de días (I)
A dos meses de haberse terminado el último viaje de vacaciones, sin haber escrito ni contado nada más que unos pocos correos a los amigos más cercanos, supongo que es tiempo de traer ciertas cosas a la memoria :) En particular una que tiene un poco de significado, ya que resulta ser el viaje más largo (en tiempo) que he hecho, tiempo medido como tiempo viajando quiero decir.
Originalmente pensaba viajar entre Turquía y Armenia, o entre Turquía e Italia, ambas opciones eran posibles unos días antes de comenzar el viaje. Pero resultó que por diversas razones, habiendo pasado ya un mes desde mi llegada a Estambul, aún seguía "plantado" en Turquía. Diez días de haberme quedado en una única ciudad, y un par de días en la carretera (en los rieles estrictamente hablando :P) y aún seguía por ahí. Decidí escapar del país y visitar a un buen amigo de Serbia, de allí seguir camino a Italia o recorrer Bulgaria y Rumania para regresar a Estambul y tomar un vuelo a Italia.
Estando en Serbia, habiendo pasado un par de días espectaculares en compañía de gente que me agrada, ya otra vez cambié de idea acerca de mi viaje, y por causa de una princesita italiana que se encontraba en el este de Turquía en una ciudad llamada como un super héroe multimillonario, pensé en deshacer mi camino y volver al Kurdistán turco. Costó un poco tomar la decisión, teniendo en cuenta que no eran cien kilómetros nada más, pero convencido por unos serbios, una italiana, y el deseo de enfrentar un nuevo reto, finalmente me decidí a hacerlo. Así, con la excusa de una mujer, comenzó un largo viaje no muy lleno de peripecias :D
En principio el plan era ir en tren desde Serbia hasta Bulgaria, luego bus o tren a Estambul, y de allí un viaje en tren de 36 horas (según los horarios que promocionaba compañía de trenes) hasta mi destino final. Pero los hados del tabaco y del tránsito decidieron otra cosa, de lo cual resultó el viaje que en resumen fue más o menos como sigue.
El primer tren, desde una ciudad de Serbia llamada Niš (léase Nish) hasta Sofía, la capital Búlgara, debía tomar unas cuatro horas aproximadamente, pero para empezar llegó con tres horas de retraso a la estación donde debía tomarlo, y luego por culpa de unos contrabandistas de cigarrillos quedó demorado en la frontera por alrededor de tres horas.
En la cabina donde decidí sentarme para viajar viajaba el "jefe" de la banda de contrabandistas :P, que al final fue descubierto junto a una chica que viajaba con él. Sé que era el jefe (o algo así) porque cuando el tren siguió su camino vino el resto de personas involucradas en el negocio a dejar los atados no incautados en nuestra cabina.
El control policial también decidió revisar mi mochila ¡y preguntarme si transportaba marihuana o cocaína! Pero afortunadamente esta vez no transportaba nada de eso ;P
Con tanto retraso, perdí la oportunidad de tomar los primeros buses hacia Estambul, y con ello de tomar el tren que iba directamente hacia Batman. Tuve que cambiar un poco de dinero para comprar el boleto de bus hacia Estambul, y me quedé sólo con un par de monedas búlgaras, apenas suficientes para ir al baño en caso de extrema necesidad.
De Serbia había salido con una especie de pan dulce (I love Pekara(s)!), un par de sándwiches de queso preparados por el amigo serbio, y cinco mandarinas :D Habiendo comido el desayuno en el tren, tuve que matar casi todos los sándwiches en una parada intermedia en Plovdiv, y me resistí a pagar para ir al baño porque quería conservar las monedas para mi colección :P Cuando quise usar el baño del bus, resultó que lo usaban de depósito ¬¬ Al llegar a la frontera con Estambul paramos en un super centro comercial donde por señas tuve que explicarle al que cobraba la entrada al baño que no tenía nada de dinero, el muchacho se compadeció de mí y usó su tarjeta de empleado para dejarme entrar, para regocijo de mi vejiga. Es que de hecho no tenía nada de dinero turco (las monedas de colección no se tocan ;).
