
Qiang, un niño rebelde de 4 años, es matriculado en una estancia residencial. Al principio, la decisión sugiere la apertura a una nueva experiencia que enriquecerá la vida del menor: alegres juegos, múltiples compañeritos y actividades significativas con las que pretenden formar buenos ciudadanos. Todo parece muy cotidiano hasta que Qiang emprende una labor de convencimiento para que sus compañeros crean que la señorita Li es un monstruo que come niños. Gracias a su carisma, el pequeño consigue sus propósitos y con ello, trastornar las reglas impuestas por los adultos. Para él, aprender a ser disciplinado resulta un problema.
El pequeño no entiende porqué debe ajustarse a las reglas del mundo adultos.
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