Ir a Rusia es para Peppone como ir al paraíso, y un viaje con sus compañeros comunistas puede mostrarle las maravillas de las que disfruta el proletariado. Para don Camilo es diferente, aquello es muy parecido al infierno. Pero por salvar almas, y llevar la contraria a Peppone, hasta está dispuesto a vestirse de paisano y hacerse pasar por miembro del partido. Ambos aprenderán que hay cosas que se pueden mejorar en Rusia, y que en todas partes hay gente buena.
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