Llegamos a Estambul de noche y un poco lejos del "centro" del lado europeo. Digo llegamos porque veníamos charlando con un esloveno que se iba de viaje a la India. Intentando hacernos entender para llegar desde la mega estación de buses hasta algún lugar cerca de "el centro", y luego de más o menos una hora, logramos conseguir un bus que supuestamente nos dejaba no muy lejos de allí.
Mientras caminábamos hacia la costa, comencé a buscar cajeros donde conseguir dinero para pagar el billete de tren, lo cual se puso un poco desesperante cuando luego de tres intentos fallidos comencé a pensar que chau viaje en tren ese día; al ser de noche no había casas de cambio abiertas, y sólo contaba con mi tarjeta para ese tipo de situaciones. Finalmente, cuando ya pensaba que tendría que dormir en algún embarcadero y esperar al día siguiente o algo, la tarjeta funcionó y pude obtener liras turcas.
Habiendo perdido la oportunidad de tomar el tren directo hacia Batman, quedaba la alternativa de viajar a Adana, donde podría visitar a la pareja de amigos que había hecho allí :), pero el caso es que seguíamos caminando y no llegábamos a ningún puerto, las horas pasaban y también la oportunidad de tomar el tren. Llegamos a Eminonu, pero ya no salían ferries, entonces cruzamos el puente hasta Karakoy donde faltaba muy poco para que saliera el último ferry hacia la estación de trenes. Según el horario que tenía en mi poder, estaba a tiempo para tomar el tren a Adana, bajé medio corriendo del ferry y compré mi primer boleto con descuento para profesores (descuento del 20%, en los otros trenes había pagado tarifa general por no saber pedir el descuento), clase pullman; el tren salió apenas media hora después de mi llegada a la estación :)
Veintitrés horas después de subir a este tren, y a cuarenta y tres horas de haber tomado el primer tren en Serbia, estaba en Adana.
Originalmente pensaba viajar entre Turquía y Armenia, o entre Turquía e Italia, ambas opciones eran posibles unos días antes de comenzar el viaje. Pero resultó que por diversas razones, habiendo pasado ya un mes desde mi llegada a Estambul, aún seguía "plantado" en Turquía. Diez días de haberme quedado en una única ciudad, y un par de días en la carretera (en los rieles estrictamente hablando :P) y aún seguía por ahí. Decidí escapar del país y visitar a un buen amigo de Serbia, de allí seguir camino a Italia o recorrer Bulgaria y Rumania para regresar a Estambul y tomar un vuelo a Italia.
Estando en Serbia, habiendo pasado un par de días espectaculares en compañía de gente que me agrada, ya otra vez cambié de idea acerca de mi viaje, y por causa de una princesita italiana que se encontraba en el este de Turquía en una ciudad llamada como un super héroe multimillonario, pensé en deshacer mi camino y volver al Kurdistán turco. Costó un poco tomar la decisión, teniendo en cuenta que no eran cien kilómetros nada más, pero convencido por unos serbios, una italiana, y el deseo de enfrentar un nuevo reto, finalmente me decidí a hacerlo. Así, con la excusa de una mujer, comenzó un largo viaje no muy lleno de peripecias :D
En principio el plan era ir en tren desde Serbia hasta Bulgaria, luego bus o tren a Estambul, y de allí un viaje en tren de 36 horas (según los horarios que promocionaba compañía de trenes) hasta mi destino final. Pero los hados del tabaco y del tránsito decidieron otra cosa, de lo cual resultó el viaje que en resumen fue más o menos como sigue.
