viernes, junio 26, 2026

Es la muerte, que me alcanza

 Uno, de joven, se piensa eterno. Pero, lamentablemente, al ir envejeciendo, y ante las pruebas repetidas de ese envejecimiento, también.

Es como que no alcanza realmente el tiempo para lo que uno siente, o sabe, o presiente, que DEBE hacer. 
Por ejemplo leer más. Por ejemplo preocuparse menos. Por ejemplo cuidar más el cuerpo, las comidas, los pensamientos.

Me pasa a veces que no tengo tantas ganas de seguir una vida que me fue impuesta, pero a su vez quiero que las cosas mejoren. Y empiezo algo, alguna pequeñez, que en teoría mejora la vida actual. Pero un inesperado se presenta, y jode todo el plan. Y las ganas.

Por ejemplo, un viaje donde caminé más de 10 kilómetros por día en promedio, y al regresar me encuentra con una lesión en el pie, que en realidad es producto de una lesión en la pierna los últimos días del viaje. Luego de terapia, ejercicios, que parecían no llegar a nada, un nuevo indicio de otro nuevo problema, sin que el previo haya quedado del todo solucionado aún.

Yo no sé qué es. No entiendo, más allá del "todo es ilusorio" o "todo es sufrimiento" o "todo produce insatisfacción". Porque podría adoptar esa premisa de vida, pero eso no cambia nada lo que aparece porque sí. 

"Si no caminabas tanto no hubiera ocurrido eso". Pero, ¿es eso cierto? no lo puedo saber. "Si X entonces Y". Pero nadie sabe.

¿Qué debería hacer entonces? ¿Desistir? ¿Persistir a pesar de todo? De qué sirve la disciplina si algo que supuestamente era para bien, tiene una inesperada ramificación hacia peor. Cansa.

Quizá ya se me escapa lo bello, pequeño o grande, del mundo. Pero la vida debe seguir. Debe. Con qué objeto, no lo sé bien, pero uno se aferra a lo que tiene, con sus cosas malas y cosas buenas. Hay gente que la tiene muchísimo peor, y se aferra. ¿Por qué?