Dear Y,
Hace ya mucho tiempo que no sé nada de ti, ni de tus aventuras y desventuras, entonces decidí escribirte un mensaje que no sé si será corto o largo, entretenido o aburrido, o si llegará o no a tus manos.
Creo que en tu último mensaje me contabas que finalmente te mudabas, que te ibas de esa ciudad que ya no soportabas ni te soportaba, y que pensabas establecerte más al norte, lejos de tanta civilización pedante y un poco más cerca de la naturaleza y lo salvaje. Supongo que, dado el tiempo que ha pasado, ya te has mudado y establecido allí, muy probablemente no has hecho nuevos amigos, sabiendo de tu descreimiento de la amistad a primera vista, y de la raza humana en general. Pero si lograste hacer amigos, quisiera poder decir que me alegro por ti, pero no me gusta mucho mentir... no diré nada.
Aquí las cosas no van tan bien, desde que el gato se escapó las noches son un poco más frías, y desde que el invierno llegó se han vuelto heladas para variar. El maldito gato me hacía sentir un poco menos solo desde que te fuiste, pero además de eso debo confesar que sentía un poco de cariño por el animalito. Y sí, lo llamo maldito, porque eso de partir sin avisar no se hace.
El gato... ese gato que tú me regalaste en mi último cumpleaños, un gato callejero cualquiera que encontraste y decidiste disfrazar del regalo que olvidaste comprar. Era bonito el pequeñín, luego creció tanto que ya daba un poco de miedo intentar acariciarlo; no sé si lo arisco se le pegó de mí o de ti, pero las heridas me las dejó a mí. Las heridas en la piel, y en el corazón cuando partió.
Pero no sé para qué sigo hablando de él, cuando en realidad quiero saber sobre tu vida, tus andares. Me niego a aceptar que tu último correo diciendo que preferías despedirte del mundo también me incluyera en la definición de ese "mundo", no pienso aceptarlo. Tantos momentos juntos, tantas intimidades que fueron intimidad, para que luego todo acabe así sin más, porque tú quieres ser otra persona. Todo acabando así, con una huida, como si fueras nuestro gato, el maldito-bendito-traicionero gato.
Quizá él comprendió, como tú, que no valía la pena perder el tiempo conmigo, y por eso huyó, como tú.
Tus explicaciones, tus vueltas y más vueltas, siguen pareciendo excusas y mentiras por no atreverte a decir que me detestas, que lo que hacías no era más que soportarme, esperando algo, quizá que me volviera humano, sensible, algo. Al final no tuviste el coraje de decirme acerca de tu repulsión, pero si tuviste el coraje (¿es que se puede llamar coraje?) de huir, de alejarte, de poner tanta distancia entre ambos. Por un lado lo lamento, pero por el otro me siento bien. Supongo que la parte de lamentarlo es lo que nos diferencia.
Cuando recibí ese demoledor mensaje, donde no decías nada pero lo decías todo, pensé en matarme. ¿Para qué vivir en un mundo sin afecto? ¿para qué vivir en un perpetuo sufrimiento donde los que quieres te detestan y los que no quieres te odian? Al final, pudo más mi natural pereza y desencanto de las cosas, y lo dejé pasar, era muy complicado pensar en las diferentes maneras de matarse, y en dejar las cosas un poco organizadas para no quitarle tiempo a los que tendrían que cargar con el papeleo y todas esas burocracias.
Obviamente todo ha terminado entre nosotros, ya no habrá más besos, más caricias, mas gestos de cariño fingidos o no. Sin embargo, me preocupa no saber de ti, porque a pesar de todo algo de persona sigue habiendo en mí. Todo ha terminado porque tú lo decidiste así, y respeto tu decisión.
Sin gato la casa no es la misma, sin ti esta vida no es la misma. He decidido entonces cambiar de vida, espero que para bien, supongo que lo descubriré sobre la marcha. Me voy a vivir con Renato, el peluquero.
Sí, Renato, sí, el peluquero que no te caía bien, porque él me entiende. Porque él me da algo que tú nunca podrás darme.
Mañana nos mudamos juntos, muy ilusionados. Tus cosas no las voy a tirar, las donaré a la beneficencia, a no ser que contestes antes pidiendo por ellas.
Me voy ahora, Renato me llama. Chau Y, dondequiera que estés, espero que se te pegue alguna peste incurable.
0 comentarios:
Publicar un comentario