El primer tren, desde una ciudad de Serbia llamada Niš (léase Nish) hasta Sofía, la capital Búlgara, debía tomar unas cuatro horas aproximadamente, pero para empezar llegó con tres horas de retraso a la estación donde debía tomarlo, y luego por culpa de unos contrabandistas de cigarrillos quedó demorado en la frontera por alrededor de tres horas.
En la cabina donde decidí sentarme para viajar viajaba el "jefe" de la banda de contrabandistas :P, que al final fue descubierto junto a una chica que viajaba con él. Sé que era el jefe (o algo así) porque cuando el tren siguió su camino vino el resto de personas involucradas en el negocio a dejar los atados no incautados en nuestra cabina.
El control policial también decidió revisar mi mochila ¡y preguntarme si transportaba marihuana o cocaína! Pero afortunadamente esta vez no transportaba nada de eso ;P
Con tanto retraso, perdí la oportunidad de tomar los primeros buses hacia Estambul, y con ello de tomar el tren que iba directamente hacia Batman. Tuve que cambiar un poco de dinero para comprar el boleto de bus hacia Estambul, y me quedé sólo con un par de monedas búlgaras, apenas suficientes para ir al baño en caso de extrema necesidad.
De Serbia había salido con una especie de pan dulce (I love Pekara(s)!), un par de sándwiches de queso preparados por el amigo serbio, y cinco mandarinas :D Habiendo comido el desayuno en el tren, tuve que matar casi todos los sándwiches en una parada intermedia en Plovdiv, y me resistí a pagar para ir al baño porque quería conservar las monedas para mi colección :P Cuando quise usar el baño del bus, resultó que lo usaban de depósito ¬¬ Al llegar a la frontera con Estambul paramos en un super centro comercial donde por señas tuve que explicarle al que cobraba la entrada al baño que no tenía nada de dinero, el muchacho se compadeció de mí y usó su tarjeta de empleado para dejarme entrar, para regocijo de mi vejiga. Es que de hecho no tenía nada de dinero turco (las monedas de colección no se tocan ;).
Llegamos a Estambul de noche y un poco lejos del "centro" del lado europeo. Digo llegamos porque veníamos charlando con un esloveno que se iba de viaje a la India. Intentando hacernos entender para llegar desde la mega estación de buses hasta algún lugar cerca de "el centro", y luego de más o menos una hora, logramos conseguir un bus que supuestamente nos dejaba no muy lejos de allí.
Mientras caminábamos hacia la costa, comencé a buscar cajeros donde conseguir dinero para pagar el billete de tren, lo cual se puso un poco desesperante cuando luego de tres intentos fallidos comencé a pensar que chau viaje en tren ese día; al ser de noche no había casas de cambio abiertas, y sólo contaba con mi tarjeta para ese tipo de situaciones. Finalmente, cuando ya pensaba que tendría que dormir en algún embarcadero y esperar al día siguiente o algo, la tarjeta funcionó y pude obtener liras turcas.
Habiendo perdido la oportunidad de tomar el tren directo hacia Batman, quedaba la alternativa de viajar a Adana, donde podría visitar a la pareja de amigos que había hecho allí :), pero el caso es que seguíamos caminando y no llegábamos a ningún puerto, las horas pasaban y también la oportunidad de tomar el tren. Llegamos a Eminonu, pero ya no salían ferries, entonces cruzamos el puente hasta Karakoy donde faltaba muy poco para que saliera el último ferry hacia la estación de trenes. Según el horario que tenía en mi poder, estaba a tiempo para tomar el tren a Adana, bajé medio corriendo del ferry y compré mi primer boleto con descuento para profesores (descuento del 20%, en los otros trenes había pagado tarifa general por no saber pedir el descuento), clase pullman; el tren salió apenas media hora después de mi llegada a la estación :)
Veintitrés horas después de subir a este tren, y a cuarenta y tres horas de haber tomado el primer tren en Serbia, estaba en Adana.
jueves, diciembre 23, 2010
Viajando ando
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En este momento estoy abordando el primer avión del viaje ;)
sábado, diciembre 11, 2010
Destino Resistencia
Hora de llegada a la ruta: 19.00 hs.
