Qué hacer con la memoria, que poco a poco te olvida, y uno no recuerda si recuerda el recuerdo o la persona. Dónde guardar los momentos que uno piensa dulces, pero que ya casi se desvanecen en el cruel paso del tiempo, sin piedad, sin descanso.
La duda, si dejarte ir o buscarte, si guardarte como algo bello y luego seguir adelante, o insistir en detenerse, en contemplar lo que fue, eternamente. O quizá olvidar, olvidar, pensar que no ha sido, que sólo pena viene de la memoria y del recuerdo.
Nadie es dueño de tu destino, de tu vida, nadie es dueño de la mía. Cada uno decide lo que quiere, lo que desea, lo que busca. ¿Pero es lícito? ¿es justo interrumpir tus sentimientos, pensamientos, acciones? ¿Acaso no es eso lo que hacemos siempre, en cada relación? No, no es lo mismo, lamentablemente no es lo mismo.
Al final, y como siempre, será un recuerdo de algo que ni siquiera ha sido. Al final, tristemente, se diluirá en el tiempo tu mirada, tus palabras, tu presencia. Al final, más allá de toda duda, nada quedará; nada permanece.
Otra vez la tristeza empañará mis días, pero ni siquiera eso será duradero, aprenderé a seguir adelante, a continuar esta infructuosa vida, sin más compañía que los negros pensamientos, y los vacíos sentimientos. Sentimientos que no tienen sentido, que vuelven sobre sí mismos, que ni siquiera sirven para complacerse en ellos.
No habrá lágrimas, nunca las hubo; el llanto también puede ser silencioso, y la pena sin llanto es discreta.
Continuar, persistir, un camino inútil el de la existencia, hasta que se pueda vislumbrar un sentido en todo esto. Nadie sabe con certeza si existe, o no se sabe de nadie que pueda probar la existencia de un sentido. O la existencia de la existencia misma.
Supongo que ese es el camino entonces, olvidar. Un camino que no requiere esfuerzos, un camino que se da naturalmente por el sólo hecho de ser humano, imperfecto, ordinario, mediocre.
Olvidar, ¿olvidar qué? Ni siquiera sé qué debo olvidar, porque ni siquiera sé qué es lo que recuerdo. La memoria es ingrata.
No reiremos al leer esto dentro de unos años, quizá ni siquiera estemos dentro de unos años. Vivir, a veces, puede ser doloroso. Vivir sin amar, sin ser amado, lo es siempre.
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