Cualquiera puede vender mientras tenga algo para ofrecer: celulares, motos, computadoras, libros. Pero no cualquiera compra según qué cosas, y según qué cosas es lo que a veces puedes esperar del comprador.
Hace un par de años, cuando conocí a Noah y Leigh, me contaban de su "problema" con el tema de la puntualidad y el cumplimiento responsable de compromisos previos por parte de la gente local involucrada en las actividades que desarrollaban, también me lo comentó otro americano que estaba trabajando en Paraguay. Básicamente, lo que me contaban era que era difícil organizar y mantener en funcionamiento algo si tenían que depender de los locales, porque estos no cumplían lo acordado (en lo relativo a citas convenidas y tiempos), contando casi siempre con alguna excusa para justificarse. En ese momento salí en defensa de la idiosincrasia norteña, diciendo que ellos esperaban un comportamiento cultural impropio, y que debían adaptarse al comportamiento local. Ahora cambié un poco de idea.
Generalmente no trato con mucha gente, en parte por opción; evito también las reuniones o encuentros sociales, a los que no les veo demasiado significado. Soy lo que algunos llamarían inadaptado social, y no me siento mal por ello. De allí se desprende que no conozco cómo se maneja la gente "normal" local, más aún teniendo en cuenta que mis amigos andan dispersos por el mundo, y los que no tampoco es que sean ciudadanos típicos.
En los últimos días estuve vendiendo o intentando vender algunos de mis pocos libros en un grupo local de compra/venta, pero no me limité sólo a libros sino que decidí despojarme de algunas cosas que sobran en mi casa (las arañas no sobran, forman parte de mi plan para el futuro ;P). Por causa de esto, tuve que tratar con personas que normalmente no hubiera elegido tratar... y descubrir que mis amigos de Salta tenían algo de razón :-/
Luego de haber estado en contacto, en mi vida cotidiana, con gente que cumple con los horarios convenidos, tener que aguantar los quesíquenó de gente que no tiene claro lo que quiere, o no piensa en los tiempos ajenos. Gente que podríamos llamar irresponsable, pero que aparentemente no se ven así porque su modo de comportamiento parece es el normal, o es aceptado como lo normal.
A partir de esto, me dieron más ganas de permanecer en mi aislamiento, en mi cueva con una ventana al mundo y a mis amigos a distancia. Me parece una postura quizá un poco antipática, pero útil al fin.
Hay, sin embargo, un detalle probablemente obvio: los compradores de libros se comportan de una manera más responsable que los compradores de otras cosas, pareciera entonces que el tema del incumplimiento no es sólo una cuestión social, sino también cultural.
Hace bastantes años atrás compraba libros... luego fui regalando bastantes de los que tenía leídos hasta que mi biblioteca personal quedó bastante reducida, constituida al final sólo por libros que no había leído o que me gustaron tanto que prefería mantenerlos conmigo, para alguna relectura futura.
A principios de este año comencé a leer en Estambul un libro que me gustó mucho, pero que no acabé de leer; al regresar a Argentina vi que costaba demasiado y que no existía su versión digital, hasta que un día lo encontré usado en Internet y lo compré junto con otros, ¡volví a comprar libros en cantidad luego de varios años sin hacerlo!
Más o menos al mismo tiempo que leía estos libros, comencé a tener problemas de vista al intentar leer mucho en el monitor, problemas que no existían al leer en papel. Por ello, por haber conseguido ese libro y comprobado que tendré que volver a leer en papel por un tiempo (¿o para siempre?), decidí desprenderme de los libros que mantenía por puro fetichismo en mi biblioteca. No de todos, pero de aquellos que ya he leído, o que sé no leeré. Alguien más podrá aprovecharlos, y podré reinvertir ese dinero en más libros ;) Y eso, vender libros y contar más o menos acerca de su contenido, me gustó.
Puede que haya encontrado, o en realidad redescubierto, una actividad que me gustaría realizar como trabajo... el problema es que hoy en día, en estos tiempos de consumo cultural y del otro, es muy difícil tener una librería pequeña, íntima, o al menos eso es lo que parece.
Es divertido como cosas que comienzan como una simple distracción, nos hacen rever nuestros planes y nuestros sueños. Vivir es divertido :)
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