Hora de llegada a El Galpón (primer día): 20.45 hs.
Tiempo empleado: 1 hora 45 minutos
Hora de llegada a Resistencia: 19.15 hs.
Tiempo total empleado: 24 horas 15 minutos
Preferí salir de Salta por la tarde, para comenzar el viaje temprano desde fuera de la ciudad, y evitar un poco el sol.
Primer tramo: una camioneta de un grupo folklórico, pero viajaba solamente el conductor. Me deja en el cruce de rutas, donde parecía que iba a comenzar a llover. Para una pequeña camioneta que ofrece llevarme hasta El Galpón. Generalmente no acepto hasta esa localidad porque luego es difícil salir, pero se me ocurre que quizá tenga suerte... mala idea: al llegar al pueblo comienza a llover un poco, y al haberme dejado en la primera entrada debo caminar hasta la última. Durante el trayecto hasta esa salida de la ciudad, comienza a llover muy fuerte, caen rayos a tutiplén, al punto que uno cae tan cerca que me ciega y debo taparme los oídos :( Como no parece que vaya a amainar, intento encontrar un lugar donde guarecerme, me dejan entrar en un taller cuando ya había comenzado a caer granizo y llovía torrencialmente. Luego me dicen que no puedo pasar la noche allí, así que lo hago en la estación terminal, donde hay mosquitos, gente que pasa camino a una fiesta, corte de luz general en la ciudad, policías que me cuidan un rato, y así hasta las 5.30 de la mañana cuando vuelvo a la ruta.
Comienza el segundo día, rodeado de moscas ¬¬ pero no por causa de mi suciedad (creo), sino por el pasto y cosas así.
Cuando se detiene el primer vehículo pierdo la camisa usada el día anterior, que había puesto a secar sobre la mochila. El primer camionero tampoco me deja en la ciudad donde generalmente comienza la segunda etapa de todo viaje de regreso desde el NOA (J.V.G.), pero el siguiente vehículo me deja allí.
Desde J.V.G. hasta El Quebrachal viajo dentro de una cajuela cerrada en la parte trasera de una camioneta de Telecom, como si fuera un sauna.
Desd El Quebrachal hasta Río Muerto, un conductor que no tiene muchas ganas de hablar, hasta que paramos en una estación de servicio a mitad del camino y comienzan los mates. Durante los mates ya charlamos un poco, mientras compartimos un sándwich de queso.
En Río Muerto (control policial de frontera), ya están nuevamente de turno los policías que nos convidaron sandía en el viaje anterior, quienes me interrogan con premeditación y alevosía acerca del viaje con mi compañera del viaje anterior. Hablamos de viajes, de motos, de mujeres, de bueyes perdidos. Durante la larga espera, ¡me convidan helado! :D De ida fue sandía, y al regreso helado ¡¡yipi!! Es la primera vez este año que me invitan helado en Argentina :P
Un camionero confía en la palabra del policía y decide llevarme la mitad del camino restante, pero como durante el trayecto nos hacemos buena compañía, de a poco se va acercando más y más a Resistencia, hasta que al final decide llegar hasta la ciudad, terminando así mi viaje.
Hora de llegada a El Galpón (primer día): 20.45 hs.
Tiempo empleado: 1 hora 45 minutos
Hora de llegada a Resistencia: 19.15 hs.
Tiempo total empleado: 24 horas 15 minutos
Preferí salir de Salta por la tarde, para comenzar el viaje temprano desde fuera de la ciudad, y evitar un poco el sol.
Primer tramo: una camioneta de un grupo folklórico, pero viajaba solamente el conductor. Me deja en el cruce de rutas, donde parecía que iba a comenzar a llover. Para una pequeña camioneta que ofrece llevarme hasta El Galpón. Generalmente no acepto hasta esa localidad porque luego es difícil salir, pero se me ocurre que quizá tenga suerte... mala idea: al llegar al pueblo comienza a llover un poco, y al haberme dejado en la primera entrada debo caminar hasta la última. Durante el trayecto hasta esa salida de la ciudad, comienza a llover muy fuerte, caen rayos a tutiplén, al punto que uno cae tan cerca que me ciega y debo taparme los oídos :( Como no parece que vaya a amainar, intento encontrar un lugar donde guarecerme, me dejan entrar en un taller cuando ya había comenzado a caer granizo y llovía torrencialmente. Luego me dicen que no puedo pasar la noche allí, así que lo hago en la estación terminal, donde hay mosquitos, gente que pasa camino a una fiesta, corte de luz general en la ciudad, policías que me cuidan un rato, y así hasta las 5.30 de la mañana cuando vuelvo a la ruta.
Comienza el segundo día, rodeado de moscas ¬¬ pero no por causa de mi suciedad (creo), sino por el pasto y cosas así.
Cuando se detiene el primer vehículo pierdo la camisa usada el día anterior, que había puesto a secar sobre la mochila. El primer camionero tampoco me deja en la ciudad donde generalmente comienza la segunda etapa de todo viaje de regreso desde el NOA (J.V.G.), pero el siguiente vehículo me deja allí.
Desde J.V.G. hasta El Quebrachal viajo dentro de una cajuela cerrada en la parte trasera de una camioneta de Telecom, como si fuera un sauna.
Desd El Quebrachal hasta Río Muerto, un conductor que no tiene muchas ganas de hablar, hasta que paramos en una estación de servicio a mitad del camino y comienzan los mates. Durante los mates ya charlamos un poco, mientras compartimos un sándwich de queso.
En Río Muerto (control policial de frontera), ya están nuevamente de turno los policías que nos convidaron sandía en el viaje anterior, quienes me interrogan con premeditación y alevosía acerca del viaje con mi compañera del viaje anterior. Hablamos de viajes, de motos, de mujeres, de bueyes perdidos. Durante la larga espera, ¡me convidan helado! :D De ida fue sandía, y al regreso helado ¡¡yipi!! Es la primera vez este año que me invitan helado en Argentina :P
Un camionero confía en la palabra del policía y decide llevarme la mitad del camino restante, pero como durante el trayecto nos hacemos buena compañía, de a poco se va acercando más y más a Resistencia, hasta que al final decide llegar hasta la ciudad, terminando así mi viaje.
miércoles, diciembre 08, 2010
Destino Salta
Hora de llegada a la ruta: 07.30 hs.
Hora de llegada a Salta: 21.15 hs.
Tiempo total empleado: 13 horas 45 minutos
Tiempo usual en colectivo: 12 horas 15 minutos
Vehículos y trayectos:
Primer viaje a dedo en compañía de una mujer dentro de Argentina, y primera vez que llego a Salta en el día.
Mayor espera en control policial de Río Muerto (unas tres horas), lugar donde los policías nos convidaron sandía :)
Hora de llegada a Salta: 21.15 hs.
Tiempo total empleado: 13 horas 45 minutos
Tiempo usual en colectivo: 12 horas 15 minutos
Vehículos y trayectos:
- Camioneta // Resistencia - Quitilipi // 144 km
- Camioneta // Quitilipi - Saenz Peña // 30 km
- Camioneta // Saenz Peña - Cruce RN16 RN89 // 42 km
- Camioneta // Cruce RN16 RN89 - Pampa del Infierno // 52 km
- Camioneta // Pampa del Infierno - Río Muerto // 54 km
- Camioneta // Río Muerto - Salta // 517 km
Primer viaje a dedo en compañía de una mujer dentro de Argentina, y primera vez que llego a Salta en el día.
Mayor espera en control policial de Río Muerto (unas tres horas), lugar donde los policías nos convidaron sandía :)
